El futuro está aquí y nosotros con los brazos cruzados

Ya está  aquí, la cuarta revolución industrial es una realidad. Pero ¿qué se esconde detrás de un nombre tan abstracto ? Así de una forma rápida y para entendernos, vivimos en la era digital, donde el desarrollo de estas tecnologías sumado a los avances en inteligencia artificial y robótica, harán que el mundo tal y como lo conocemos cambie radicalmente.

¿Y esto de qué forma nos afectará? ¿De qué forma afectará al  ciudadano de a píe? Sencillo, ya ha cambiado la forma que tenemos de relacionarnos, pero también afectará a la forma en la que trabajamos, cuando no directamente a nuestro propio puesto de trabajo. Y es precisamente en este último punto donde me quiero parar. Cada vez habrá más trabajos en los que los seres humanos seamos prescindibles. La mitad de los puestos de trabajo del futuro no existen aún y muchos de los que ahora existen no existirán en unos años.

¿Qué nos queda entonces? Ya se oyen voces llamando a la calma porque por arte de birlibirloque las cosas se equilibrarán solas.  Lo grave es que muchas veces nos han repetido la misma cantinela, pero la realidad es que rara vez hemos visto una “adaptación” que no haya sido traumática, al menos para los ciudadanos anónimos que no somos más que un número en una estadística.

En España en particular, tenemos un problema añadido. Un sistema educativo que sigue con unas tasas de abandono escolar preocupantes, un sistema obsoleto, prehistórico. Que no sirve para dar respuesta a las nuevas realidades, ni es capaz de motivar a nuestros jóvenes. Un dato que señala el diagnóstico negativo es que somos el segundo País de la UE en tasa de abandono escolar y que la mayoría de los jóvenes que abandonan dicen que lo hacen por falta de motivación.

Es decir, las generaciones que van a enfrentarse a la cuarta revolución industrial ni están formados, ni siquiera les interesa. Aunque en esto de interesar quizás sea este el problema, que a pocos les interesa la educación que reciben nuestros jóvenes. Mucho más interesados como están en grandes cifras y en grandes proyectos.

Pero hay algo en lo que no parece que, por el momento, los seres humanos vayamos a ser prescindibles. En una cosa tan sencilla, tan intrínseca a nosotros como pensar, como ser creativos. Calcular, construir, analizar lo podrá hacer o lo está haciendo ya una máquina, pero pensar es otro tema.

Sin duda es un riesgo para los  “poderes facticos” apostar por una generación educada en el pensamiento crítico, en la creatividad. No vaya a ser que les de por pensar lo que no nos conviene, en lugar de pensar en aplicaciones y herramientas innovadoras para las empresas que es lo que nos o les viene bien. Les guste o no, no queda otra y son muchas las instituciones internacionales que apuestan por la formación en competencias, en concreto en 3 consideradas clave y que no son otras que resolución de problemas complejos, pensamiento crítico y creatividad.

El futuro ya está aquí, nada volverá a ser como antes. La duda es si seremos capaces de pensar en el largo plazo y tomar las medidas necesarias para garantizar el futuro, los puestos de trabajo del futuro, la prosperidad ; o si como viene siendo habitual nos quedaremos con los brazos cruzados . Lo que sí parece es que las implicaciones de la cuarta revolución industrial ocupan más bien poco de los grandes titulares de los medios y ocupan el espacio justo en los discursos de nuestros políticos. Esperemos que alguien reaccione antes de que llegue el robot de turno a darle la cuenta.