El cáncer tiene solución si los sistemas financieros encuentran rentabilidad suficiente

¿Cuantas veces habéis oído a personas de nuestro alrededor lo que ha avanzado la tecnología y la ciencia en todos y cada uno de los aspectos de la vida y a la vez el montón de personas de nuestro entorno que mueren de cancer? Nos toca a todos, los humanos morimos por cáncer de una manera exponencial desde hace unas décadas.

Pero no pensáis que realmente existe un poderoso tema de fondo como es el dinero. Un economista de Cambridge , Andrew Lo, estadounidense y profesor reconocido, en su último libro, Mercados adaptables: la evolución financiera a la velocidad del pensamiento, lo expone de una manera clara y detalla la vía para encontrar una cura al cáncer: conformar un megafondo billonario que financie proyectos de investigación.

Parece simple, todo se soluciona con recursos. Después de todo se trata de invertir dinero, dedicación y tiempo. ¿Qué no se logra de ese modo? Lo que propone es reunir 150 líneas de trabajo e investigaciones con soluciones a la enfermedad, empaquetarlas detrás de un bono y salir a venderlo al mercado como cualquier otro título. Igual que lo que Wall Street hace por ejemplo con las hipotecas subprime.

Pero hace una salvedad: este bono sería más seguro que el de las viviendas porque los vaivenes de la economía no impactan en la lucha contra el cáncer y sí en los bolsillos de las personas que pagan una hipoteca. Además, explica, los tenedores podrían quedarse con la propiedad de los proyectos de lucha contra el cáncer en caso de un default. Finalmente, señala, el éxito pasa por definir 150 proyectos de modo que la probabilidad de que tres de ellos tengan éxito “es 98%”, dice.

No hace falta ser oncólogo, paciente o alguna vez experimentado de cerca la lucha contra el cáncer, para uno preguntarse: ¿por qué una idea así no funciona aún hoy? Primero, las inversiones en investigar la lucha contra el cáncer generan retornos de rentabilidad bajos. “¿Quién invertirá 200 millones de euros en un proyecto que toma 10 años en obtener algún beneficio y con 5% de probabilidad de sacar un retorno favorable pero 95% de fracasar?”. Los incentivos para los inversores, explica este economista, están más alineados con depositar dinero en el mercado de las hipotecas que en el de la investigación del cáncer.

Por otro lado, sostiene que un proyecto billonario de inversión en la lucha contra el cáncer no se desarrolla porque ni el ser humano ni los sistemas financieros se han adaptado a un ambiente de “fracasos sistemáticos”. La victoria contra la enfermedad, pronostica este economista, no ocurrirá porque existan incentivos económicos. “Sí en cambio si somos capaces de construir un ecosistema correcto”. Para Lo, el “ecosistema” sería el fondo de inversión administrado por algunos de los más talentosos expertos en biomedicina e inversores en salud del mundo. “Imaginen que el fondo invierta en un gran número de terapias de alto riesgo pero muy potentes de curar la enfermedad; no estoy hablando de conseguir tres o cuatro meses más de vida”. Lo habla de 20.000 millones de dólares que es mucho pero quizá asumible.

El libro de Lo no trata sobre la lucha contra el cáncer. En todo caso, es uno de los temas que desglosa a lo largo de su obra para explicar su alegato contra la teoría de la racionalidad humana: los mercados financieros, ensaya, no siguen las leyes de la economía sino de la evolución y, por lo tanto, de la biología. Siguiendo el razonamiento, los mercados son un reflejo del ambiente que los rodea y demoran en adaptarse a cambios.

Estudios empíricos muestran que los comportamientos de las personas no son racionales, que existen anomalías y sesgos en sus decisiones. Igual sucede en los mercados. Para Lo, por lo tanto, el comportamiento humano es más comprensible si se lo aborda desde los principios de la evolución antes que desde los modelos matemáticos.

¿Acaso los economistas se acercan a la teoría de Charles Darwin? “El Homo Sapiens no tuvo aún tiempo para ajustarse a las nuevas realidades de la vida moderna y eso plantea desafíos a los inversores y gestores”. Los principios de la evolución, competencia, innovación, reproducción y adaptación son más útiles para entender el funcionamiento de la industria financiera que los principios de la Física. Por ejemplo, la susceptibilidad de las personas a evaluar riesgos de manera incorrecta está anclada en la necesidad de su supervivencia. Y el miedo, un sistema de alerta temprana, provoca que las personas corran más riesgos con tal de evitar una pérdida a obtener una ganancia.

La biomedicina médica argumenta que no se necesitan nuevas drogas para vencer el cáncer. Que para hallar la cura alcanzaría con encontrar la combinación exacta de las drogas que ya existen. “Hagamos los números. Actualmente hay 2.800 drogas aprobadas en el mundo desarrollado. Si queremos encontrar el par adecuado para tratar ciertos cánceres, ¿cuántas combinaciones necesitamos investigar? La respuesta es 3.918.600. Y si abrimos las posibilidades a tres de ellas serán 3.600 millones. Pero por razones éticas y científicas, cada una de estas combinaciones requiere tratamientos clínicos separados e independientes que duren por lo menos una década, que cuestan cientos de millones de dólares y con una probabilidad pequeña de éxito”.

Este es el motivo por el cuál el desarrollo de estas drogas se vuelve cada vez más costoso mientras el ser humano averigua cada vez más información sobre la enfermedad y consigue avances. Y si el desarrollo de estas drogas se hace más costoso, entonces, el riesgo financiero aumenta.

Vencer el cáncer sería una ganancia, sin duda. Si el cáncer nos toca a todos, como dice Lo, el beneficio de vencerlo también. Y todo es cuestión de planificar económicamente la solución en los mercados…..parece muy liberal pero es muy razonable.