Repartir culpas

La omnipotente agencia antidrogas norteamericana (DEA) culpa del aumento del consumo de cocaína en Estados Unidos al proceso de paz de Colombia. Nuevamente el sheriff del norte culpa a cualquiera que pase por allí de lo que hacen sus propios ciudadanos.

Parece como si los ultradefensores del capitalismo hubiesen faltado a clase el día que se explicó eso de la oferta y la demanda. Por mucha oferta que haya en el mercado, si la demanda no acompaña el negocio no existe.

Ciertamente la producción de cocaína ha aumentado en Colombia en los años que se ha negociado la paz. Es un dato objetivo que la relajación de la presión militar que se ejercía sobre las FARC ha hecho que en las zonas controladas por ellos haya aumentado la producción. Otro dato objetivo es que más del 90% de la coca que se consume en las urbes del gigante del norte procede de Colombia. Pero hay otros datos objetivos que hay que tener en cuenta. El primero de ellos es que se calcula que existen veinte millones de consumidores diarios de coca en EE UU; estos necesitan ser abastecidos y lo serán siempre (otra lección de capitalismo), ya sea Colombia, Méjico o cualquier otro país el que les suministre.

Otro dato objetivo es que para atender a ese mercado es necesario tener una red de intermediarios, transportistas, traficantes y blanqueadores de dinero que forman una anónima multinacional cuyos beneficios económicos, no nos engañemos, revierten en la economía norteamericana, aunque usen una telaraña de docenas de sociedades en paraísos fiscales de todo el mundo.

Por último, no parece razonable culpar a Colombia amenazándole con designarlo “país fracasado en la lucha contra el narcotráfico” como hizo Donald Trump el pasado mes de septiembre; sobre todo porque el resto de los países no es que se tomen más en serio este trabajo cuando, por ejemplo, el mercado de precursores químicos -básicos para la elaboración de la coca- no ha menguado y este mercado está controlado exclusivamente por países desarrollados.

Por tanto, la solución al problema del narcotráfico está no solo en Colombia sino también al norte del Río Grande: combatiendo el blanqueo del dinero de la droga, incidiendo en los consumidores con campañas de prevención, desmitificando la cocaína como droga esnob y evitando la doble moral de quienes en público la denuestan y en privado comercian con ella

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