No tener memoria es una buena excusa para no cumplir lo prometido,s sea en política o en la vida, y para algunos un argumento eximente ante un suspenso. Frente a los que se vanaglorian de tener una memoria de elefante (esa que según la leyenda jamas borra el disco duro de los recuerdos) está la memoria de pez.

Se ha acuñado como frase hecha que los peces olvidan todo a los tres o cinco segundos de haber ocurrido. Y claro, con esta poca capacidad para la retentiva que puedan aprender algo nuevo resulta imposible. Una afirmación categórica que casa poco con las posibilidades de entremamiento que han demostrado algunos animales marinos, como los delfines.

En cualquier caso, con tan rala memoria, parece que no hay mucho terreno para que aprendan nuevas técnicas para defenderse de los depredadores o adaptase a un nuevo ecosistema a través del conocimiento aprendido y que en lo tocante a los habitantes del mar, todo queda reducido a la transmisión del conocimiento a través de los genes.

La investigación está demostrando lo contrario. No hace mucho, desde el Instituo de Tecnología Technion (Institute of Technology Technion) en Israel, comunicaron un interesante hallazgo: los peces pueden retener en su memoria sucesos que ocurrieron hasta cinco meses atrás.

El experimento consistía en conseguir una capacidad de respuesta de determinados peces ante ciertos sonidos. Para ello, los científicos entrenaron a algunos ejemplares y encontraron que al cabo de unos meses, los animalillos seguían respondiento a los estímulos, incluso una vez liberados del cautiverio y recuperar su vida en un hábitat salvaje.

En concreto, entrenaron a alevines a acudir a un punto concreto una vez escuchaban un sonido a través de un altavoz. La recompensa era comida. Tras un mes de rutina en el laboratorio fueron liberados en el mar abierto.

Cuatro meses más tarde, cuando pasaron a ser adultos y vivían en sus respectivas colonias, los investigadores colocaron una sonda en el mar y reprodujeron el sonido comprobando que sus ‘pupilos’ acudieron al punto de reunión a la espera de su recompensa.

Aunque en principio está investigación se realizó pensando en fines comerciales (los acuicultores utilizando esta técnica se ahorrarían tiempo, espacio y dinero en cuidar y alimentar a sus ‘rebaños’, bastaría con entrenarlos un mes y soltarlos a su suerte para que acudieran a la llamada en el momento de su captura) el descubrimiento apuntala otras similares realizadas en torno a la inteligencia en el medio acuático.

Ya se tenia constancia de las habilidades de los peces de colores o de los llamados peces espinosos. Se ha demostrado que pueden aprender a desenvolverse a través de un laberinto, como los ratones de laboratorio, o que son capaces de mover una palanca para acceder a comida.

Asi que mucho cuidado cuando sintamos la mirada fija de un pez a través de los cristales de un acuario. Quién sabe si realmente nos ignora o por el contario lo que esta haciendo es fijar en su memoria la imagen de la especie que lo mantiene en cautiverio.

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