“Estos romanos se están volviendo locos”

Desde hace unos 10 años se venía barruntando que algo iba mal en la relación de Catalunya con el conjunto del Estado Español. La actitud guerrillera en contra de Catalunya estalló con l’Estatut de Autonomía que tras ser aprobado por el Parlament, por el Congreso y por el conjunto de los ciudadanos en referéndum legal, uno de los actores: el pp, lo lleva al Tribunal Constitucional quien, en una sentencia aciaga, declara nulos una serie de artículos que desnaturalizaban el contenido y, para más rabia, muchos de sus contenidos aparecieron en otros Estatutos de otras Comunidades Autónomas y el pp no tuvo la misma actitud.

A partir de ahí, los desencuentros entre los sucesivos Govern y el Gobierno del Estado han ido in crescendo. El diálogo de sordos o diálogo de besugos era la norma. Se reunían y uno decía ¿qué hay de lo mío? Y el otro respondía: manzanas tengo. Es decir: Quiero hacer un referendum para preguntar sobre el deseo a decidir de los catalanes, entonces se le respondía que no era legal. Pues vamos a pactar, te mando al Tribunal  Constitucional, otra vez. Pues yo convoco, que te corro a boinazos. Pues yo imprimo, que te mando a los civiles. Pues yo… En fin, un pulso de hacer, por hacer, de decir por decir.

Peor aún: se hablaba y no había escucha. Como no había escucha, la elaboración era deficitaria y con muchas lagunas llenas de implícitos. Entonces… aparece la actuación, el acting-out. Cuando aparece la conducta, pura y dura, con esa característica de acting-out, no hay representación simbólica alguna, no se articula con nada del rango de la elaboración, simplemente se hace, se escupe, se vomita, se caga… Es un acto que se inicia y se acaba en el propio acto, un escupitajo, un vómito o una cagada… Sin más.

Así de simples e insulsos aparecen ambos bandos. Lo dicho: diálogo de sordos, mejor dicho, diálogo de besugos.

Luego aparece la reacción externa, la expresión de todo ello que resulta tan incomprensible como el acto en sí. P.e. se vomita, se dramatiza, en vez de hacerlo limpiar. Se caga, se da una bofetada, en vez de recoger la deposición. Es decir, siempre se actúa, a un acting se le responde con otro acting. No existe posibilidad de interactuar, no existe contenido simbólico, es decir, no existe progreso de la naturaleza de lo humano.

El acto simbólico más humano es el lenguaje. Un lenguaje que se emite y se recibe entre interlocutores de forma interactiva, es decir cuando habla y el otro escucha, este segundo interlocutor está emitiendo gestos, actitudes que representan esa escucha y, en base a ello, el primer interlocutor recibe esa comunicación y va modelando y modulando ese discurso. De tal suerte que en una interlocución comunicativa de verdad, ambos interlocutores pasan a ser emisores y receptores. Así hay un verdadero diálogo, un verdadero intercambio, una constitución en lo simbólico, emerge el respeto y los valores de ambos interlocutores.

En esa interlocución, en ocasiones, uno de los actores deja de interactuar y pasa al acting, actúa o sobreactúa, entonces la capacidad de interacción constructiva desaparece y emergen las defensas. Una actuación, un acting, se vive como agresión y, por lo tanto, el otro interlocutor se pone a la defensiva. En esta defensa puede realizar otra nueva actuación que, lógicamente, será de mayor embergadura que aquella que lo desencadenó, es una defensa y una acción, tiende a intimidar al interlocutor. Este actor en cuanto recibe la acción defensiva la interpreta como un ataque, como una respuesta agresiva desmedida y entonces incrementa su acción…Así se establecen círculos viciosos relacionales que se denominan escalada simétrica y que representan la imposibilidad de la comunicación constructiva y emergen las respuestas defensivas ante supuestos agravios, lo que no quiere decir que, en algunas circunstancias, estos agravios sean reales, pero deben contextualizarse.

