De cuando los tiempos convulsos hacen de informaciones nebulosas

Ya sabía que soy lento en reaccionar, necesito tiempo para pensar, para reflexionar, para sistematizar los contenidos y luego me puedo expresar. No me tengo considerado como una persona rápida, ya digo, soy lentito. Claro que si se mezclan aspectos muy racionales con contenidos emocionales contrapuestos, entonces ya…ni les cuento.

 

Esto me pasa con Catalunya/Cataluña. El cariño que tengo por esa tierra y sus gentes, por su cultura, por su lengua, por… Reconozco que siempre me he sentido cercano a sus deseos de libertad, a sus deseos de ser ellos mismos, a su deseo… Pero lo hacía con emociones encontradas y razones contradictorias. Mis amistades catalanas conocen y saben de estos contenidos y de estos sentimientos, porque esas gentes me hablaban de sus sentimientos, me contaban sus razones y lo hacían con tanta pasión que, hasta las pequeñas distorsiones, se integraban como informaciones diversas. Provocaba cierta ternura la existencia de esas pequeñas distorsiones, basadas siempre en realidades históricas diversas, con lecturas enraizadas en creencias y deseos llenos de convicción. Mis amistades disponían de libros de historia catalana, de arte catalán, de cocina catalana, de flores catalanas, de calles catalanas, de arquitectura catalana, de literatura catalana, de lo que fuera catalán y lo poseían en catalán. He tenido la suerte de poder disfrutar de deliciosas conversaciones que saltaban del castellano al catalán y viceversa. Al principio debatía, luego aprendí a escucharles y después a disfrutar, por lo que me acercaba con otra escucha y otro estímulo, pues admiraba su amor a su tierra idealizada, sobredimensionada. Sí, era un gran ejercicio intelectual y afectivo que hizo que comprendiera muchas cosas, que las redimensionara, que las redefiniera y que asumiera esas tremendas contradicciones. Claro que luego estaba la dimensión política y ahí…ahí… surgían los matices diferenciales, algunos de tipo estructural derivado del enunciado de Karl Marx: “El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado”, sí la burguesía catalana, tanto rural como urbana, estaba tras estas ideas nacionalistas, pero no todo…

 

Algunos se quedaron enganchados en el lejano siglo XII cuando el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV se casó en 1150 con Petronila de Aragón y su hijo Alfonso II fue el primer Rey de Aragón que era Conde de Barcelona. Siempre se mantuvo esta dualidad: Zaragoza sede de la corona y Barcelona de la cancillería. Aragón tuvo que superar la guerra de los Remensas, pero controlaba el oriente de la Península y el esparcimiento por el Mediterraneo, incluyendo un productivo comercio. El matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón no solucionó del todo las cosas, sobre todo porque no constituyeron, sensu strictum, un Estado Español homogéneo culturalmente, pues cada uno de los reinos mantenía sus propias leyes, instituciones e idioma.

 

En general era Castilla quien contribuía económicamente al mantenimiento de las guerras de Carlos I y Felipe II, pero llegó un momento que ya no podía ser y el Conde Duque de Olivares idea la Unión de Armas, por la que todos los Reinos, Estados y Señoríos de la Monarquía Hispánica contribuirían en hombres y dinero para la defensa del territorio, en proporción a su población y a su riqueza. Esta disposición debiera ser aprobada por las Cortes de los diferentes territorios, las dificultades eran inmensas y hasta Felipe IV se desplazó a Barcelona en 1626 para exponer el planteamiento. No logra el Rey convencer a los nobles catalanes, pero en 1635, con ocasión de la guerra con Francia llamada Guerra de los Treinta años, el Conde Duque de Olivares resucita la Unión de Armas, con el fin de reforzar los territorios limítrofes con Francia. Cataluña decide no colaborar, porque “no era su guerra”, llegan las tropas reales y con ellas los conflictos para su manutención y alojamiento, como los pueblos se niegan, los soldados cometen tropelías en forma de robos y saqueos. De estos enfrentamientos puntuales se pasa a un levantamiento generalizado en 1640 contra las tropas reales, el 7 de junio acontece la revuelta conocida como Corpus de Sangre, liderados por los segadores no solo contra las fuerzas reales, sino también contra el régimen señorial de Cataluña, lo que transforma el levantamiento popular en una revuelta de pobres contra ricos, muere el Virrey de Cataluña el Conde de Santa Coloma y marca el inicio de la Guerra de los Segadores, siendo la base épica del actual himno de Cataluña Els Segadors.

 

