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El Renacimiento supuso para Europa dejar atrás el modelo dogmático que había pervivido durante la Edad Media. Reactivar el conocimiento, poner en cuestión los dogmas impuestos desde el clero, con el hombre como centro del universo. Durante los siglos XV y XVI se produjo la primera de las revoluciones, con la creación y uso de la imprenta; la información comenzaba a fluir y se imprimían los primeros volúmenes de los grandes pensadores del momento.

La recuperación de los elementos y principios grecolatinos permitieron, a aquellos que se atrevieron, dudar sobre Dios y cuestionar una fe que, podría mover montañas, pero abandonaba al hombre a su suerte.

Justo en este momento de la historia nace Miguel Servet, aragonés, testarudo. Hijo de un notario y de madre descendiente de judíos conversos,  nació en Villanueva de Sigena, un pueblo de la comarca de los Monegros, ubicado en el lado oscense. Interesados en que su hijo recibiera la mejor de las educaciones lo enviaron a Francia a iniciar estudios de Derecho. Su pasión por el conocimiento le llevó a dominar la astronomía, la geografía, jurisprudencia y las matemáticas, entre otras disciplinas, además de la teología y medicina por la que es bien conocido.

Miguel Servet permanecía de viaje por Europa. Sus visitas a las principales capitales del continente le habían permitido entablar interesantes relaciones que le abrirían nuevas áreas de pensamiento y estudio. Aunque la mayoría de sus escritos fueron de carácter teológico, Servet se interesó por la medicina, según cuentan, fruto de la casualidad. Se dice que su mentor fue el humanista lionés Symphorien Champier (1472-1539), al que conocería tras un viaje por Italia y países de centroeuropa.

Su única obra íntegramente dedicada a la medicina es Syruporum universia ratio o Doctrina general de los jarabes , publicada en París a finales de la década de los treinta del siglo XVI. En ella se precisa sobre la cocción de los humores y los usos de determinados jarabes terapéuticos. Al tratarse de una profunda crítica contra lo que la medicina instaurada ofrecía sobre la maduración de los procesos humorales, generó gran controversia que le llevó a enemistarse con sus colegas. De hecho sus afirmaciones en este tratado sobre jarabes llegaron a considerarse ‘singulamente mucho, mucho más críticas’ que las recogidas en la Christianismi restitutio, volumen en el que se encuentra la verdadera apotación de Servet a la historia de la medicina.

La circulación menor o circulación pulmonar fue incluido en uno de sus textos más irreverentes con la doctrina cristiana, Christianismi Restitutio –de hecho constituye la menor parte del libro–. Con sus estudios en medicina, Servet haría una redescubrimiento de los avances propuestos por Galeno sobre el funcionamiento del sistema circulatorio.

Pero los conceptos incluidos sobre cristianismo en la parte teológica, más cercanos al pateismo que al monoteísmo, y la defensa de un bautismo ya en la edad adulta soliviantó a católicos y protestantes, de ahí que naciera una enemistad con Calvino.

En el punto de mira de la Inquisición, la parte dedicada a la teología sería la responsable de su acusación de hereje y su muerte en la hoguera. La enemistad surgida entre el médico y el protestante Calvino llevó a este último a denunciar al investigador ante la Inquisición.

Calvino aportó como prueba la correspondencia que habían compartido con Servet, quien en un primer momento había compartido con el teólogo una primera copia de su manuscrito. Calvino le invitó a leer su propio libro, en el que Servet añadiría, a modo de respuesta, críticas anotaciones, un acto que el reformador tomó como un agravio.

Para más inri, Servet ya había puesto en duda, en otras obras, la verdadera existencia de la Santa Trinidad –equiparó, sin ambage alguno, al Espíritu Santo con un monstruo de tres cabezas– y su visión de Jesucristo no era más que la un hombre que había recibido la sabiduría divina. No creo que quede duda de que Servet no contaba con la simpatía de la Santa Inquisición.

Sin embargo, nunca se arredró y llegó a gritar al viento: “Yo soy Miguel Servet y este es mi libro; no nos busquéis más, que al triunfo o al martirio venimos los dos”.

 Ana Rosa Maza

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