Categoria: Hijas de Hipatia


Seguramente no podríamos concebir una película ambientada en Nueva York sin ver esas estructuras metálicas —por donde transcurren una veces persecuciones y otras romances— colgadas de las fachadas traseras de los edificios de la gran manzana: las escaleras de incendios.

Estas plataformas horizontales, normalmente una por planta y de acero, conectadas por escaleras, con un suelo de rejilla —básicamente para evitar que la acumulación de hojas, barro, nieve o hielo obstaculicen su función— y a la que se accede por una ventana son un tipo especial de salida de emergencia. Una vía de escape para sus moradores ante un incendio u otro tipo de desastre que afecte al inmueble. Y lógicamente, también una vía de acceso para los cuerpos de seguridad. View full article »

En la Edad Media, una de las pocas actividades relacionadas con la Ciencia permitidas a la mujer era adoptar un papel secundario en la Medicina, concretamente en los cuidados de los bebés y asistencia en los partos. Pocas se aventuraban en otras ramas de esta disciplina y, por supuesto, muy pocas pasaron por las facultades de Medicina.

En ese periodo tan oscuro, resalta la actividad de las Damas de Salerno, un grupo de mujeres que se atrevieron a ingresar en la Escuela Médica Salermitana. De ellas, destaca Trótula di Ruggiero (1090-1160), que además de estudiante llegó a ser profesora en este centro. La Escuela es considerada como el primer centro médico sin conexión con la Iglesia (no estaba dirigida por religiosos, estaba abierta a árabes y judíos y  fue pionera en la admisión de mujeres en sus aulas) y para algunos, como la primera universidad de Europa.

De origen adinerado, pocos datos han trascendido de la vida de Trótula. Se sabe que manifestó desde joven su vocación por la práctica médica e ingresó en la Escuela, donde se llegó a convertir en una autoridad en Obstetricia y Ginecología y a la que se mantuvo ligada hasta su muerte.  View full article »

A menudo se publican crónicas de científicas y tecnólogas de extraordinario mérito y bonhomía: son hijas de Hipatia tan notables como Madame Curie o Rita Levi-Montalcini. Su simple existencia convierte en absurdo cualquier prejuicio machista. Pero son las mujeres como Joan Hilton (principal artífice de la bomba atómica China) o Hanna Reitsch, capaces de figurar en el número uno de la felonía mundial, quienes nos demuestran irrefutablemente que, como dice la vieja copla castellana, “entre mujer y hombre poca diferencia va”.

El 26 de abril de 1945 un pequeño avión Fieseler Fi 156 Storch logra aterrizar en la Puerta de Brandeburgo, a tan solo unos pocos pasos del búnker de Hitler. La piloto capaz de semejante hazaña, una mujer de menos de 1,50 m de estatura y apenas 40 Kg de peso: Hanna Reitsch.

La feroz Batalla de Berlín, que terminará con el régimen nazi, está a punto de finalizar. Reitsch, que sentía verdadera adoración por Adolf Hitler, intenta convencerlo de que abandone el Berlín sitiado y huya con ella. No lo consigue, pero repitiendo hazaña escapa despegando de una calle el 28 de abril: el último vuelo desde la capital nazi. Los rusos no logran abatirla.  View full article »

Aunque nunca fueron ciudadanas de pleno derecho, nacer y criarse en un entorno de conocimiento permitió a un grupo reducido de mujeres, a lo largo de la historia, acceder al grupo de las elegidas que han hecho ciencia y abrir un camino que más de 2.500 años después está sin finalizar.

Natural de Crotona, Grecia, Teano nació a finales del siglo VI aC y es considerada como la primera mujer matemática, aunque su conocimiento se ramificó por otras disciplinas, como la astronomía y la medicina. Para ello tuvo que darse la circunstancia de contar con los padres y el marido adecuado.

Milón, el progenitor de Teano, era un patricio rico que dedicaba parte de su patrimonio al mecenazgo de las artes y las ciencias. Y que también alentaba en sus hijos la vocación por el estudio.  View full article »

Un encuentro fortuito puede cambiar nuestra vida… y en algunas ocasiones cambiar el rumbo de la Humanidad. Esa coincidencia se dio a los 23 años en la vida de Jane Goodall. Invitada por una amiga a visitar Kenia —estuvo trabajando cuatro meses como camarera para pagarse el pasaje—, los chimpancés acabaron atrapándola para siempre.

