El veneno y la calavera

 

‘El veneno y la calavera de los teatros’, escribió Federico. Pero la verdad es otra. En realidad, la verdad siempre es otra. En tiempos de incertidumbre no hacer mudanza, dijo el santo.  Pero es de obligado cumplimiento, al menos formal, cambiar ahora la regla para devolver la dramaturgia a las tablas y sacarla del exceso con que se ha asentado en la política. Así podremos vencer a esta falsa verdad que se hace pasar por cierta, y que está impregnada del resabio y el insulto.

Las redes se han llenado, de nuevo, de francotiradores, de ‘pacos’, se decía en España en los treinta, en los días del octubre asturiano y en la guerra civil de los quintacolumnistas. Estos pacos se dedican a disparar al que se mueve, y no deja de tener gracia porque hace tiempo ya, a una de sus víctimas de esta semana, se le acusaba inopinadamente – hay gente para todo, ya se sabe – de dejar fuera de la fotografía al que se movía en exceso. Ahora no te dejan fuera de la foto, sino de la integridad: te la denigran, te la vilipendian, te la pisotean y todo sin azorarse. Son los guerrilleros de las redes.

 

Las redes se han llenado de nuevo de francotiradores, de ‘pacos’, se decía en España en los treinta, en los días del octubre asturiano y en la guerra civil de los quintacolumnistas

 

Se trata de una suerte de falsos místicos que se emplean a fondo en buscar, quién sabe si con una linterna, en el complejo entramado de su imaginación la frase más ofensiva, el insulto más desagradable. Crecidos seguramente en las entrañas de un tiempo en el que no lograron satisfacer su ambición, su ego y su vanidad, se vengan ahora, aupados en un falso anonimato, para atacar a los que concentraron el poder con el mismo empuje con el que cambiaron la historia de España. Y para ello. Estos de ahora, la guerrilla que ensucia la red, tienen dificultades para escribir su nombre, y quizá por eso se camuflan con otros, y apuran su modesta capacidad intelectual en construir la infamia pueril de sus mensajes.

Ellos son los que han convertido el escenario en una carbonera, el Callejón del Gato en un espejo plano y liso en el que se reflejan los monstruos sin recurrir a la física. Ellos, los mercenarios de hoy alimentan el nuevo éter social con baños continuos en la ciénaga.

Esta semana cargan contra Solana, Jauregui y Alfonso Guerra. Tres perfiles bien distintos de una misma época. No hace falta leer la hoja de servicios de los tres en la construcción de nuestra democracia, en el desarrollo de la educación que no han aprovechado o en la culminación de la libertad que no han entendido los atacantes de ahora.

Da lástima que, frente a estos tres personajes, tan reales como históricos, en España y en el socialismo, que con modestia emiten algunas opiniones en un discreto segundo plano, estén los mezquinos y mediocres que ahora se promueven. Y es una pena dolorosa que esos sujetos de hoy, tan pequeños, crean trabajar en la misma causa. Si es que estos que tanto braman saben algo de lo que significa hacer eso.