Como tú no me respetaste, ahora yo me decido a dar un paso adelante. Pues vuelvo a denunciarte, pero si eso para mí no vale porque anuló la decisión de un pueblo. Pues pasas a ser ilegal, pues creo mi legalidad. Pues te vas a enterar, tengo sordera selectiva. No cumples ni tus leyes, tú que sabes, son las mías. Ahora me toca gritar oé…oé…oé… Ya todo es tarde. No existe elaboración, no hay escucha, solo berridos, llanto con berridos, lamentos que se lanzan como piedras con antiguas lanzaderas de tirachinas rudimentarias, arcáicas y artesanas, pero con resultados efectivas por lo inesperado de la acción.

Los romanos eran más técnicos, tenían más disciplina y adelantos, pero los galos de Astérix y Obélix parecían más primitivos, pero tenían la poción mágica de Panoramix con puro contenido emocional. Frente a lo emocional, lo racional es de escaso impacto porque los niveles son diferentes y la incomprensión será la norma de uno u otro lado. Ahora toca situarse y saber cómo poder continuar avanzando.

La impresión desde fuera es que estos romanos están locos, el problema es saber quiénes son los romanos y quiénes los galos. Me parece que Astérix y Obélix, en esta batalla, están muy lejos de ser identificados porque quienes quieren no pueden serlo, y quienes podrían serlo no saben y no se enteran. Me supongo que habrá que montar una cena, en torno al fuego, para poder compartir mantel, música de bardo y tiempo, para poder escuchar las palabras, desentrañas el discurso y huir de los cantos de sirena.

Siempre que se haga con sinceridad y respeto, con conocimiento y con flexibilidad, hablar y escuchar es el camino que permite no poner trabas y buscar caminos intermedios, no equidistantes, sino intermedios donde se salvaguarde la dignidad y las ganas de avanzar de verdad, sin a prioris perversos de “tú más” o de acciones y reacciones tipo escaladas simétricas.

Ser honesto y tener ganas de solucionar los problemas es para lo que pagamos a nuestros representantes políticos. Pero claro, para esto hay que tener formación y claridad de conceptos. La gente formada, argumenta. La gente simple y con pobreza argumental, actúa y ese acto realizado vacía de contenido y de elaboración posible a la situación en su conjunto. El acto se agota en sí mismo. Hasta ahora, solamente han existido actos.

Desde hace unos 10 años se venía barruntando que algo iba mal en la relación de Catalunya con el conjunto del Estado Español. La actitud guerrillera en contra de Catalunya estalló con l’Estatut de Autonomía que tras ser aprobado por el Parlament, por el Congreso y por el conjunto de los ciudadanos en referéndum legal, uno de los actores: el pp, lo lleva al Tribunal Constitucional quien, en una sentencia aciaga, declara nulos una serie de artículos que desnaturalizaban el contenido y, para más rabia, muchos de sus contenidos aparecieron en otros Estatutos de otras Comunidades Autónomas y el pp no tuvo la misma actitud.

A partir de ahí, los desencuentros entre los sucesivos Govern y el Gobierno del Estado han ido in crescendo. El diálogo de sordos o diálogo de besugos era la norma. Se reunían y uno decía ¿qué hay de lo mío? Y el otro respondía: manzanas tengo. Es decir: Quiero hacer un referendum para preguntar sobre el deseo a decidir de los catalanes, entonces se le respondía que no era legal. Pues vamos a pactar, te mando al Tribunal  Constitucional, otra vez. Pues yo convoco, que te corro a boinazos. Pues yo imprimo, que te mando a los civiles. Pues yo… En fin, un pulso de hacer, por hacer, de decir por decir.

Peor aún: se hablaba y no había escucha. Como no había escucha, la elaboración era deficitaria y con muchas lagunas llenas de implícitos. Entonces… aparece la actuación, el acting-out. Cuando aparece la conducta, pura y dura, con esa característica de acting-out, no hay representación simbólica alguna, no se articula con nada del rango de la elaboración, simplemente se hace, se escupe, se vomita, se caga… Es un acto que se inicia y se acaba en el propio acto, un escupitajo, un vómito o una cagada… Sin más.

Así de simples e insulsos aparecen ambos bandos. Lo dicho: diálogo de sordos, mejor dicho, diálogo de besugos.