Felipe IV estaba embarcado en unas cuantas guerras, con lo que no pudo ayudar a los nobles catalanes y éstos buscaron el apoyo del Rey francés Luis XIII que era un enemigo irreconciliable de Felipe IV. El 7 de septiembre de 1640 los representantes de la Generalitat de Catalunya firman con el Cardenal Richelieu el conocido como acuerdo de Ceret, Cataluña recibía apoyo militar de Francia, se separaba de la Monarquía Hispánica y se constituían en República libre bajo el protectorado de Francia. Las tropas reales españolas avanzan, los señores catalanes piden ayuda a Francia y Luis XIII aprovecha para apretar las tuercas a los catalanes exigiendo que el Rey francés fuera reconocido como soberano en Cataluña y se le nombrara Conde de Barcelona. Entonces se pasó de Málaga a malagón, en el sentir de los catalanes, puesto que ahora financiaban a un ejército y su tierra pasaba a ser el campo de batalla entre Francia y España. La presión de Felipe IV fue en aumento, las tropas francesas se replegaban, el alto coste de mantenimiento de las tropas francesas para los nobles catalanes, la recesión económica con pobreza y hambrunas, las plagas y un virrey francés que solamente favorecía a los franceses y marginaba a los catalanes hizo que la población de Cataluña reconociera que había sido peor el remedio que la enfermedad, así que en 1648 se firma la Paz de Westfalia que ponía punto final a la guerra de los treinta años, que situaba la guerra entre Francia y España. Felipe IV es conocedor del descontento con Francia por parte de Cataluña, lo que hace que presione y en 1651 se realiza el asedio de Barcelona, el ejército francocatalán se rinde en 1652 y acontece una sucesión de hecho dignos de tener en cuenta: Felipe IV firma obediencia a las leyes catalanas con lo que vuelve a ser reconocido como soberano en Cataluña el Rey de España, pero Francia aprovecha la situación para anexionarse el Rosellón a coste cero y sale perdiendo Cataluña.

 

En 1700 muere sin descendencia Carlos II, lo que hace que existan dos aspirantes: el Archiduque Carlos de la casa de los Austrias, apoyado por Austria, Inglaterra, Holanda, Saboya, Prusia y Portugal y el Borbón Felipe de Anjou, apoyado por Francia. Ya tenemos la Guerra de Sucesión. Ante el centralismo de los borbones y por el miedo a perder sus leyes, Cataluña decide apoyar al Archiduque. La guerra se extiende hasta la firma del Tratado de Utrecht en 1713, en el que se reconoce como Rey de España a Felipe V. Se instaura el absolutismo y los territorios que apoyaron al Archiduque como Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca ven como se suprimen los fueros y se disuelven sus Cortes. Cataluña no lo admite y vuelve a decidir separarse de España, pero Carlos ya ha renunciado a la corona del trono de España y queda Barcelona frente al Borbón. Se inicia un bloqueo marítimo y tras dos meses de asedio, el 11 de septiembre se ordena el asalto a Barcelona, entonces los Tres Comunes de Cataluña (Diputación General de Cataluña, Consejo de Ciento de Barcelona y Brazo Militar de Cataluña) emiten un bando en el que exhortan a la población por ser donde “reside la libertad de todo el Principado y de toda España” estimulan a la lucha a todos los hombres válidos para el combate “protestando de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y exterminio todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”. Al día siguiente de este bando, Barcelona capitulaba, como admite el propio James Fitz.James, reconociendo la valentía y obstinación de los habitantes de Barcelona, ya que la resistencia había sido de la población y no de los ejércitos. Desde entonces el 11 de septiembre es la diada, fiesta nacional de Cataluña, en recuerdo de la capitulación realizada por el Conseller en Cap Rafael Casanova en 1714. No olvidemos que Rafael Casanova no luchó por el independentismo de Cataluña, sino por la Nación Española y por un rey de los Austria, no de los Borbones.

 

Una de las consecuencias es la creación de los Mossos d’Esquadra, que fueron fundados por Felipe V para terminar con la resistencia de los “austracistas”, “imperiales” o

“aguiluchos”, en contraposición a los “borbónicos”, “felipistas” o “botiflers”. La primera mención a los Mossos es en 1719 en Valls, siendo su fundador el Capitán General de Cataluña Francisco Pío de Saboya y Moura, un general italiano que combatió con Felipe V, el primer Jefe de los Mossos es Pere Antoni Veciana i de Rabassa, a la sazón alcalde de Valls.

 

El 11 de septiembre de 1918 en un documento titulado What says Catalonia, el Comité Pro Cataluña pide la revisión del Tratado de Utrecht a los triunfadores de la Primera Guerra Mundial. El Presidente de este Comité era Vicent Albert Ballester, que fue el inventor de la estelada, inspirándose en las banderas de Cuba y Puerto Rico, en alusión al desastre del 98. Pretendían con este documento que los aliados tuvieran en consideración el “tema catalán” y se revisara el Tratado de Utrecht, pero no se tuvo en cuenta porque la revisión de las fronteras solamente hacían referencia a los territorios que habían sido derrotados en la gran guerra.

 

Hemos de esperar al 7 de octubre de 1934 para que Lluis Companys, desde el balcón de la Plaza de Sant Jaume proclame: “en esta hora solemne del pueblo y del parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña y proclamo el Estado Catalán en la República Federal Española”. La respuesta de la Segunda República no se hizo esperar: “En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalán… el Gobierno declara que ha esperado hasta agotar todos los medios que la ley pone en sus manos, sin humillación ni quebranto de su autoridad. En las horas de la paz no escatimó transigencia. Declarado el estado de guerra, aplicará sin debilidad ni crueldad, pero enérgicamente, la ley marcial… ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña, que se ha declarado faccioso, el alma entera del país se levantará, en un arranque de solidaridad… a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estatuto y de todas las leyes de la República, la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre, de gloriosas tradiciones y glorioso porvenir. Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos. El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra Patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista y sabrá conservar las libertades que le ha reconocido la República bajo un Gobierno que sea leal a la Constitución”.

 

Bueno pues la historia nos cuenta cosas, no recordarlo, olvidarlo o no prestar la suficiente atención hace que se repita la historia, a veces hasta casi, casi, con las mismas palabras.