Altar de muertas

En estos tiempos globalizados en los que hemos incorporado algunas tradiciones USA a fuerza de verlas en nuestras pantallas de televisión (Halloween, Papa Noel, Black Friday…), un grupo de mujeres del sevillano barrio de San Gil han incorporado la tradición del altar de muertos cada uno de noviembre –y ya van tres años- para recordar a las mujeres ausentes víctimas de violencia de género.

En alguna otra ocasión ya les hablé de la asociación de mujeres supervivientes, un grupo de mujeres que trabaja todo el año para reconducir sus propias biografías tras sobrevivir a la violencia de género. Tienen un comedor popular, organizan talleres y constantes acciones de empoderamiento, están permanentemente en la calle removiendo conciencias y reclamando un mayor compromiso por parte de todos en la eliminación de esta lacra que acaba con la vida de docenas de mujeres cada año en nuestro país.

Una vez al año preparan el altar de muertos, según la tradición mejicana (algunas de ellas tienen origen latinoamericano), y organizan una velada para compartir vivencias, viandas y para homenajear a todas aquellas que fueron asesinadas a manos de sus parejas, a las que ofrecen semillas, flores y velas. Recalcan que es un acto para honrarlas, pero que su constante lucha es para que ninguna más muera.

Este año pude compartir unos momentos con ellas, como hago cada vez que puedo porque ¡qué bien saben acoger! Es confortable ver reflejadas en las caras de todas ellas la esperanza y la resiliencia, ver cómo, a pesar de sus biografías (o tal vez gracias a ellas) son capaces de celebrar y de compartir, pero nunca olvidar. Ni se olvidan de por qué están allí ni de las que no pueden hacerlo.

No dejo de pensar en lo paradójico que es que monten un altar, según la más rancia tradición cristiana, quienes están acusadas de ofender los sentimientos religiosos por un grupo de ultraconservadores abogados católicos por mor de una procesión lúdica, de la que ya hablé en una anterior columna. No sé si será porque, a pesar de todo, gozan de la protección de todos los santos o porque sigue existiendo eso que llamamos la justicia poética en unos días se verán en Madrid con un relator de Naciones Unidas, institución internacional que parece más interesada que las nacionales en conocer la realidad que ellas llevan pacientemente denunciando desde hace años.

Una vez más, gracias. Por estar ahí y por vuestro constante compartir.

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