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festin

Se acerca la gran noche… Mejor dicho, la gran cena y la gran comida. Es lo que toca en todas las mesas, de las más humildes a las más opulentas. Y ya sabemos en qué se traducen esos excesos: en esos horrorosos cúmulos de grasa que nos llenan de remordimientos y de sentimientos de culpa y de atormentarnos del porqué nos hemos dejado llevar por la tentación. Los hay tan masoquistas, incluso, que se bombardean con pensamientos negativos antes de que llegue el bocado a la boca.

Pues allá va un consejo previo, que aunque no evitará que engorden al menos les quitará el mar sabor de boca por ceder ante la tentación. Si se dan cuenta, cuando esa mamá pesada insiste en que comamos o ese amigo generoso insiste en que compartamos de su plato, pues como que lo hacemos sin rechistar. Vamos, que nos liberamos de todo tipo de remordimientos cuando alguien decide por nosotros.  View full article »

corazon y cerebro

A conocimiento de profana, en el corazón albergamos los sentimientos mientras que el cerebro se ocupa de la razón. Como metáfora no está mal, aunque todos sabemos que en ese complejo entramado de circuito neuronal se guarda todo, tanto reacciones emocionales -amenazas, atracción, etc.- como la elaboración de cualquier pensamiento complejo -lo que pomposamente llamamos razonamientos-.

Ahora bien, eso no quiere decir que esas reacciones cerebrales no tengan su correlación en otras partes de nuestro cuerpo. Por ejemplo, el miedo se acompaña con un aumento de los latidos cardiacos o con profusa sudoración. Podríamos decir, siguiendo este razonamiento, que existe por lo tanto una especie de conciencia corporal.

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Ilustración de Jim Padgett, cortesía de Sweet Publishing y Gospel Light.

Ilustración de Jim Padgett, cortesía de Sweet Publishing y Gospel Light.

“Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el Señor, por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas”. Éxodo 14:21. Pues si lo dice la Biblia… habrá que creerlo, ¿no? Desde luego este episodio, como todo lo relativo al tiempo en el que el bueno de Moisés permaneció por la tierra de los faraones interesa, y mucho, a la Ciencia, porque en ese punto, el Libro Sagrado se convierte en crónica de actualidad que nos ofrece explicaciones de lo que ocurría -en términos de Naturaleza- en el planeta. View full article »

lagrimas de cebolla

Se acercan las Navidades y con ellas las pantagruélicas comidas familiares. Y quien más, quien menos, para muchos será la hora de meterse entre fogones de manera no profesional. Los que son muy duchos en asuntos de la cocina se van a enfrentar a uno de los mayores retos culinarios: evitar que los ojos se tornen en agua cuando se pique cebolla, uno de los ingredientes secundarios imprescindibles en la mayoría de los platos, bien en su versión caramelizada o en cualquiera de las formas que tengamos a bien utilizar este vegetal, uno de los más sabrosos.

Pero vayamos al quid, al mar de lágrimas tan molesto. Es una cuestión de química, del sulfóxido de tiopropanal, un gas que actúa a modo de agente lacrimógeno.  Al romperse las capas de la cebolla, se liberan unas enzimas conocidas como alinasas, que se descomponen en ácidos sulfénicos, captados por la nariz mientras cortamos el vegetal, y que provocan el llanto en forma de irritación ocular.

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tes rst

Que nos hacemos viejos es algo que comprobamos año tras año. Y esa pérdida de facultades sobre todo la notamos en nuestras articulaciones. Nos anquilosamos, decimos para dar a entender que nuestra flexibilidad se reduce y que nuestro tono muscular pierde fuelle, lo que se traduce en mayor torpeza de movimientos y menor capacidad para la práctica del ejercicio.

Ahora bien, asociar esa dificultad para movernos con la cantidad de tiempo que nos queda en el planeta parece una exageración. Al fin y al cabo, viviremos lo que digan nuestras células y no todo es flexibilidad ni movilidad. Afortunadamente la inteligencia y los avances médicos pueden ofrecernos una buena calidad de vida aunque estemos postrados en un sillón. Reducir nuestra existencia a esos parámetros como que nos lleva a un fatal determinismo donde los no válidos no tienen hueco entre nosotros.

