El comercio mundial se recupera de manera sostenida y global

La economía mundial volvió a crecer en 2017 después de 6 años de estancamiento, con una tasa de expansión de +3,7% este año. Un 4,5% anual en noviembre, medido en capacidad de compra domestica siendo más de 80% del crecimiento global obra de los países emergente, que sería el 4% en 2018. Significa que 1 año y 3 meses después de iniciada esta nueva fase de recuperación de la economía global, el nivel de crecimiento del sistema es similar o superior al de su etapa inicial.

Todos los países avanzados y los grandes emergentes sin excepción crecen en forma coordinada y sostenida en este momento, como un sistema integrado y autoinducido que funciona a escala global. Significa que todos ellos se expanden por encima de la tasa potencial de largo plazo del sistema mundial (3% por año) al finalizar 2017; y que lo hacen incluso con avances significativos por el lado de la oferta.

En China, que es una categoría aparte, hay recortes de más de 30% en la capacidad excedente de las industrias del carbón y el acero. Por eso la capacidad instalada utilizada es ya 76,6% del total, la mayor en 6 años. En EE.UU., y en general en el mundo avanzado, la situación es de pleno empleo (4,1% de desocupación), con 228.000 puestos de trabajo creados en noviembre, y una capacidad instalada utilizada de 86,6%, prácticamente total. EE.UU. ha crecido más de 3% anual en los últimos 3 meses, en condiciones de pleno empleo, y a pesar de ello —esto es lo notable— mantiene un nivel de inflación básica o subyacente de 1,9% anual, por debajo de la meta fijada hace 2 años por la Reserva Federal. Esta anomalía es propia de una economía deflacionaria, no de la que experimenta la primera fase de un boom de expansión.

Morgan Stanley y Goldman Sachs señalan que esa presión deflacionaria proviene del agotamiento del superciclo de los commodities que tuvo lugar entre 2001 y 2010, provocado por la desaceleración de la economía china —eje de la demanda mundial de materias primas—, que pasó de crecer 11% por año en la primera década del siglo a 6,7% anual en los últimos 6 años.

El resultado fue un colapso del precio de los commodities en el mercado mundial, ante todo los metalíferos (cobre, mineral de hierro), que cayeron más de 40% entre 2011 y 2016, acompañados por un derrumbe del precio del petróleo de más de 60% en el período, desatado por el shock de superoferta surgido del boom del gas en EE.UU. (en 10 años pasó de cero barriles a 4,5 millones de barriles diarios en 2013).

El precio del petróleo (West Texas/WTI) aumentó 35,7% en 2017, y alcanzó a US$57,6 por barril, en tanto que el Brent se elevó 40,8%, con un precio US$63. También subieron los valores del cobre, mineral de hierro, y zinc (+19,6% / +28,7% / +18,1% respectivamente).

La Agencia Internacional de Energía (IEA) presume que el precio del crudo mantendrá un nivel de 56 a 62 dólares en los próximos 20 años, con una demanda mundial que aumentaría más de 30% en ese período.

La consecuencia es que el ancla deflacionaria creada por la caída estructural del precio de los commodities tendería a ceder en EE.UU., y se produciría un incremento gradual de la tasa de inflación subyacente.

Japón, la 3ª economía del mundo (PIB: 4,92 billones de dólares), hace 7 trimestres consecutivos que crece sostenidamente, con una tasa de expansión de 2,5% anual entre julio y septiembre, lo que implica un nivel de crecimiento de 1,5% anual en el año, el mejor período desde 2001.

Esto sucede después de 26 años de estancamiento y 2 décadas de deflación, y con una tasa de crecimiento potencial de largo plazo de 0,5% anual, o menos, y una fuerza de trabajo que pierde 500.000 operarios por año debido al envejecimiento generalizado.

Lo que extrae a la economía japonesa de su fosa deflacionaria es el crecimiento sostenido del superávit comercial que tiene por 24 meses consecutivos, y que implica un aumento de 14% anual en 2017, con un pico récord de 21% en octubre.

La clave del boom exportador de Japón son las ventas a China, que han crecido 26% anual en el tercer trimestre, constituidas sobre todo por bienes de capital de última generación tecnológica.

Las exportaciones de bienes de capital para la fabricación de semiconductores aumentaron 123% en este período, 45% la de los robots, y 26% los vehículos. Japón se ha convertido, junto con Alemania, en el principal exportador de productos manufacturados de alta tecnología a la República Popular, convertida en el mayor mercado para sus ventas externas.

El comercio exterior y la apertura de la economía son los que impulsan el crecimiento de la demanda japonesa; y esto significa esencialmente China, que ha crecido 6,9% anual en 2017, el mayor nivel desde 2010.

El mundo experimenta una fase de expansión sostenida y coordinada, y actúa cada vez más como un sistema integrado y global que incluye a las economías nacionales. Este es el fenómeno central de la época; y el eje del mundo está en los países que despliegan con mayor intensidad la nueva revolución industrial, que son EE.UU. y China.

@FranciscoVill87