La milagrosa conversión del No al Si del diputado 85 del PSOE

Desde que Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE, incluyera a Pedro Quevedo Iturbe en las listas de la coalición electoral del Partido Socialista Obrero Español – Nueva Canarias para el Congreso de los Diputados en las elecciones generales de 2015 así como en las del pasado 26 de junio de 2016, su actuación ha estado marcada por la coherencia.

Hay que reconocer que el señor Quevedo ha mantenido una línea constante de actuación: hacer en cada momento lo que más le interesara al que le puso en las listas, al reelegido Secretario General del PSOE.

Así, tras diez meses con Gobierno del PP en funciones, en la votación de investidura del actual Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el diputado del PSOE-NCa, diputado número 85 del PSOE, se mantuvo leal a las órdenes del no es no de Pedro Sánchez, votó “no” a la investidura de Mariano Rajoy Brey como Presidente del Gobierno junto a los otros 15 diputados del PSOE que se saltaron la disciplina de voto, contraviniendo la abstención acordada por el Comité Federal. Todos ellos tenían una urgencia insuperable por acudir por tercera vez consecutiva a las urnas, en las que hubieran sido las terceras elecciones generales en un año.

Y es que la situación del país era insoportable, el diputado Pedro Quevedo lo explica con una claridad meridiana: “Cuando se votó la investidura de Rajoy, el PP estaba hasta las orejas de corrupción”.

Sin embargo, mucho ha llovido desde la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno el 29 de octubre de 2016. Exactamente siete meses y “afortunadamente” el país ha abandonado ya el nauseabundo olor a corrupción que inundaba la vida política española y que llevó a los manifestantes de Rodea el Congreso a concentrarse contra la Investidura frente a una de las puertas de la Cámara baja en la calle Cedaceros de Madrid, gritando las consabidas consignas contra PP y PSOE (“PSOE-PP la misma mierda es”).

Es evidente que la mejoría de nuestro país en materia de corrupción en los 7 meses transcurridos entre octubre de 2016 y mayo de 2017 ha sido “espectacular”. Por ello la posición del diputado del PSOE-NCa, Pedro Quevedo, ha dado un giro radical, como lo ha hecho la realidad misma de la corrupción en España, un giro de 360 grados, para permanecer exactamente en el mismo punto.

Sin embargo, ahora Pedro Quevedo, diputado del PSOE-NCa, ha decidido apoyar los Presupuestos Generales del Estado para 2017, los del PP “hasta las orejas de corrupción”, los del Gobierno de Mariano Rajoy.

Esta vez Quevedo dijo Sí. Tuvieron la culpa algo más de 200 millones, una rebaja del Impuesto General Indirecto Canario (IGIC), y algunas otras prebendas que hicieron olvidar a su señoría el proyecto de regeneración que defendía a brazo partido en los mítines junto a Pedro Sánchez.

Poco le ha importado al señor Quevedo el reproche de la Presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que en declaraciones públicas sostuvo, que nadie entendería que votara en el debate de Presupuestos algo distinto a lo que votase el PSOE, que le había llevado en sus listas.

Hasta en la Wikipedia causa sorpresa lo sucedido. Bajo la entrada Pedro Quevedo Iturbe se recoge: “socio electoral del PSOE en las elecciones de 2015 y 2016, siendo elegido en estas últimas elecciones”. El acuerdo entre ambos consistía básicamente en que apoyase la candidatura Pedro Sánchez para la Presidencia del Gobierno, pero respetando luego “la autonomía de cada organización”. Sin embargo, Pedro Quevedo apoyó al PP en la votación de la Ley de Presupuestos del Estado en mayo de 2017.

Nunca un “sin embargo” fue más clarificador. La autonomía de Pedro Quevedo diputado por el PSOE-NCa en el Congreso, coincidió siempre con los intereses de su valedor Pedro Sánchez.

Claro que ahora, su valedor en las listas del PSOE-NCa, no tiene ya prisa alguna por que se celebren las terceras elecciones generales por las que suspiraba en los últimos meses. Ahora la prioridad de Pedro Sánchez ya no es el inmediato desalojo de Rajoy de la Moncloa, ya no resulta valida la aritmética del pedrismo por la cual, con los resultados electorales del 26 de junio de 2016, había un Gobierno de izquierdas alternativo al de Mariano Rajoy.