Aun así, y sin caer en los fatalismos, sería recomendable para todos que llegáramos a los 50 en las mejores condiciones posibles para afrontar la siguiente etapa de nuestra vida. En este sentido, un grupo de médicos brasileños han diseñado un test basado en el equilibrio, la flexilidad y la fortaleza muscular según el cual pueden predecir el tiempo que nos queda por delante.  View full article »

brain

El tamaño de nuestra cabeza no tiene que ver con el tamaño de nuestro cerebro, o mejor dicho, con su capacidad de desarrollarse. De hecho, ellas lo tienen más pequeño que ellos, y resulta que son más inteligentes de media. Eso por no compararnos con el resto de las especies, donde abundan las grandes cabezas y la escasa inteligencia si la comparamos con la nuestra -aunque en ocasiones, viendo cómo utilizamos la inteligencia para destruir, casi mejor que no hubiera evolucionado tanto-.

El caso es que los antropólogos, que llevan tiempo dedicados al estudio de nuestros antepasados, vienen notando que desde hace unos 20.000 años los cerebros humanos van menguando en tamaño -casi el volumen de una pelota de tenis menor-. Lo que viene a indicarnos que la evolución marca un camino en lo tocante a nuestro cerebro. Y ese camino se define en términos energéticos. View full article »

Gen soltería

Gen soltería

Si es de los que prefiere vivir la vida sin ligaduras, y esto va para los dos sexos, aunque tenga que soportar las inquisitoriales miradas de su mamá suplicante para que siente de una vez por todas la cabeza, no se apure, que ahí va un argumento para acallarla para siempre: “La culpa es tuya -y eso vale para papá y para mamá- que me distéis los genes de la soltería”.

Tal cual, y aunque pueda sonar a amenaza, ya existen estudios científicos que apuntan en esa dirección. Y es que lo de los genes da para mucho. En esta ocasión nos vamos al remoto Oriente, a China, a un laboratorio de la Universidad de Pekín. Allá, unos científicos quisieron indagar si existen causas culturales o genéticas que determinen la predisposición de algunos de nuestros congéneres en empecinarse en vivir solteros -que ese estado también se da entre los chinos, ya saben entre 1.000 millones hay de todo-  más allá del topicazo del egoísmo de las nuevas generaciones. View full article »

electric car

Que el futuro pasa por los coches eléctricos o impulsados por otro tipo de combustible que los actuales parece de Perogrullo. Se impone el que los vehículos no contaminen, que no hagan ruido y que, sobre todo, supongan una menor carga en términos económicos. Ahora bien, los detractores de los coches eléctricos siguen poniendo el acento en que estos, además de no tirar, no cuentan con la autonomía suficiente.

Es decir, que el principal obstáculo que hay que solventar para su popularización es que incluyan baterías que duren más -que nos lleven algo más de 200 kilómetros sin necesidad de parar- y, sobre todo, que su recarga no resulte eterna y se aproxime más o menos a lo que tardamos en llenar habitualmente los depósitos de carburante de nuestro coche -y no las horas de reposo que requiere en la actualidad recargar estas baterías-.

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neuronas y democracia

El concepto de democracia, el gobierno de la mayoría, parece que es un concepto humano. Pero si nos damos una vuelta por ahí, por la Naturaleza sin ir más lejos, descubriremos  que es algo connatural. Vamos, que la opinión de los que son más se impone a la del grupo minoritario. Y no estamos hablando precisamente de etología animal, sino de algo que es más intrínseco que los propios comportamientos adquiridos.

Y si no, démonos una vuelta por el funcionamiento de nuestras neuronas, de las nuestras y de las del resto de los animales. Cojamos cualquier sentimiento, por ejemplo el miedo. Ante una amenaza, más o menos, todos activamos un mecanismo que nos pone en alerta. Todo comienza por algo que percibimos en nuestro exterior y que se procesa en el interior de nuestro cerebro. View full article »

dolor apendice

Adaptarse o morir. En evolución es una ley no escrita pero definitiva. Ahora bien, en este proceso de adaptación, el organismo siempre deja vestigios de lo que fuimos o de donde procedemos.  En nosotros, uno de los signos más evidentes de este proceso evolutivo es el apéndice, un vestigio de cuando éramos herbívoros -era el saco donde procesábamos la celulosa ingerida en este tipo de alimentación, que aparentemente se quedó ahí como un molesto recuerdo. Y decimos molesto, porque su infección o inflamación hasta hace bien poco era uno de los caminos directos hacia el Más Allá.

Sin un uso definido en nuestro proceso hacia la alimentación a base de carne, tradicionalmente la medicina moderna optó por la cirugía ante los primeros síntomas, por aquello de poner en práctica soluciones rápidas que evitaban males mayores. Pero la Naturaleza es sabia y nada está puesto al azar, o mejor dicho aunque esté puesto al azar, sucede porque tiene una función definida, aunque nuestros cortos conocimientos no hayan sabido descubrirla.

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