Entre los marinos existe el acuerdo tácito de considerar que la navegación de 3.618 millas náuticas que realizó William Bligh hasta Timor —después de ser abandonado en altamar durante el célebre motín de la Bounty— es, con mucho, la mayor hazaña en el mar de todos los tiempos. No es para menos: lo dejaron en un pequeño bote sin cubierta de 23 pies (apenas siete metros), con 14 tripulantes leales, sin brújula, corredera, ni cartas náuticas.

En primer lugar, Bligh puso rumbo a la isla de Tofua para obtener alimentos y agua. Allí, los nativos mataron a un tripulante (la única baja en tan largo viaje). Bligh, sin armas, huyó internándose en el mar y decidió ir directamente a Timor (el puesto europeo más cercano) en un viaje aparentemente imposible de casi 7.000 km.

Como necesitaba instrumentos, con los escasísimos medios de a bordo fabricó una rudimentaria corredera para saber la velocidad a la que navegaba. Para suplir el cronómetro, enseñó a su tripulación a medir el tiempo en base a la media de los latidos cardíacos. Tomaba la altura de las estrellas con su mano estirada… Y así logró la extraordinaria hazaña de alcanzar Timor en sólo 47 días (más o menos lo que tardaría un yate a vela moderno).

Y no perdió a nadie en el mar a pesar de las escasas raciones y de algún que otro temporal. Jamás nadie navegó una distancia semejante en un bote sin cubierta. 

Esto son los hechos que Hollywood se ha encargado de empañar. Las adaptaciones cinematográficas del Motín de la Bounty deforman la memoria de Willlian Bigh. De entrada, estamos ante un marino brillante, tanto que el capitán Cook lo seleccionó como sailing master (maestro de navegación, una posición que correspondía al oficial más preparado de a bordo en matemáticas, astronomía y navegación) en el HMS Resolution.

Excelente marino y firme defensor de la higiene, la buena dieta y el bienestar de su tripulación, como demuestra su expediente. Es más, el Almirantazgo lo clasifica como un hombre indulgente, bondadoso y excesivamente blando con sus subordinados. Incluso fue amonestado en ocasiones por recurrir muy pocas veces a los castigos.

Maneras que corrobora el propio cuaderno de bitácora de la HMS Bounty. Antes de la sublevación, tan sólo dos miembros de la tripulación del barco habían muerto (uno de ellos el médico), algo verdaderamente excepcional en un viaje de esa época. Todo parece indicar que el motín se debió a que la tripulación no quiso volver a la dura vida de a bordo después de haber probado la vida paradisíaca y de libertad sexual de Tahití.

Sin duda alguna, Hollywood confundió al benévolo William Bligh con el fiero capitán Edwards del HMS Pandora, que fue enviado por el Almirantazgo para capturar a los amotinados de la Bounty. Edwards consiguió prender a 14 de ellos y los trató con extrema crueldad.

Contrariamente a lo que cuentan las películas, Bligh era un hombre culto y extremadamente interesado en la ciencia. Sus múltiples aportaciones a la ciencia náutica, la geografía, astronomía e higiene naval le llevaron a ser Fellow de la Royal Society, es decir, a ingresar en la sociedad científica más importante de su tiempo.

En tiempos de revisión de la memoria, es turno de hacer justicia con William Bligh: un hombre bondadoso, culto e inteligente. Y, seguramente, el mejor marino de todos los tiempos.

Eduardo Costas

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