Día Internacional de la croqueta

La croqueta lo ha conseguido. Ya tiene su día internacional: hoy, 16 de enero. Las hay de jamón, de pollo, de callos e incluso de chocolate o tofu, aunque estas últimas sean más desconocidas. La verdad es que tienen tantas recetas como personas que las elaboran, países donde se comen y, por ello, qué menos que dedicarle un día de nuestro extenso calendario.

Cada región parece tener su propia versión de esta exquisitez y seguro que si le preguntas a los españoles, la mayoría pensará que es un invento patrio. Pero, al parecer, la croqueta es un invento culinario de nuestros vecinos franceses. El primer documento escrito sobre las croquetas las sitúa en 1817, cuando el cocinero de Luis XIV decidió dejar escrita la receta de croquetas para su rey.

Muchos atribuyen su origen a a un diminutivo derivado de la onomatopeya croc o de croquer (crujir). Y de ahí, croquette. Pasó a la lengua de Cervantes como croqueta, al holandés como kroket o krokett, en hungaro, incluso este invento de los franceses ha sido capaz de llegar al universo japonés donde la denominan korokke.

Dependiendo del país, el ingrediente básico es la bechamel con tropezones de todo tipo, aunque en otros sitios se hacen de patata. Eso sí, seguro que al otro lado de la frontera no son capaces de hacer unas croquetas que alcancen el nivel de unas croquetas de jamón ibérico.

Humilde, crujiente, sabrosa… la croqueta es sin duda un acierto, un logro, una genialidad y un imprescindible de los bares de toda España. Está claro que quien prueba una no puede evitar la tentación de coger otra y así sucesivamente hasta que el plato se queda vacío. La croqueta, incluso, se ha convertido en la especialidad de millones de abuelas de todo nuestro país. Seguro que las croquetas de tu abuela son mejores que la de la mía y viceversa.

A España llegaron mucho más tarde que en otros países, pero lo hicieron para quedarse. Cada uno la llama a su forma, unos croqueta y… otros “cocreta”. El debate todavía continúa pero mientras tanto ninguno se resiste a probar este manjar. Es por todo ello que no nos queda otra cosa que decir: ¡Vivan las croquetas!