Vacaciones exóticas

La primera vez que los vi fue cenando en el chamizo que hacía las veces de comedor de nuestro campamento en mitad de la Casamance, en Senegal. Ella francesa, con edad de jubilada, él un senegalés con menos de la mitad de los años de ella. Llegaron en un taxi con planes de quedarse un par de días allí antes de continuar con su camino. Comieron rápido y volvieron a su habitación. Me consta que cumplieron sus planes de estancia porque los veía en cada una de las comidas de esos días; siempre iguales, él encantado de conocerse, saludando a todos con soltura, con un teléfono móvil que siempre tenía en la oreja y ropa bastante más a la moda que la que solía uno encontrarse por aquellos lugares. Ella callada, sólo abría la boca para algunas frases de cortesía –“bonjour”, “bon appètit”…- siempre dos pasos tras él y siempre pendiente de sus necesidades. La mayor parte del día en la habitación y cuando salían era para paseos cortos que le servían a él para pavonearse y a ella para cansarse.

En honor a la verdad debo confesar que esta fue la pareja que más me llamó la atención pero hubo bastantes más y en esas otras era más frecuente que el jubilado fuese varón. Por alguna razón desconocida para mí me las encontraba en la Casamance cuando ella era la europea y en Dakar cuando el “blanco” era él. Pero el patrón era similar. En ambos casos, siempre era el hombre el que se pavoneaba y la mujer la que pasaba más desapercibida, independientemente del rol que cada uno tuviera y de su nacionalidad. Los habitantes de la vieja Europa eran los de más edad, los africanos los/as jóvenes.

Estas situaciones no son distintas a las que te encuentras en algunos países del Caribe, los matices los aportan los idiomas y las nacionalidades; los españoles somos más de cruzar el Atlántico y los franceses, como este caso, tienden a ir a esta zona de África. Pero en el fondo las escenas son iguales. Vacaciones de occidentales en lugares exóticos en los que escapar de las rutinas y en los que “consumir productos locales” sin preocuparse demasiado de edades, consecuencias, futuros…

Una vez traspasado el control del aeropuerto y asumir el “si te vi no me acuerdo” nos falta tiempo, tras volver a casa, para protestar por la cantidad de inmigrantes que están llegando “¿quién les habrá dicho que esto es jauja?” y para reclamar de los gobiernos que luchen contra la prostitución, la trata de seres humanos y… Por cierto ¿y si nos vamos estas Navidades a…?