Este fin , por Javier Polo

En estos tiempos que corren empieza a ser habitual entablar amistad con personas a las que nunca llegas a conocer físicamente. La profusión de redes sociales y formas de contacto digitales facilita que puedas tener amigos con los que tardas en reunirte o con los que, como digo, nunca llegas a encontrarte. En mi caso uno de ellos fue Andrés Lewin, un joven cantautor hispano-argentino fallecido hace dos años.

A través de un amigo conocí uno de sus primeros trabajos y harto de buscar sus discos y no encontrarlos, se los pedí directamente a través de su propia página web. No debería vender demasiado porque tras aquella petición me escribió para asegurarse que yo era quien decía ser y que recibiría -y abonaría contra reembolso- los discos pedidos sin devolver el paquete, algo que se ve le debía haber pasado en alguna ocasión. De esta manera fue como establecimos un discontinuo contacto, primero por e-mail, luego a través de las redes.

Supongo que me enganchó a su música su canción más conocida “Este fin”, una preciosa letra dedicada a su madre fallecida y que se ha convertido después en su propio epitafio.

A los dos nos unía la afición por el cine y ambos habíamos rodado ya sendos cortometrajes que mutuamente nos criticamos. En su crítica al mío me dijo lo peor que se le puede decir a un guionista –injustificadamente, claro está-: que mi final era un “deus ex machina” (desenlace abrupto, que no nace de la trama). Aquello, lejos de separarnos, motivó que mantuviéramos el contacto. Le compré más discos, él me regaló alguna maqueta suya desechada y siempre me quedó pendiente acudir a alguno de sus conciertos por los pequeños locales de Madrid. Nunca fue posible porque, a pesar de que viajo con frecuencia a la capital, la agenda siempre manda y nunca coincidieron sus actuaciones con mis estancias. Él nunca tocó en Sevilla.

Siempre quedaba el recurso de “hay más días…”, pero no, no hubo más días. Un cinco de enero, a sus 37 años, su corazón dijo que hasta ahí. Supe de su muerte varios días después porque yo me encontraba en Bangkok y se me helaron las entrañas a pesar de los más de 40º que hacía en la calle.

Su último trabajo, que ya había sido grabado, se editó dos meses después de su muerte y en él se incluyó la canción que mencioné antes. Tampoco pude acudir al concierto homenaje que le dedicaron Marwan, Conchita y Luis Ramiro, entre otros. Otra vez la agenda…

No me gustaría acabar esta columna con un deus ex machina (aunque, ahora que lo pienso, podría ser mi homenaje particular) pero tampoco se me ocurre una forma de acabarla que no sea incidir en la importancia que tiene dejar de aplazar las cosas que realmente queremos hacer, dado lo efímera que es la vida. Por otro lado soy de esas personas que creen que nadie muere realmente mientras es recordado por alguien; así que la mejor manera que se me ocurre de poner punto y final a estas líneas son sus propias palabras: “Este fin no es el fin, es continuará…”

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