México, un hostigamiento real contra el periodismo

Ser periodista en un país como México puede resultar muy peligroso. Hasta el momento, en 2017 han sido asesinados seis periodistas. En total, desde el año 2000, 106 periodistas fueron asesinados y cada uno de esos crímenes ha quedado impune en su totalidad.

La última víctima fue Javier Valdez, un periodista que cuestionaba la intención del Estado mexicano de ofrecer alguna protección contra estos asesinatos. Valdez fue Premio Internacional de la Libertad de Prensa y tenía como único fin escribir todo aquello que veía y escuchaba. La propia viuda del periodista afirmó en una entrevista que “los gobiernos se habían convertido en cómplices de las organizaciones criminales” en lugar de luchar contra ellas.

Intento de espionaje

 

Esta situación no hace otra cosa que aumentar la idea de que el gobierno mexicano más que protector de la prensa, es un enemigo. Mucho más desde que saliese a la luz el supuesto uso por parte del Gobierno mexicano del software Pegasus, una tecnología de espionaje especial normalmente destinada al combate de grupos criminales.

Había 90 objetivos a los que infectar, pero solo consiguieron hacerlo en dos. Se trata de dos periodistas: Carlos Loret de Mola, un influyente columnista de ‘El Universal’, y Carmen Aristegui, una popular conductora de radio, cuyo equipo recibió más de 50 mensajes intimidantes que iban acompañados de un enlace. Si se presionaba sobre él, Pegasus se descargaba en el teléfono.

Según Citizen Lab, un laboratorio que realiza investigaciones sobre las tecnologías de la comunicación y la seguridad digital, es prácticamente imposible deshacerse de Pegasus. Una vez consigue entrar en el teléfono tiene acceso a todo lo que haya en él. Este software, además, se vende exclusivamente a gobiernos, lo que aumenta las probabilidades de que haya sido comprado por el gobierno mexicano.

Un hostigamiento real en México

 

El hostigamiento contra la prensa mexicana es real, son los representantes del gobierno los que suponen la principal amenaza para el gremio. Sin embargo, no se trata de nada nuevo para los periodistas mexicanos. Ellos han visto con sus propios ojos cómo las autoridades negaban que los asesinatos tuviesen que ver con la realización de su trabajo periodístico o cómo, directamente, no se abriesen investigaciones de todos los casos. Ahora, simplemente ha surgido un nuevo método: el espionaje. El periodista sabe que está siendo investigado y toda la información privada que el software recabe puede utilizarse para chantajearle.

A pesar de todo, las víctimas de espionaje han acudido a denunciar los hechos ante la Fiscalía mexicana, pues apelan porque haya alguien que quiera hacer bien su trabajo, no dando todo por perdido en el Estado mexicano.