Tras el 21 de mayo, la urgencia de Pedro Sánchez es otra. En primer lugar repasar bien lo que es una Nación, algo que Patxi López le explicó de manera inmisericorde el día 15 de mayo, señalándole ante las cámaras que era mucho más que un sentimiento.

En segundo lugar, recomponer la Paz y la Unidad en las filas del PSOE convenciendo de sus cualidades para liderarlo, a pesar de sus anteriores derrotas históricas y de sus vaivenes ideológicos y programáticos, a esa mitad de la militancia que no le respaldó con su voto el pasado 21 de mayo, esa militancia que no creyó su relato del NO es NO, en el que pretendió resumir la pérdida de confianza del Comité Federal tras sus descalabros electorales. Una pérdida de confianza evidenciada en la dramática votación celebrada en Ferraz el 1 de octubre de 2016, que a la postre supuso su dimisión y el abandono de la Secretaría General del PSOE.

A esa parte de la militancia la convencerá Pedro Sánchez de su capacidad de liderazgo en un proceso interno que no será inmediato, que necesitará tiempo. Tiempo para integrar, pagando el precio de la unidad, es decir, el respeto a las minorías, o bien, si no desea integrar, tiempo para desintegrar, excluyendo y apartando a todo aquel que no viera claro su modelo de partido, su propuesta de revocatorio del Secretario General, la eliminación de contrapesos democráticos a su poder en la organización o su indiscutible y avasallador liderazgo.

El 16 de mayo Sánchez volvió a convencer a mil sindicalistas de la bondad de sus renovadas promesas del más puro izquierdismo en un acto celebrado en la sede de UGT en la Avenida de América de Madrid. Pero además, Pedro Sánchez necesita tiempo para volver a convencer de sus buenas intenciones a la nueva administración de los USA, la de Donald Trump, como ya intentara en su anterior visita a los EE.UU.

Asimismo necesita tiempo para exponer su renovado proyecto, volcado ahora a hacia la izquierda, a la directora gerente del FMI Cristine Lagarde, con quien ya se reunió en Washington en enero de 2015.

Tiempo es lo que necesita Pedro Sánchez para convencer de nuevo a las grandes empresas del Ibex 35 de que él “es de fiar”. Tiempo para volver a venderles el mismo discurso que ya les vendió, “el discurso que querían oír”.

Cabe preguntarse cuánto tiempo necesitará para convencer o marginar a los militantes no convencidos y para volver a convencer a las grandes empresas del Ibex35, a la Casablanca o al FMI de la bondad de sus intenciones.

La respuesta la da el diputado del PSOE-NCa, Pedro Quevedo: mucho tiempo, prácticamente lo que queda de legislatura. Pedro Quevedo diputado número 85 del PSOE en el Congreso de los Diputados ha quedado tan satisfecho con el acuerdo de Presupuestos de que ya ha manifestado a Mariano Rajoy su disposición al acuerdo presupuestario para el 2018 e incluso para toda la Legislatura.

Nuevamente el diputado Pedro Quevedo atiende a las verdaderas prioridades de su valedor Pedro Sánchez, que le puso en la lista del PSOE-NCa. Se trata ahora de que las elecciones generales se produzcan más adelante, cuanto más adelante mejor.

Por tanto no cabe esperar grandes sobresaltos para la estabilidad del Gobierno del PP presidido por D. Mariano Rajoy. El No es NO pasó a la historia tras las primarias, nada desea menos Pedro Sánchez en estos momentos que un adelanto electoral que pueda suponerle una tercera derrota. De ser así resultaría, desde luego, otra derrota histórica.

Así, una vez superada por el Gobierno del ultra liberal Mariano Rajoy, la Moción de Censura de Podemos el próximo día 13 de junio, gracias al No es No o la abstención del PSOE de Pedro Sánchez, no cabe esperar grandes sobresaltos hasta el último curso de esta Legislatura, el curso 2019-2020, en el que si Rajoy no adelanta elecciones, asistiremos probablemente a la escenificación de una segunda Moción de Censura, en este caso promovida por el PSOE de Pedro Sánchez.

Y así fue como se produjo el milagro por el cual el diputado 85 del PSOE dio el voto 176 al PP en la aprobación de los Presupuestos de 2017.

Todo es teatro, pura ficción e impostura. Una burda mentira.