Por qué apoyo a Enrique del Olmo como secretario general del PSOE de Madrid

Llevo afiliado al PSOE 38 años y 39  a la UGT.

He dedicado muchas horas a estas dos grandes organizaciones. La una, la UGT al servicio de los trabajadores, desde casi la nada, en los primeros años de la transición, ayudando a recuperar el conjunto de derechos que había pisoteado una dictadura inclemente durante 40 años. La otra, el PSOE que ha sido la pieza política fundamental para la modernización de este país, pero sobre todo para liderar la recuperación de los derechos y libertades democráticas, y creando un conjunto de servicios del Estado de bienestar, homologándonos en parte sustancial y en muy pocos años con los países de nuestro entorno del que ha estado permanente alejada, al llegar tarde a todos los grandes movimientos de los dos últimos siglos. El PSOE fue la pieza fundamental para nuestra incorporación a Europa, la pieza fundamental para acabar con 50 años de terrorismo etarra..

Ha merecido la pena.

En ambas organizaciones he ocupado determinados cargos. Orgánicos. Mucho aprendí de la realidad como secretario de organización de la UGT de Madrid. También, como empleado público, he colaborado con los gobiernos socialistas en labores de responsabilidad a diferentes niveles y en distintas y variadas áreas sectoriales.

En estos años el PSOE ha pasado por muchas vicisitudes. Es una organización muy viva. Muy apasionada. Un gran componente de la política es y debe seguir siendo la pasión. De todos estos problemas  he intentado aprender  e ir adaptando con más o menos acierto, sus formar de hacer y de responder a las demandas tremendamente cambiantes del entorno general y, de España, en particular.

El PSOE madrileño no solo no ha estado al margen de todos estos avatares, sino que en muchas ocasiones ha sido el primero en conflictividad y, por ello, entre otras razones ha pagado un alto precio concretada  en la casi continua pérdida de presencia política en la sociedad madrileña, en sus instituciones y en el ámbito interno a costa de su afiliación especialmente entre los más jóvenes, que son la apuesta por el futuro.

Tanto es así que desde la hegemonía política en todos los niveles en la región en los años 80, fue decayendo en los 90 y dejó de gobernar el ayuntamiento de Madrid  en 1989 y la Comunidad en  1995. Hace más de 20 años.

Se han sucedido responsables de la organización. Distintos secretarios generales. Distintos candidatos a las instituciones, con resultados decrecientes, de forma casi permanente. Ese decaimiento no ha sido capaz de generar apenas cambios en  su forma de comportarse en su forma de hacer política, pero tampoco en su interior,  en su estructura, en su organización. Solo ha cambiado de nombre: FSM/PSM/PSOE-M.

A las diferencias políticas que siempre se dan en las organizaciones y que se articulan de formas distintas, en Madrid se ha respondido en estos años solo con fuertes confrontaciones, nunca escondidas, nunca llevadas con moderación y discreción, siempre bien aireadas y siempre resueltas con falsas integraciones a la hora de configurar los órganos de dirección, que pronto se convirtieron en órganos de reparto de poder y se fueron alejando de los problemas reales de la ciudadanía, que lógicamente, fue alejándose de quien de ella se alejaba.

En los dos últimos años la crisis del PSOE ha adquirido caracteres mucho más graves y extendidos al conjunto de la organización en el ámbito federal.

El 1 de octubre de 2016 tuvo lugar un Comité Federal que pudo ser un principio del fin de una organización centenaria y que se saldó con la dimisión  buscada y forzada del primer secretario general elegido directamente por la militancia.

La Comisión Gestora que se hizo cargo y se apropió del partido lideró un hecho inédito en su historia. Con su abstención, el PSOE, permitió conscientemente la continuidad del Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno, siendo el presidente del PP, el partido más corrupto de la historia democrática española y seguramente de la europea moderna.

La confrontación interna era radical. Pedro Sánchez desde el No es No volvió a presentar su opción para dirigir el Partido y contra  viento y marea, contra  todos los aparatos de la organización, de los medios de comunicación y de los poderes facticos económicos más potentes, buscó el apoyo de la militancia y esta, de forma inequívoca, se lo dio y, con ello, en el 39 Congreso se ha frenado una deriva que no es aventurado afirmar pudiera haber llevado al PSOE a una decadencia radical y a su práctica pérdida de presencia política como le ha ocurrido a otros partidos socialdemócratas de nuestro entorno, por no enfrentarse con  decisión con las política neoliberales exacerbadas y bien aprovechadas, por la crisis. Ahí están los ejemplos de Grecia, Italia y Francia,  por citar los más significativos.

En Madrid llovía sobre mojado. 20 años de decadencia. De pérdida de presencia en el conjunto de la organización. De políticas de familia, de “mesa camilla” y de conformismo consistente en la ocupación por unos cuantos y repetidos de sus dirigentes, de forma pactada, los puesto institucionales de la oposición política.

Es hora por tanto de cambio. Es hora de renovación. Es hora de recuperar la identidad del partido. Su lugar en la izquierda. Su autonomía. Su capacidad de liderazgo de las opciones de progreso que están vivas, pero dispersas, en nuestro entorno. De ocuparse de los problemas de los más necesitados, de ser una referencia de solidaridad, de firmeza, de rigor y de decencia  en la gobernanza de lo público.

