Sí, yo tengo miedo (y mucho)

Recorro las Ramblas de Barcelona cuando se cumplen dos semanas desde el atentado y veo la misma vida que en las múltiples ocasiones en las que la recorrí con anterioridad. Este rincón tan especial de esta ciudad querida, es uno de esos lugares que es un poco de todos, como la Gran Vía de Madrid.

La recorro hoy a una edad en la que ya uno tiene toda una vida por detrás y recuerdo la primera vez que lo hice, a esa edad en la que uno todavía está por comerse el mundo. La primera vez que pasee por aquí iba de viaje a recorrerme una Europa –también nueva para mí- de la que aún España no formaba parte y que era una ilusión colectiva por descubrir. Transito hoy por ella, nuevamente camino de Europa, pero esta vez se trata de una Europa marcada por múltiples cicatrices y amenazada por un integrismo que se hace presente con cada vez más frecuencia.

Aún quedan flores, velas y carteles donde se dice que no tenemos miedo (No tinc por!). Reconozco que este tipo de mensajes son necesarios, que no podemos encerrarnos en casa y renunciar a nuestra forma de vida porque unos asesinos hayan decidido cercenarlas. De hecho si paseo hoy por estas calles es porque he tomado la decisión de no modificar ni un ápice mi agenda, de no quedarme en casa paralizado, por mal que pinten las cosas. Pero aun así no puedo decir que yo no tengo miedo, porque lo tengo y mucho.

Tengo miedo porque estos tipos están locos; porque creen en una vida eterna en un paraíso asentado en la destrucción y en la barbarie. Porque les da igual todo. Tengo miedo porque lo más fácil que hay hoy para esta pandilla de descerebrados es matar. Tengo miedo porque amo mi vida y la de los míos sobre cualquier otra cosa y por si uno de estos atentados se lleva por delante a algún ser querido (porque aunque todos los muertos son iguales, cuando uno vive la muerte en primera persona…).

Ese miedo no va a impedir que hoy pasee por Las Ramblas con esa libertad con las que la recorría mi paisano Ocaña en esos años de ilusión de los que hablaba al principio; ese miedo no hará que deje de pasear dentro de unos días por Bruselas o por París dentro de unos meses; ya les digo que considero que el mejor mensaje que se les puede enviar a estos animales es el de que no van a conseguir que modifiquemos un ápice nuestras rutinas, que su locura no tiene ningún recorrido. Ya hemos vencido otros terrorismos de esta manera.

Este miedo y este no subestimar la capacidad depredadora de estos iletrados, que ponen a su Dios de parapeto para justificar sus atrocidades, es lo que estoy convencido que me (nos) mantendrá con vida.

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