Luego aparece la reacción externa, la expresión de todo ello que resulta tan incomprensible como el acto en sí. P.e. se vomita, se dramatiza, en vez de hacerlo limpiar. Se caga, se da una bofetada, en vez de recoger la deposición. Es decir, siempre se actúa, a un acting se le responde con otro acting. No existe posibilidad de interactuar, no existe contenido simbólico, es decir, no existe progreso de la naturaleza de lo humano.

El acto simbólico más humano es el lenguaje. Un lenguaje que se emite y se recibe entre interlocutores de forma interactiva, es decir cuando habla y el otro escucha, este segundo interlocutor está emitiendo gestos, actitudes que representan esa escucha y, en base a ello, el primer interlocutor recibe esa comunicación y va modelando y modulando ese discurso. De tal suerte que en una interlocución comunicativa de verdad, ambos interlocutores pasan a ser emisores y receptores. Así hay un verdadero diálogo, un verdadero intercambio, una constitución en lo simbólico, emerge el respeto y los valores de ambos interlocutores.

En esa interlocución, en ocasiones, uno de los actores deja de interactuar y pasa al acting, actúa o sobreactúa, entonces la capacidad de interacción constructiva desaparece y emergen las defensas. Una actuación, un acting, se vive como agresión y, por lo tanto, el otro interlocutor se pone a la defensiva. En esta defensa puede realizar otra nueva actuación que, lógicamente, será de mayor embergadura que aquella que lo desencadenó, es una defensa y una acción, tiende a intimidar al interlocutor. Este actor en cuanto recibe la acción defensiva la interpreta como un ataque, como una respuesta agresiva desmedida y entonces incrementa su acción…Así se establecen círculos viciosos relacionales que se denominan escalada simétrica y que representan la imposibilidad de la comunicación constructiva y emergen las respuestas defensivas ante supuestos agravios, lo que no quiere decir que, en algunas circunstancias, estos agravios sean reales, pero deben contextualizarse.

Como tú no me respetaste, ahora yo me decido a dar un paso adelante. Pues vuelvo a denunciarte, pero si eso para mí no vale porque anuló la decisión de un pueblo. Pues pasas a ser ilegal, pues creo mi legalidad. Pues te vas a enterar, tengo sordera selectiva. No cumples ni tus leyes, tú que sabes, son las mías. Ahora me toca gritar oé…oé…oé… Ya todo es tarde. No existe elaboración, no hay escucha, solo berridos, llanto con berridos, lamentos que se lanzan como piedras con antiguas lanzaderas de tirachinas rudimentarias, arcáicas y artesanas, pero con resultados efectivas por lo inesperado de la acción.

Los romanos eran más técnicos, tenían más disciplina y adelantos, pero los galos de Astérix y Obélix parecían más primitivos, pero tenían la poción mágica de Panoramix con puro contenido emocional. Frente a lo emocional, lo racional es de escaso impacto porque los niveles son diferentes y la incomprensión será la norma de uno u otro lado. Ahora toca situarse y saber cómo poder continuar avanzando.

La impresión desde fuera es que estos romanos están locos, el problema es saber quiénes son los romanos y quiénes los galos. Me parece que Astérix y Obélix, en esta batalla, están muy lejos de ser identificados porque quienes quieren no pueden serlo, y quienes podrían serlo no saben y no se enteran. Me supongo que habrá que montar una cena, en torno al fuego, para poder compartir mantel, música de bardo y tiempo, para poder escuchar las palabras, desentrañas el discurso y huir de los cantos de sirena.

Siempre que se haga con sinceridad y respeto, con conocimiento y con flexibilidad, hablar y escuchar es el camino que permite no poner trabas y buscar caminos intermedios, no equidistantes, sino intermedios donde se salvaguarde la dignidad y las ganas de avanzar de verdad, sin a prioris perversos de “tú más” o de acciones y reacciones tipo escaladas simétricas.

Ser honesto y tener ganas de solucionar los problemas es para lo que pagamos a nuestros representantes políticos. Pero claro, para esto hay que tener formación y claridad de conceptos. La gente formada, argumenta. La gente simple y con pobreza argumental, actúa y ese acto realizado vacía de contenido y de elaboración posible a la situación en su conjunto. El acto se agota en sí mismo. Hasta ahora, solamente han existido actos.