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Videos gatos

Reconozco que no me disgustan, aunque tanta profusión a través de las redes me empalaga. Hablo de los vídeos de gatos en mil y una posiciones y circunstancias que nos demuestran que son muy inteligentes, a la vez que patosos o temerarios.

Sea como fuere, el caso es, como digo, que proliferan. Pero como los fenómenos virales en redes son una incógnita para mí, siempre me quedaba la duda del porqué de tanto éxito, porque si nos ponemos a mirar, amantes, lo que se dice amantes de las mascotas no hay tantos. View full article »

sexo y felicidad

Foto de Ferran Jordà

De adolescentes -y a veces de no tan adolescentes- medimos las cosas por la cantidad y no por la calidad. Tener más o hacer más es la guía. Pero después, cuando vamos atesorando experiencias, nos damos cuenta de que ‘más’ no siempre es equivalente a ‘mejor’. Y en lo tocante al sexo, la afirmación parece una de esas verdades que se consideran inmutables.

Los amantes del cálculo de probabilidades seguro que contradicen esta afirmación, por aquello de que cuantos más boletos tengas en la rifa, aumentan las posibilidades de alcanzar el premio. Así que, teniendo en cuenta ambas afirmaciones, un grupo de científicos se adentró en las procelosas aguas del sexo y de las relaciones de pareja para comprobar si aumentar las relaciones sexuales en una pareja aumenta los niveles de felicidad. View full article »

smile-face-wallpaper

Ya sabemos que la inteligencia y coeficiente intelectual (CI) no resultan exactamente sinónimos, al menos si tomamos como referencia el éxito o el reconocimiento alcanzados por utilizar esa capacidad de más a la hora de desarrollarnos como seres humanos. De hecho, los llamados superdotados no siempre acaban trabajando en áreas donde pueden utilizar en toda su amplitud su mejor coeficiente.

Existen demasiados estudios y preocupación en la comunidad escolar que muestran que, a la postre, esos niños mejor dotados, si no cuentan con la atención adecuada, fracasan en sus estudios porque no se adaptan a la ‘medianía’ reinante en las aulas, se aburren y acaban por aislarse. View full article »

Susana

En varias ocasiones, la ciencia se ha detenido a estudiar si nuestra ideología política tenía algún efecto sobre nuestra felicidad, ese estado de bienestar que todos buscamos alcanzar. Sin embargo estos exámenes se realizaron utilizando técnicas de autoevaluación; es decir, con un carácter eminentemente subjetivoAArenas. Según aquellos, los políticos conservadores se consideraban mucho más felices que los progresistas.

Y como la tecnología cada día proporciona mejores herramientas para acometer cualquier ensayo, un grupo de investigadores de la Universidad de California en Irvine (UCI) se ha lanzado a analizar los comportamientos de los políticos estadounidenses para concluir que los de izquierdas son más felices que los de derechas.
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emociones rostro

Formalmente, hemos convenido en dividir nuestras emociones en seis categorías: felicidad, tristeza, sorpresa, miedo y asco o repulsión. Como la mayoría de las clasificaciones humanas, no deja de ser una simplificación, pero que nos sirve para, a partir de ella, seguir sumando. Porque seguro que a ustedes se le ocurren matices sobre esa división —digamos que clásica— que en su día formuló Charles Darwin y que resulta aplicable a la mayoría de los mamíferos. Sí, el mismísimo Darwin, que además de volver loco a alguno con su teoría de la evolución, se trata de un reputado científico que se dedicó a otros menesteres.

Pero volvamos a las emociones. Ya han tenido tiempo suficiente para añadir a la lista unas cuantas más que se expresan con la mezcla de una o de varias de las básicas. Continuemos con el acertijo. Si pretendemos focalizar las seis —o las que quieran— en una parte de nuestro cuerpo, ¿con qué parte se quedan? View full article »

trabajo y felicidad 

Cuando me planto ante la televisión —cada vez menos— y me toca la suerte de escuchar a los ministros de Economía de turno o líderes de las organizaciones empresariales hablando de la crisis económica, más temprano que tarde acaban diciendo aquello de que “hay que aumentar la productividad” para salir del bache. Y claro, me echo a temblar porque eso significa casi siempre cuadrar balances a costa de reducir salarios.

Ahora bien, nunca se habla de las otras variables que influyen en que los asalariados sean más productivos, es decir, contribuyan de manera más decidida a arrimar el hombro para superar la cuesta arriba. Y dentro de ellas, permítanme que me quede con una: la relación entre la felicidad del individuo y el rendimiento laboral. Y me quedo con esta porque además de por sentido común se ha demostrado científicamente: las personas más felices son un 12% más productivas que las que no lo son o acuden a su puesto de trabajo en medio de temores. View full article »

