De cuando los tiempos convulsos hacen de informaciones nebulosas/2

Ya se habrán dado cuenta de algunas razones de mi lentitud. Una pretensión por realizar un ordenamiento de las situaciones y contextualizarles en una dimensión histórica. Algo de deformación profesional debe haber en ello, qué duda cabe. Así que he precisado hacer un recorrido, supuestamente histórico, acerca de Cataluña con anterioridad a poder expresar alguna opinión más concreta sobre la actualidad, sobre el convulso momento que nos está tocando vivir con preocupación y cierta tristeza.

 

Del recorrido histórico realizado modestamente, hasta la Segunda República Española, destacaría algunas conclusiones relevantes, sin por ello pretender que sean las únicas, ni mucho menos las definitivas. Son conclusiones que he conseguido obtener con un afán comprensivo y, por lo tanto, que buscan una cierta proyección desde allí donde acontecieron, hasta el aquí y ahora.

 

Un primer grupo de conclusiones es que una lectura estructural e histórica de lo referido, incluso con la aparente distancia temporal y contextual,  en relación a lo actual consiste en reconocer que Unamuno fue un gran adelantado cuando escribió “El pasado que vuelve”, una obra de teatro escasamente conocida, pero muy afortunada por el tema que aborda de una forma transgeneracional a lo largo de las creencias y actitudes político-sociales de un nieto (Victor2º) que habla con su abuelo liberal (Victor1º) y obtiene las diferencias en relación a su padre (Federico) conservador, mientras el chico se acerca más a lo que piensa el abuelo y que el abuelo refiere como las discrepancias que él mismo tuvo con su propio padre que también era conservador. Federico culpa a Victor1º de la inminente marcha de Victor2º, se refiere a Victor1º “yo tengo la culpa por haber dejado que le corrompas, que le enajenes de mi”, recrimina así a Victor1º la marcha de Victor2º, pero Victor1º sabe reaccionar y dice a Federico que va a sentirse y morir solo, pero que esa marcha de Victor2º representa para Victor1º que seguirá viviendo.

 

Así es, la relación entre Cataluña y España es una historia que vuelve: los nobles catalanes, la burguesía catalana se revuelve contra Castilla cuando le vienen dadas peor, cuando hay que mostrarse solidarios o cuando se les demanda un compromiso más global. La solicitud de respeto hacia las instituciones catalanas les hace olvidar que más consiguieron cuando se mantenían con el conjunto de España que cuando pretendieron estar solos, pues las tres ocasiones que lo lograron terminaron con pérdidas mayores, tapando sus propias vergüenzas y aceptando ser menos de lo que pretendieron inicialmente: primero perder el Rosellón ante Richelieu-Luis XIII, luego sus fueros e instituciones por la capitulación de Casanova ante el Borbón y, por fin tras la proclamación de 1934, lo que se expondrá a continuación.

 

Segundo grupo de conclusiones, hacen referencia a los desencadenantes económicos que subyacían en cada intentona, lo que era muy coherente con la ideología subyacente de los nobles y de la burguesía, frente a lo que perseguían las clases más populares, expresión clara en la revuelta de los segadores, pero también en las otras dos ocasiones.

 

En tercer lugar tenemos el lenguaje empleado, donde se refiere a rescatar al conjunto de España, cuando desde Cataluña se emprendía una acción. No olvidemos que Rafael Casanova no luchó por el independentismo de Cataluña, sino por la Nación Española y por un rey de los Austria, no de los Borbones o que Lluis Companys proclama el “Estado Catalán en la República Federal Española”. Esta confusión es más que curiosa, así como la tentativa de aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para intentar “sacar tajada”, como fue el caso del final de la Primera Guerra Mundial, donde se estudiaba la reordenación de las fronteras en Europa y casualmente se cuela Vicent Ballester solicitando la revisión del Tratado de Utrecht. De nuevo Unamuno tuvo razón: “lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien”.

 

Por último, no deja de ser una coincidencia más, posiblemente casual, la utilización del lenguaje que es sumamente parecido a lo largo del tiempo y en las sucesivas ocasiones históricas o del retorno a la bandera estelada que Vicent Ballester diseñara para recordar a España la catástrofe de la guerra de Cuba de 1898.

 

Anteriormente exponía que en la resolución de las frustradas intentonas de Cataluña siempre perdía algo, quizá de mayor relevancia que aquello que conseguía en los escasos lapsos de tiempo en los que pudo disfrutar de esa “desconexión”, esas pérdidas se materializaban en tierras, en libertades y en las instituciones. Además hacían reafirmarse mucho más a los otros, tanto a Richelieu-Luis XIII de Francia como a los Borbones hispánicos.

 

Queda ahora ver que acontece tras la intentona de Lluis Companys. Pues lo primero es una colaboración directa de ERC con el Gobierno de la República. Luego llega 1936 y el Golpe de Estado del General Franco, una sangrienta guerra de tres años y una cruel dictadura en la que se persigue la cultura, el idioma y se hace desaparecer las instituciones de Cataluña. Pero esta dura dictadura no solamente tiene ese efecto en Cataluña, sino que acontece similar en Euzkadi, en Galiza y Andalucía. En todas ellas con fuerte asentimiento de las capas burguesas de cada una de esas sociedades, pero de forma muy relevante en la propia Cataluña. La persecución de la dictadura franquista no era por ser autonomista o independentista, sino por ser demócrata y por la defensa de los intereses de las clases populares por ello fue general y no exclusivamente de tal o cual territorio.

