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Si hay algo detestable entre los humanos es un propensión a acabar sin más con todo lo que le rodea y a la guerra. Existen numerosas teorías que subrayan que la defensa del territorio o si lo prefieren la propiedad privada y el sentimiento de posesión está detrás de esa nada gratificante actividad. O sea, cuando dejamos de ser cazadores y nos convertimos en agricultores.

Otros, en cambio, señalan que se trata de una de las señas de identidad de la evolución de nuestra especie. Es una cuestión que queda en manos de arqueólogos, quienes van desenterrando poco a poco nuestro pasado.

De hecho, en Nataruk, Kenia, han encontrado evidencias de una sangrienta masacre entre grupos de cazadores recolectores, en los inicios del Holoceno, hace entre 9.500 y 10.500 años. Los restos encontrados, hasta 27, presentaban signos de haber sufrido traumatismos en la cabeza y otras partes del cuerpo.

O sea fruto de una batalla. Un hecho que corrobora que ninguno de los individuos fue enterrado, su cadáver fue abandonado en el lugar donde cayeron muertos. Los restos pertenecen a ocho mujeres y ocho hombres, cinco niños y un adolescente de entre 12 y 15 años.  Los autores señalan, además, que una de las mujeres estaba embarazada y a punto de parir, ya que se recuperaron de su cavidad abdominal los restos óseos de un feto de unos 8 o 9 meses de gestación.

En la zona de la masacre, los alrededores del lago Turkana, existían campos fértiles y cohabitaban varias poblaciones de cazadores recolectores. Los investigadores especulan con la hipótesis de que el motivo del ataque pudiera ser un asalto para robar alimentos o hacerse con el control del territorio.

Una batalla de hace 10.000 años