A Catalunya  le amenaza un futuro económico muy duro fuera de la UE y del euro

A la espera de la declaración unilateral de independencia o a la ejecución de la suspensión de la autonomía por medio del artículo 155 de la Constitución, Catalunya ya se desangra económicamente y ya es noticia en el mundo empresarial internacional con una norma que parte de todos y cada uno de los despachos de las grandes firmas de inversión; tanto del sector automovilístico, como del bancario, como del textil, como la industria de agroalimenticia. Es miedo está aquí ya.

Una Cataluña independiente no podría ser parte de la Unión Europea bajo ningún concepto, según las leyes del bloque, si una región se separa de un Estado miembro, los tratados europeos dejan de aplicarse en ese territorio. El gobierno catalán asegura que proclamará la independencia el lunes. 9 de octubre….
Ese cambio de fronteras, el primero en Europa occidental desde la Segunda Guerra Mundial, el primero de forma unilateral y violando el orden constitucional en una democracia, pondría a Cataluña automáticamente fuera de la Unión Europea.
Perdería el euro, no tendría banco central, sus empresas no tendrían acceso al mercado europeo ni sus ciudadanos libertad de movimientos por Europa. No habría ni fondos europeos ni ningún otro programa de la UE, desde los de investigación hasta los de intercambios universitarios pasando por los fondos de desarrollo.
Esa salida se basa en los tratados europeos y la ha explicado desde 2004 la Comisión Europea: si una región de un Estado miembro de la UE deja de formar parte de ese Estado miembro, los tratados europeos dejarían de aplicarse en ese territorio.

Los nacionalistas argumentan que los ciudadanos catalanes tienen ciudadanía europea pero Europa recuerda que se tiene ciudadanía europea porque se tiene la ciudadanía de un Estado miembro del bloque. Si los catalanes dejan de ser españoles, dejan de ser ciudadanos de la UE.

Para volver al club, Cataluña debería apelar al artículo 49 del Tratado de la UE y “solicitar el ingreso como miembro de la Unión”. Para eso debería cumplir de antemano tres requisitos: ser un Estado europeo; respetar los valores de democracia, libertades civiles, Estado de derecho, respeto a la dignidad humana y a los derechos humanos del artículo 2 del Tratado; y cumplir “los criterios de elegibilidad acordados por el Consejo Europeo” en 1993.

Una Cataluña independizada unilateralmente no cumpliría esos requisitos. Para ser un Estado a ojos de la UE necesitaría ser reconocida por todos los miembros de la UE, que deberían pronunciarse, recuerda el artículo 49 del Tratado de la UE, “por unanimidad”. Si alguno de ellos no reconoce a Cataluña su solicitud no vale.

Lo contrario haría que los Estados miembros violaran la normativa europea porque el apartado 2 del artículo 4 del Tratado asegura que cada país del bloque es competente para organizar sus “estructuras fundamentales políticas y constitucionales, también en lo referente a la autonomía local y regional”. Además, asegura que la Unión “respetará las funciones esenciales del Estado, en particular las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial”.

Esa hipotética Cataluña independiente violaría también la tercera condición, que exige respeto a valores como el Estado de derecho. Al declararse independiente de forma unilateral violaría la Constitución española, que en su artículo 2 dice que “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española”. Por lo tanto violaría esa condición para que su solicitud europea fuera admitida a trámite.
Ni el derecho europeo ni el internacional reconocen el supuesto “derecho a decidir” al que apela el nacionalismo catalán. El derecho a la autodeterminación que reconoce Naciones Unidas sólo es aplicable a territorios colonizados o a situaciones de graves violaciones de derechos humanos que no se cumplen en el caso catalán.
Los nacionalistas aseguran que la UE es pragmática y buscará una solución política. Pero además de que Europa se construyó para evitar que el nacionalismo volviera a ensangrentar el continente como hizo en dos ocasiones en el siglo XX, varios países tienen partidos nacionalistas que verían la Cataluña independiente como un potente imán y un peligroso precedente legal.

No todo queda ahí, la expulsión del euro aterra a la banca catalana. Les ha faltado tiempo al banco Sabadell y a La Caixa para marcharse de Catalunya y ni siquiera con la independencia efectiva, hay pavor hay miedo …..y el sufrimiento que puede pasar el pueblo es terrible, salida de empresas en masa, paro al alza, devaluación de la moneda catalana, jubilados sin pensiones (obviamente), sistema de salud en bancarrota y toda la financiación de el estado catalán cerrado, ya que el bono de la Generalitat está calificado como basura en el rating de los mercados. En fin, mal muy mal.