La estrategia de Pablo Iglesias en beneficio del PP

Solo se pueden entender las estrategias políticas de Iglesias desde un doble objetivo: sostener su política de espectáculo – la que le llevó por platós y platós al escaño – y la de hacer todo en función del debilitamiento que pueda conseguir del PSOE. Lo primero hace que se hable de él, aunque sea a pesar de dejar de hablar de la corrupción del PP – eso a él no le importa – y el segundo objetivo pretende provocar confusión en las filas del PSOE en pleno proceso de crisis interna para elegir un nuevo secretario general.

El anuncio de la presentación de una moción de censura no pretende agudizar las contradicciones en el PP y la derecha, minar su credibilidad y presentar al PP y al gobierno ante la sociedad como lo que es, una organización bajo sospecha imposibilitada para el ejercicio de gobierno, sino crear un polo de referencia entre la indignación sin otro recorrido – puesto que no lo hay – que el de conseguir la notoriedad perdida.

También pretende intervenir desde fuera – desde dentro ya lo hace a través de muchos ‘nuevos afiliados’ adheridos al PSOE para votar a Sánchez – en la situación que atraviesa el Partido Socialista: trata de, al revés que en el caso del PP, agudizar contradicciones, minar la credibilidad de los socialistas y debilitarlos electoralmente para conseguir su objetivo principal: adelantarlo en las próximas elecciones.

 

Iglesias sabe que la moción es imposible porque supone repetir las negociaciones-calvario que mantuvo con Sánchez. Necesita de nuevo a los independentistas, etc

 

 

Es una estrategia la que sigue Iglesias que juega, una vez más con emociones primarias y planteamientos políticos de escasa envergadura. Él sabe que la moción es imposible porque supone repetir las negociaciones-calvario que mantuvo con Sánchez. Necesita de nuevo a los independentistas, etc. Y en esta ocasión, un candidato de ‘consenso’ a sabiendas de que el PSOE ni siquiera tiene líder. ¿Ciudadanos ya es bueno? ¿Ahora sí? ¿Es nueva la corrupción? ¿La ha descubierto ahora Iglesias? Pudo apoyar un gobierno frente a Rajoy y por supuesto no quiso. Los intereses de Iglesias y Rajoy siguen siendo los mismos.

La mezquindad de la operación se remata con el hecho cierto de que ya no se habla de Ignacio González o el caso Lezo, de Catalá o del fiscal Moix, sino de él, de su propuesta, de su ‘audacia’. Quienes defienden desde la izquierda el fin de la impunidad del PP deben sostener que hay que hacer un trabajo de rigor para eliminar el ‘entendimiento’ electoral de la base social del PP con su partido, que es ahí donde radica el problema: en la aceptación pasiva de la corrupción como el mal menor por más de siete millones de votantes que, enfrentados a las urnas de nuevo – nada descartable después de este estúpido movimiento-, tras estos actos folclóricos de Iglesias – cacerolas y autobuses incluidos – se ratificarían en su elección por el partido de la derecha y por Rajoy, dándole probablemente la mayoría absoluta.

 

¿Ciudadanos ya es bueno? ¿Ahora sí? ¿Es nueva la corrupción? ¿La ha descubierto ahora Iglesias? Pudo apoyar un gobierno frente a Rajoy y por supuesto no quiso. Los intereses de Iglesias y Rajoy siguen siendo los mismos.

 

 

No tiene nada que ver esta presunta moción ‘no nata’ con aquella de González y Guerra contra Suarez que se asentaba en la idea de poner de manifiesto la existencia de una alternativa rigurosa frente a la deriva en la que había entrado UCD precisamente con sus crisis internas y la falta de autoridad entre los suyos de Suarez. La moción socialista sirvió, además, para exhibir la fortaleza del PSOE, su organización sólida y el liderazgo de su candidato, Felipe González, y así, aun sabiéndose fallida, cumplía un objetivo de medio plazo, como se demostró.

Ahora, el espectáculo grotesco de Iglesias, con la corte del faraón rodeándole en el mismo lugar donde se reía de Sánchez y se repartía ministerios y agencias de seguridad con sus ‘colegas’de cuadrilla, deja en evidencia la incompetencia política y la incapacidad para hacer del parlamento el instrumento desde el que cambiar las convicciones de la gente, convencer y presentar alternativas que conduzcan a un verdadero cambio en las urnas con mayorías fuertes para que sean los españoles los que despidan a Rajoy del cargo, y no las pésimas artes de una banda de indocumentados jugando a juegos de roll.

El PSOE, objetivo de Iglesias, no puede caer en la tentación de aceptar el juego, y contribuir al esperpento. La fortaleza socialista se fundamenta en la seriedad durante los últimos cuarenta años y no en las yincanas y carreras de sacos que organiza Iglesias animando a que todos sigan su juego.

 

Hiere el razonamiento a cualquier mente inteligente, porque la ambición enfermiza de Iglesias es más rústica que aquellos librillos que en la transición explicaban cómo ser revolucionario

 

 

Este planteamiento de Iglesias quiere disociar, una vez más, a votantes y afiliados de sus direcciones y representantes políticos, exponiendo que el PSOE no da el paso para echar al PP y que, por tanto, tiene un pacto tácito con él – la trama – para mantener intacto el ‘turnismo’.

Hiere el razonamiento a cualquier mente inteligente, porque la ambición enfermiza de Iglesias es más rústica que aquellos librillos que en la transición explicaban cómo ser revolucionario. Enamorado de sí mismo por los pasillos de la facultad, se perdió para siempre en un envanecimiento fruto del desprecio con el que le trataron en IU cuando se presentaba en sus sedes a darles lecciones y reclamar puestos en sus listas, y le echaban a patadas.

 

El PSOE debe conseguir dejar en evidencia ante la base electoral del PP que su partido es un nido de corrupción, debe hacerlo mediante instrumentos democráticos y al mismo tiempo debe construir y ofrecer una alternativa sólida, constituida por él mismo y no por la suma de un montón de clubes de amigos

 

 

Los socialistas deben conseguir dejar en evidencia ante la base electoral del PP que su partido es un nido de corrupción, debe hacerlo mediante instrumentos democráticos y al mismo tiempo debe construir y ofrecer una alternativa sólida, constituida por él mismo y no por la suma de un montón de clubes de amigos,  debe ofrecer un cambio seguro, confiable y capaz de sacar a España de la crisis con otras políticas. El PSOE debe ser el PSOE, el reconocible de siempre, capaz de transformar España por la izquierda mientras los folclóricos juegan y juegan incapaces de hacer nada útil.

La lástima es la gente que los sigue, y la lástima también es que el PSOE aún no haya resuelto el insoportable proceso interno poniendo en la dirección a quién pueda actuar con planteamientos serios, y no a un advenedizo que solo aspire a que le dejen entrar en la pandilla, sea como sea.