 dinerito

El trabajo de los economistas, seguramente junto al de políticos, debe de considerarse como uno de los peor evaluados en el planeta. Obviemos el de los segundos, seguro que le asaltan a la mente multitud de argumentos que justifiquen la estulticia reinante en este gremio. Yo particularmente me quedo con esta máxima de Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Despejada esta incógnita, concentrémonos en los primeros. El común de los mortales ha determinado que, cuando menos, son especialistas en pronosticar el pasado, pero incapaces de intuir el presente y por supuesto anticiparse al futuro. A las pruebas nos remitimos: inmersos en plena crisis, abundan los trabajos que explican los porqués del desastre pero ninguno fue capaz de vaticinar hacia dónde nos dirigíamos.  View full article »

temptation

La vida del hombre moderno —y la del que no lo es tanto– se ha convertido en una larga carrera de obstáculos para vencer las tentaciones. Apenas nos levantamos, nos enfrentamos a una larga lista de prohibiciones: que si no hay que abusar de la cafeína matutina y eso que el segundo café se paladea mejor que el primero; por supuesto, nada de grasas saturadas en forma de deliciosos pastelillos; que lo del tabaco ni pensárselo… Y eso sin poner un pie en la calle y sin asomarnos más que de soslayo al espejo del baño.

Según avanza el día y aumenta el número de situaciones a las que hay que decir un NO con mayúsculas, uno no deja de preguntarse para qué tanta prevención, tantos malos ratos renegando de todo lo que nos gusta o nos apetece y tanto autocontrol. Bueno, pues allá va un argumento para esos momentos de flaqueza: apartarse de las tentaciones, a largo plazo, nos va proporcionar mayor felicidad que si nos dejamos vencer por ellas. View full article »

Parece ser que el lema “lejos de nosotros la peligrosa tentación de pensar” fue pronunciado en diversas ocasiones por numerosas autoridades académicas españolas cuando comparecían ante los poderosos (desde Felipe II a Fernando VII). En los tiempos en que ir contra el dogma solía costarle a uno la vida, indudablemente tal lema resultaba adaptativo.

Sin embargo, resulta inconcebible que las personas se alejen de la “peligrosa tentación de pensar” sin que nadie se lo imponga por la fuerza. Sorprendentemente, más de la mitad de los norteamericanos cree que Dios comenzó la creación al atardecer del sábado 22 de octubre del año 4004 a. C. del calendario Juliano.  View full article »

Foto de Carmen Romero

Esta semana hubo eclipse total y la Luna se quedó en el lado de la sombra. Todos los seres vivos compiten en algún momento de su vida por bienes como el alimento o la pareja. Así, por ejemplo, el pollo más débil de la paloma es desplazado por el corpulento hermanastro, hijo del cuco… O el cochinillo que no encuentra su sitio, su teta para mamar… se debilita, languidece y muere.

Todos competimos y el macho de pavo real se adorna de exóticas plumas para asegurarse noviazgo y descendencia, que en el fondo es de lo que va la cosa. Son nuestros genes los que egoístamente mandan. Cualquiera de los profesores que escriben en Más que Ciencia podrían daros (os han dado ya) magistrales pistas de por dónde va la evolución.

Pero algunos seres, como las hormigas y las personas, también conocen el significado de cooperar. De ceder parte para tener un todo colectivo. De saber en cierto modo perder. Nosotros los humanos, tan avanzados tecnológicamente pero tan retrasados en lo intelectual y filosófico, aun debemos recurrir a mentes brillantes y míticas como la de Lao Tse para encontrar explicaciones.

 

Dice Lao Tse que si cedes vencerás, que solo el agua se infiltra entre la roca y que si amas la vida demasiado la perderás. O sea, que eso de no aceptar una derrota ni al parchís es erróneo, conduce a la fatiga y acaba por generar malos quereres. Por el contrario, siendo más suave en las formas y firme en los contenidos, aceptando derrotas parciales y dando algo a cambio también, no solo esperando recibir, se podrá llegar a una verdadera meta. Solo tiene que importar de verdad. Si es así se insiste, y se acaba consiguiendo el objetivo.

La salud de la Humanidad podría mejorar de un modo tangible, directo, definitivo, si las nuevas generaciones twitterizadas asumieran que la competición no es la vía. El camino es la cooperación. Cedes y recibes. Esperas y vences. Esa es la clave de una felicidad personal (que redunda en la salud) y de una felicidad social (que permite la vida). Si me preguntaran por mi personal interpretación del movimiento 15-M, yo diría que, en síntesis, los miles de jóvenes acampados en Sol pedían un cambio de paradigma: desde la competición a la cooperación. Una utopía necesaria.

Un modelo social basado en la cooperación no permitiría la sobremortalidad de los homeless o, simplemente, el paro. No permitiría que enfermedades prevenibles con vacunas que cuestan menos de un euro matasen a miles de niños.

Esta semana hubo eclipse lunar, solo le llegó la luz cinérea, esa luz mortecina que procede de la propia Tierra e ilumina el rostro lunar, con desgana y desacierto, dejándole color de galleta María. Sin duda volverá el Sol a las rocas y los riscos de una especie de planeta solitario que, sin querer, se quedó atrapado en una órbita baja, describiendo círculos perfectos. Solo hay que esperar.

Juan Martínez