El catalanismo conservador en la Segunda República

La aceptación de la Dictadura de Primo de Rivera, al considerarla un mal menor y necesario para mantener el orden en Barcelona, así como la defensa realizada por Cambó de la continuidad de la Monarquía en su escrito Per la concòrdia (1930), terminaron por provocar un claro divorcio entre la Lliga Regionalista de Catalunya y el catalanismo de signo progresista. En todo caso, a pesar del apoyo implícito de la Lliga Regionalista al golpe de Primo, el partido fue ilegalizado, y su órgano de prensa, La Veu de Catalunya sufrió como todos los periódicos la censura previa.

La Lliga llegó a participar en el último Gobierno de Alfonso XIII con Joan Ventosa i Calvell en finanzas.

En el período previo a la llegada de la Segunda República se creó en marzo de 1931, el Centro Constitucional. Esta formación nació de la convergencia de la Lliga Regionalista, el Partido Maurista y de otros grupos regionalistas. El Centro Constitucional estuvo dirigido por Cambó y por Gabriel Maura. Propugnaba el establecimiento de una monarquía parlamentaria, un programa político reformador y descentralizador. Podría haber sido una baza importante para el mantenimiento de la Monarquía, pero llegaba muy tarde, apenas semanas antes del final de la misma.

En las elecciones municipales del 12 de abril la Lliga fue superada por la Esquerra Republicana. La proclamación de la República provocó la pérdida de liderazgo de la Lliga en Cataluña y una fuerte crisis interna, aunque aceptó el cambio de régimen. En las elecciones generales a Cortes Constituyentes de junio sacó solamente tres diputados.

Aunque el Estatuto de Autonomía no era del completo agrado de la Lliga, se aceptó y se participó en el referéndum. En las elecciones al Parlament recuperó parte de su electorado gracias a la caída del radicalismo y a las divisiones de Acció Catalana. Se convirtió en el principal grupo de la oposición.

Después de un período de debates internos, la Lliga se reorganizó, adoptando un nuevo nombre, Lliga Catalana, en febrero de 1933. Se configuró como un partido conservador, católico y opuesto el reformismo republicano, pero respetuoso con la legalidad. En las elecciones de noviembre de 1933 se recuperó electoralmente, después del fracaso electoral de 1931, en consonancia con el cambio político en toda España. Llegó a superar a la Esquerra en las Cortes. Cambó regresó a las mismas. La Lliga Catalana participaba de parte del programa de centro-derecha de la nueva época, pero siempre desde posiciones más dialogantes

La Lliga se enfrentó a la Ley de Contratos de Cultivo, aprobada por el Parlament de Catalunya, encontrando el apoyo del gobierno de centro-derecha de Madrid. La Lliga fue siempre contraria a la reforma agraria, ya fuera en el ámbito catalán, ya en el español, fiel a su ideología conservadora.

En las elecciones municipales catalanas de 1934 no pudo vencer a la ERC.

La Lliga Catalana condenó los hechos del Seis de Octubre de 1934 y participó en la gestión de la Generalitat tutelada por el gobierno central. En las elecciones de febrero de 1936 fue derrotada.

La Lliga no participó en la conspiración que condujo a la sublevación militar de julio de 1936. Pero en octubre algunos dirigentes de la Lliga firmaron un escrito de apoyo a los militares rebeldes y desarrollaron algunas actividades, especialmente de difusión de sus ideas. Estos hechos provocaron que en Cataluña fueran perseguidos y reprimidos, por lo que muchos huyeron al extranjero o a la zona sublevada. Posteriormente, algunos miembros de la Lliga tuvieron algunas responsabilidades en el régimen franquista, pero el partido desapareció.