Ya no quedan refugiados

El cartel “Refugees Wellcome” que cuelga de la fachada del Ayuntamiento de Madrid forma ya parte de la Plaza de las Cibeles como la propia fuente. Es una estampa que hemos interiorizado y que nos afecta bien poco, como tampoco lo hacen los árboles circundantes; es un paisaje.

Los refugiados dejaron de aparecer en los medios, al menos con la intensidad que lo habían hecho antes y hemos creído el espejismo de que la guerra está acabándose y con ella las causas que llevaron a los refugiados a huir de sus países. Que ya son pocos los que se echan al mar para llegar a las fronteras del este de Europa a buscar protección. Nos hemos instalado en esa interesada desinformación que nos lleva a creer que las pateras que atraviesan estas semanas el Mediterráneo son ese lugar común de todos los veranos, que no consiguen desviar nuestra atención más allá de unos segundos.

A pocos les preocupa ya que nuestro gobierno haya cumplido o no los compromisos de acogida que adquirió. Los campos de refugiado que mostraban las televisiones y que martilleaban nuestras conciencias desaparecieron de las pantallas y de nuestra tranquila Europa; su mudanza a la vecina Turquía nos hizo creer que el problema había desaparecido, cuando en realidad sólo se había ocultado, a cambio de una alta factura económica.

Las organizaciones que trabajan en estos campos o con la población refugiada en aquellos países que sí acogieron, ya no encuentran con tanta facilidad ni donantes ni voluntarios dispuestos a colaborar con ellos. La ong “School for refugees”, por ejemplo, que trabaja en la escolarización de niños refugiados en Tesalónica tuvo que hacer una selección de voluntarios el verano pasado ante la importante cantidad de personas dispuestas a colaborar. Este año –en el que mantienen todos sus proyectos- han tenido problemas para encontrar voluntarios dispuestos a colaborar y financiación para los programas.

Ahora se nos habla de las victorias militares logradas en los combates contra el ISIS en Siria, al que se le ha identificado como el causante de aquel estropicio y como si aquella guerra no tuviese al menos cuatro bandos distintos, cada uno con sus intereses, estrategias y apoyos particulares.

Supongo que necesitamos creer ese tipo de cosas, pero negar la verdad no hará que el resultado sea otro. La guerra sigue, porque los que la provocaron y sus aliados internacionales no han modificado un ápice sus posiciones, y mientras esta se mantenga seguirán huyendo de la barbarie millares de personas en busca de un país de asilo, como haríamos cualquiera de nosotros.