La Dama defraudó

El año 2016 lo recibí en Myanmar (la antigua Birmania), donde tuve la oportunidad de conocer a varias personas que estaban participando en las multilaterales negociaciones que se estaban produciendo en aquel momento entre las distintas etnias del país (135 reconocidas), los militares -que seguían en ese momento en el poder aunque ya habían perdido las elecciones- y el futuro gobierno del partido encabezado por la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, conocida en el país como “la Dama”.

Era un momento de esperanza, de cierre de heridas, de finalización de los distintos conflictos armados y de alegría porque, por primera vez en cincuenta años, no serían los militares los que gobernaran el país, aunque estos se habían reservado una buena cuota de poder. Compartí mesa con muchos interlocutores y todos coincidían en el valor histórico de este periodo. Todos confiaban en la normalización del país, en el comienzo de un esperanzador periodo de prosperidad.

Me sorprendió que nadie incluía en sus argumentarios a la no reconocida etnia rohingya, quienes parecían excluidos no solo de todas estas conversaciones sino del propio subconsciente de los ciudadanos. Alguna observadora internacional me adelantó que ese problema no sería solucionado por el gobierno entrante y que terminaría estallando. Yo, que soy de naturaleza optimista, no creí posible eso. La persona que más había luchado por llevar al país al punto donde se encontraba en este momento, la que representaba mejor que ninguna otra a las víctimas, no haría, no podía hacer, eso.

Y aquí nos encontramos, ante una “limpieza étnica de manual” según la ONU; ante el mayor éxodo de población que se recuerda desde el de Ruanda y ante un gobierno, y un país, que no ha sabido anular a sus peores demonios.

La Dama no ha querido; la Premio Nobel se esconde, se parapeta tras los militares, que siguen controlando varios ministerios. No les dio derechos a los rohingya ni reconocimiento como etnia ni ciudadanía. En un país mayoritariamente budista existe un antiguo consenso en que esta etnia es de Bangladesh, a pesar de que son generaciones enteras las que nacieron en Myanmar, y la Dama no se atrevió a romperlo.

Aung San, bórrame de tu lista. Creí que tu lucha pasada te habría convertido en una persona decente, pero se ve que el poder tiene elementos adictivos y deshumanizadores que, afortunadamente, desconocemos las personas corrientes.

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