Por ello, he vuelto como tantos otros que estaban alejados de la organización, decepcionados, unos, y aburridos, otros, a intentar aportar mi experiencia y compromiso, para que ese cambio sea posible y, sobre todo, creíble.

Afrontamos unas primarias a doble vuelta por primera vez con un número de avales, que aunque reducido, siguen siendo injustificables. Ello ha animado a concurrir a la secretaria general  a varios compañeros desde distintos planteamientos, con distintos trayectorias, con distintas experiencias. Cinco en total.

Conozco a casi todos. Tantos años de militancia dan, al menos, para saber quién es quién en esta federación tan crispada, tan enfrentada y en la que unos pocos han estado confrontando desde distintas aparentes diferencias pero siempre puestos de acuerdo al final para repartirse cuotas decrecientes de poder.

No me ofrecen credibilidad todos aquellos que hayan participado activamente en estas continuas confrontaciones por periodos tan prolongados Que han estado con uno hoy y mañana con su adversario, si este tenía algo que ofrecerle. Hoy con este nuevo líder y mañana con el anterior, si había cambiado la dirección del viento político. Si han estado en primer plano y en primera línea en estos tiempos de profunda y continuada decadencia, no es creíble que ahora puedan ofrecer garantías de abandonar su cultura patrimonialista de la organización puesta a su servicio y devolverla a la militancia. No es creíble.

Por ello es preciso optar por alguien que no tenga estos antecedentes.

Y entre estos candidatos  estoy convencido que Enrique del Olmo es una opción diferente y por la que se debe apostar sin riesgo.

Su larga trayectoria, continua y permanente por la lucha por la libertad, cuanto no la había y con su correspondiente tributo a costa de la suya; de la democracia cuando era tan imperfecta; su lucha directa por los derechos de los trabajadores desde aquella lejana secretaria general de Getafe, rodeado de la fuerza del PC, al que logramos ganar en las primeras elecciones municipales; de la solidaridad con sus largos años de dedicación a la cooperación internacional, con los más desfavorecidos, desde puestos de importante responsabilidad y todo ello unido a su profesionalismo, que no ha precisado que haya tenido que vivir de la política, sino dedicar parte de su tiempo, inteligencia y recursos, a intentar hacerla más transparente, más participativa y más decente.

No ha estado alrededor de ninguna mesa camilla, de ninguna capilla de reparto o de bendiciones o de puestos bien retribuidos. He compartido con él alguna mesa para el dialogo, el comentario constructivo, para compartir preocupaciones, celebraciones, esperanzas y alguna partida apasionante de mus.

Su programa ahí está. Sus compromisos son políticos, mucho más que organizativos, siempre necesarios, pero secundarios.

Expulsar democráticamente del gobierno de Madrid a Cristina Cifuentes, heredera cualificada, vicaria, de todo lo que el PP ha sido y no ha dejado de ser en Madrid. Su posición en el Canal de Isabel II, solo es una muestra de la confianza y cercanía con Ignacio González. Ni un día más debería seguir en el gobierno después de nuestro congreso.

Consolidar el gran cambio conseguido por la ciudadanía en 2015 en el gobierno del ayuntamiento de Madrid. Después de 26  años de desgobierno para los ciudadanos y de enriquecimiento de tantos y tantos alrededor de su enorme presupuesto. Ahí está la deuda. La mayor  de España y  que ahora Montoro obliga a amortizar a costa de impedir cualquier política de progreso a unos administradores honrados, que pueden pecar de falta de experiencia, pero están sobrados de decencia.  Ese cambio hay que consolidarlo. Bien lo conoce Enrique como empleado  municipal muy cualificado. Para ello propone todos los militantes sean consultado para decidir y poder aprovechar estos casi dos años, participando directa y responsablemente en el gobierno de Madrid, para consolidar el cambio que esta ciudad precisa para volver a ser la referencia que fue con Tierno Galván y su potente equipo de unidad de la izquierda.

Ser pioneros en la denuncia radical de la política de Montoro apoyado en una nueva Ley sobre los municipios, que lo único que pretende y ha pretendido es acabar con el municipalismo progresista, ahogándoles financieramente, siendo los que mejor gestionan los dineros  públicos y aprovechando sus excedentes para poder encajar las cifras de su creciente déficit estatal  ante las autoridades europeas. Eso lo tiene muy claro Enrique y quiere que sea  desde el primer ayuntamiento de España, en estrecha colaboración con Pedro Sánchez, procurar la derogación de esa norma en el Congreso.

Eso es un programa político concreto y  grande. Porque si Madrid, la Comunidad y sus grandes ayuntamientos, empezando por el de la capital, vuelven a ser gobernados por opciones progresistas, encabezadas por el PSOE, lo que cambiará será el conjunto de la política española y, muy pronto, como ocurrió desde 1979 a 1982, el PSOE volverá a liderar una nueva y necesaria regeneración  global de la política en España.

Enrique ve la política con mayúsculas, pero pegado a los que más lo necesitan. Buscando el dialogo, la colaboración, la participación de los más capaces, de los más audaces, de los mas comprometidos, vengan de donde vengan, si creen en la libertad, en el progreso  y en la solidaridad que son nuestras señas de identidad, y tiene las manos bien libres ante posibles presiones de familias, grupos, sensibilidades, intereses personales y falsas integraciones basadas en el simple reparto del poder  que nos ha llevado, poco a poco, al reparto prácticamente de nuestra cómoda presencia en la oposición.