 

Esta larga noche tenebrosa del franquismo termina cuando Josep Terradellas y Adolfo Suárez acuerdan restablecer la Generalitat en el año 1977, incluso con anterioridad a la promulgación de la Constitución. En la redacción de la Constitución de 1978 participa de forma activa el nacionalismo catalán, personalizado en Miquel Roca Junyent,  que estuvo por una plaza que le cedió el PSOE, y por Jordi Solé Tura del PCE-PSUC. En el referéndum de aprobación de la Constitución fue Cataluña la Comunidad Autónoma donde mayor porcentaje obtuvo el sí a la Constitución de todo el Estado.

 

Posteriormente se desarrolla el Estatut de Autonomía y la implantación definitiva de la Generalitat y del conjunto de las instituciones catalanas que el franquismo había abolido. Se avanzó mucho, posiblemente de forma lenta, con dudas, de forma incompleta, con contradicciones. Pero supuso lo que entonces se pudo hacer por consenso, por diálogo, por negociación, sabiendo ceder en algo para ganar en mucho. Es evidente que hubo y hay zonas y áreas francamente mejorables, no cabe duda alguna, pero esas sensibilidades diversas admitían el conjunto como algo muy positivo. Así con tiras y aflojas, hasta la redacción de un nuevo Estatut que, de nuevo, es aprobado en el Parlament de Cataluña, en el Parlamento Español y por referéndum lo aprueba el pueblo catalán. Ante ello el pp presenta una denuncia al Tribunal Constitucional (TC) y tras tres años de vigencia, emite una sentencia que anula una parte, en contra de lo votado por la población, y además por escaso margen en la votación y con votos particulares de algunos Magistrados del Constitucional.

 

Tras la sentencia del TC la desafección de la población de Cataluña hacia el Estado va creciendo, unido a la escasa pericia del pp que se regodea en algo que, en el conjunto de Cataluña, se vive como una afrenta. Ese dolor, esa afrenta hacen de caldo de cultivo idóneo para que emerja con fuerza un sentimiento de pertenencia a la terra que va creciendo y creciendo, los contenidos tienen una componente, prioritariamente, de estructura emocional y afectiva, con escasos contenidos racionales. Es más, los fundamentos racionales que pudieran existir eran agrandados sobremanera por los componentes emocionales, exagerando sus contenidos, como Josep Borrell se encargó en demostrar. Pero estas demostraciones eran racionales, pues racionales eran los datos, pero la exposición racional no haría nada pues predominaba lo emocional, lo afectivo, lo irracional, el sentimiento y la vivencia era lo fundamental.

 

¿Qué pasaba tras este predominio de lo emocional, de lo afectivo, de la vivencia, de los sentimientos? El debate se establecía a dos niveles: en uno el racional de los datos y de la legalidad. En el otro el político y de las emociones. En el primero campaba el pp, el Gobierno del Estado. Por el segundo los nacionalistas, los separatistas. Así se establecieron dos relatos: el racional y leguleyo que tenía escasa repercusión tanto mediática como socialmente. El segundo relato lo elaboró la política separatista y obtuvo enganche popular y mediático, se extendía como una mancha de aceite. La oposición política señala con acierto posibles salidas, pero el acastillamiento de las dos posiciones en sus respectivas razones, hizo que se viera la tremenda incompetencia de los jefes de ambos posicionamientos. No había diálogo, cada vez las posiciones eran más radicales y excluyentes.

 

La movilización del 01.10.17 para unos era un referéndum, para otros nada y así se siguió, con el famoso choque de trenes. No había posibilidad de encontrar un entrecruzamiento de posturas, un acercamiento con predisposición al diálogo sereno y de forma sensata. Se movilizaba a la gente, del uno al otro confín, se realizaban declaraciones más o menos fuertes y descalificadoras de los argumentos del otro. La política no llegaba, solo la ley y más ley. Las exclusiones de la población eran tan patentes como la exigencia de pertenencia a una u otra posición de forma excluyente. La sociedad se fracturaba al son de la intolerancia y de la incapacidad de los que detentaban el liderazgo. Con la que había montada y había líderes de opinión y responsables políticos que decía cosas como “pero de qué hay que hablar”, así de incongruente era la situación.

 

Este discurso perdido, lleno de percepciones subjetivas se continúa con el hecho delirante de declarar y anular la DUI, no saber dónde se está, la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución, las respuestas incomprensibles por parte del President de la Generalitat y la activación del 155 por parte del sr. del plasma. Ya estamos en otro lugar: bien está que se cumpla la ley y se exija su cumplimiento a nuestros representantes políticos, pero la mesura y la ponderación debía ser la norma. El pp no merece un cheque en blanco, menos aún en el desarrollo de una Constitución obsoleta y que no les gusta.

 

En esta ocasión el PSOE ha estado correcto: solicitando el cumplimiento legal, pero exigiendo el desarrollo de la política para establecer un diálogo donde se contemplara la revisión y modificación de la Constitución para actualizarla y desde esa modificación realizar el encaje de Cataluña en el conjunto del Estado. Es decir: modificación constitucional, consulta en referéndum por parte de todos los españoles, posterior redacción de un Estatut en Cataluña, acorde a esta nueva visión de la Constitución, que votan ya los catalanes. Sí, evidentemente sí que hay temas para hablar, temas de profundidad y contenido, no solamente maquillajes formales.

 

Hacerlo cuanto antes es un clamor. No se puede aguantar más, porque todo este tinglado de la antigua farsa está siendo una cortina de humo para pretender ocultar la corrupción del pp, minimizar el dictamen de la fiscalía emitido con contundencia y claridad en el caso Gürtel, la locura de los nuevos recortes en prestaciones sanitarias y educativas que el sr del plasma ha anunciado en Bruselas a la UE, el estado de las pensiones… Son temas de interés político y social máximo que se ven silenciados por el pseudo debate de Cataluña. No es de recibo.