Cuando lo importante se queda en la fría estadística

Se acaba de publicar el Informe de Indicadores Urbanos que anualmente elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) donde se señala que siete de los quince barrios más pobres de España están en Sevilla y, por más que intento hacer memoria, el único debate ciudadano del último año que recuerdo (referéndum incluido) ha sido si queríamos un día más de feria.

Con este primer párrafo me arriesgo a que me llamen demagogo, que intento mezclar asuntos que no son comparables y ciertamente no lo son. Mi intento no es el de hacer una comparación (o sí) sino poner sobre la mesa la ausencia de debate ciudadano sobre los asuntos tan graves que reflejan las estadísticas del INE: la falta de propuestas públicas que propongan acciones a medio y largo plazo que reviertan esta situación y la falta de conocimiento de la realidad por parte de los que habitamos unos barrios con respecto a los de otros.

Que siete barrios de la ciudad estén entre los quince primeros -tres entre los cuatro primeros- de este vergonzante ranking debería remover alguna conciencia e incitar a la acción a quienes tengan un mínimo de responsabilidad en la gestión pública. Pero además el informe no se queda ahí, si continuamos leyendo vemos, entre otras cosas, que todos estos barrios ya aparecían en el año 2016, más o menos en las mismas posiciones; que el líder del ranking ha empeorado en este periodo, aumentando además la brecha con los otros barrios que comparten pódium. Si nos asomamos por la provincia, las dos ciudades más pobladas tras la capital (Dos Hermanas y Alcalá de Guadaira) están en el top 15 de ciudades con más paro de España.

Pues sí, llámenme ingenuo pero considero que quien se presenta a unas elecciones debería hacerlo porque tiene bien presente estas cifras y no porque quiere lucir la vara de mando en la procesión de turno. Que quien tiene la osadía de pedirnos nuestra confianza cada cuatro años lo hace desde el convencimiento que es capaz de hacer progresar a “toda” la ciudad. Que quien se mete en este lío de gestionar sabe distinguir lo importante de lo que no lo es, lo urgente de lo que puede esperar y lo necesario de lo banal.

Pero también los ciudadanos tenemos nuestra cuota de responsabilidad en esto y no sólo por no exigir respuestas a los gobernantes; en estos días en los que hemos conocido estos datos, nuestras conversaciones han estado monopolizadas por la inaudita –como cada año- ola de calor. Se aceptan apuestas sobre las variaciones en las cifras del próximo informe, la mía es que saldrán calcadas y que nuestras conversaciones versarán sobre el “histórico” récord de calor.