Nacida en Londres en 1934 en el seno de una familia humilde, nada hacia pensar que con los estudios de secretariado y un bagaje profesional en la administración de una clínica, en la Universidad de Oxford y en unos estudios que hacían documentales, Goodall acabara como un referente para una especie (en su estudio y defensa) y una forma de vida. View full article »

¿Quién no ha introducido alguna vez un recipiente en una olla con agua a punto de ebullición o muy caliente para preparar una lata de comida o un biberón? La temperatura del agua se traspasa a ese recipiente y el preparado alcanza de manera lenta y uniforme los grados necesarios para que pueda ser comido.

No se trata solo de un truco casero de cocina, es un procedimiento muy utilizado en las industrias farmacéutica, de cosmética o conservera en la confección de sus preparados. Es una técnica que implica el calentamiento indirecto de cualquier sustancia por convección.

El asunto comienza a pasar de los fogones de la abuela a los laboratorios. Y en ese caso, ¿a qué se debe el sobrenombre de María a tan peculiar baño? Su invención no es obra de una antepasada avispada, sino de una de las primeras alquimistas de la historia. Vivió en Grecia en el siglo III y era conocida como María la Griega o María la Judía (aseguraban que era hermana de Moisés y del profeta Aarón).  View full article »

Hacer tu carrera a la sombra de tu marido o de tus hijos y pasar a la historia como la anómima descubridora del Cometa de 1702 es un triste bagaje para una reputada astrónoma. Pero fue el peaje que tuvo que pagar Maria Winkelman por haber nacido mujer y demostrar unas dotes poco frecuentes para la investigación y la ciencia.

Nacida en Alemania en 1670, su padre y su tío decidieron que la pequeña Maria debería tener las mismas oportunidades que sus hermanos varones para estudiar. Fruto de su formación, se decantó por la astronomía, disciplina a la que se acercó de modo autodidacta, en contacto con el astrónomo Cristopher Arnold, con quien llegó a trabajar.

Maria empezó a contactar con la inteligencia de su época y se enamoró del matemático y astrónomo Gottfried Kirch, 30 años mayor que ella. Se casaron y tuvieron cuatro hijos. Pronto comenzaron a trabajar en equipo y juntos realizaron las observaciones y los cálculos precisos para los calendarios (fases de la Luna, puesta de Sol, eclipses y posición del Sol y otros planetas que elaboraba la Real Academia de las Ciencias de Berlín y que eran de gran utilidad para la navegación).  View full article »

Ada Yonath impartiendo la conferencia “El increíble ribosoma”. Foto de gedankenstuecke

La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.

Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.

A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar.  View full article »

Foto de Ivan Rumata

Hace justo un año, abríamos al público esta revista online con la intención de ayudar a difundir el conocimiento científico entre el público general, sin rebajar el rigor ni la calidad de los textos e imágenes. Los primeros lectores que entraron en Más que Ciencia se encontraron con un artículo por sección, fechados desde el día 5 del mismo mes: era nuestra manera de arrancar con una pequeña muestra de todo lo que pretendíamos ofrecer en adelante. Creemos que no nos ha salido mal del todo, aunque el veredicto final es cosa vuestra, de los que nos seguís a diario o esporádicamente.

Más que Ciencia nacía con cinco secciones que abordaban la ciencia desde distintos ángulos. Purasangres y Cerdos, donde va incluido nuestro primer artículo, era y es el espacio para explicar la genética y la evolución con un punto de vista en ocasiones particular. Una muestra de esto son los dos posts más leídos a día de hoy dentro de la sección: Las leyes de la atracción y El error genético del Tea Party.

Como publicación comprometida con nuestro planeta y con el ser humano, era necesario mantener un espacio para escribir sobre medio ambiente y cambio global. Aunque Tiempos de Cambio ha tenido una frecuencia de actualización variable, artículos como la primera parte dedicada a contar la maldición de los humanos y el final de la serie sobre el poder destructor del agua también aparecen entre los textos que más han llamado la atención.  View full article »

Foto de Dennis Wong

De entre los cinco sentidos, es probable que el olfato esté considerado por la mayoría de la gente como secundario. Le prestamos atención en momentos concretos: cuando algo huele muy bien o, por el contrario, de forma desagradable. Pero la mayoría del tiempo no estamos pendientes de él. No ocurre como con la vista, el oído e incluso el tacto, de los que somos plenamente conscientes todo el tiempo. Y si uno falla, enseguida nos alarmamos. Con el olfato no sucede lo mismo.

Es posible que por este motivo, se haya tardado tanto tiempo en conocer el funcionamiento del olfato. Cómo está estructurado el proceso que lleva al cerebro a interpretar un determinado olor. La descubridora de este mapa del proceso olfativo fue Linda Buck, cuyo trabajo de investigación que llevó a la identificación de los receptores olfativos sirvió para que ganase el Premio Nobel de Medicina en 2004. Buck había desentrañado los secretos de este sentido tan solo 13 años antes, en 1991.  View full article »