Sin fronteras

Las palabras de Anna Gabriel en el Parlamento Catalán declarándose “independentista sin fronteras” refleja la esquizofrenia que sacude a nuestro mundo, donde se buscan discursos políticamente correctos que adornen unos actos que en nada lo son. El buenismo “sin fronteras” vende en un mundo que no solo las está multiplicando, sino que las está fortificando y elevando.

Un buen número de catalanes desean la independencia y ahora hemos sabido que sin fronteras, que me lo aclaren porque tengo la sensación de que algo me perdí. El Gobierno de Melilla no quiere dañar a ningún inmigrante, pero propone subir la valla que les separa con Marruecos; está dispuesto a donar tanta ayuda como sea precisa a las ongs (mejor si llevan el apellido “sin fronteras”) para que atiendan cuantas necesidades puedan tener estos inmigrantes, pero que lo hagan al otro lado del cercado que elevarán para hacer más infranqueable el paso. Hacemos cola en las instituciones europeas para presumir de euroregiones transfronterizas mantenidas con fondos comunitarios, pero cuando se pone a arder Galicia a la primera que señala el Presidente Núñez Feijoo es a nuestra vecina Portugal.

Los conservadores acaban de ganar las elecciones en Austria gracias principalmente a su posición favorable al cierre de fronteras a los refugiados sirios. Merkel, por el contrario, ha visto menguar sus votantes por sus facilidades para integrar a los pocos refugiados que lograron pasar antes del cierre de las mismas. Nicosia sigue dividida por otro muro -la línea verde- que separa al país miembro de la Unión Europea de la no reconocida República Turca del Norte de Chipre. Este último es un caso curioso porque a pesar de no estar reconocido como país, cuando lo recorres no dejas de encontrar carteles que anuncian que las obras que se realizan tras ellos están financiadas por distintos fondos de la Unión Europea.

Entre Israel y Palestina existe un largo muro que dobla en altura al que dividía Berlín en dos Ciudades. Al otro lado del Atlántico no es que estén mejor, el Presidente norteamericano obvia interesadamente que la economía de su país depende, en buena medida, de la mano de obra barata que entra por su frontera sur y ahí anda construyendo un muro tan extenso como inútil.

Fronteras, fronteras… siguen aumentando y cada vez son más altas, más inaccesibles, más controladas. Discursos, discursos… cada vez más cínicos, más engañosos, menos claros. En tanto otro invierno llama a las puertas de los campos de refugiados sirios al otro lado de la frontera europea.