El apagón de Errejón

 

A Errejón le ha pasado lo que a algunos aparatos electrónicos enganchados a la red eléctrica, que a veces cuando se desenchufan siguen funcionando.  Resulta que tienen vida propia, un motor secundario, una batería vital que los mantiene activos. En las salas de hospital cuando se apagan las maquinas que asisten a los enfermos graves que no tienen funcionalidad por sí mismos, los pacientes fallecen, salvo en algunos casos en los que sorprendentemente continúan latiendo.

A Errejón le había pasado algo parecido, desenchufado de sistema vital del gran aparato que distribuye energía, siguió latiendo sin necesidad del flujo eléctrico que distribuye Pablo Iglesias, sacerdote del gran poder que decide quien habla y quien no en según qué circunstancias. Si es para someterte, sí; si es para tener opinión propia, no. Teníamos un problema y lo hemos resuelto, decía Aznar. Olé.

 

 

A Errejón le había pasado algo parecido, desenchufado de sistema vital del gran aparato que distribuye energía, siguió latiendo sin necesidad del flujo eléctrico que distribuye Pablo Iglesias

 

 

Podemos es una organización vieja y anticuada, nació con alguna apariencia de modernidad, tan ilusionante como engañosa, y con el discurso de un tiempo político nuevo, tan ilusionante como engañoso, pero solo fue un espejismo. Su naturaleza es otra. Es como el personaje del cuento de Scott Fitgerald, que nace viejo y luego va rejuveneciendo, pero sin que esto último ocurra. Nació viejo y envejece más. Es la vieja organización estalinista de los años treinta, capaz de hacer lo peor rodeándose, en algunos casos, de muy buena gente. Pero triturándolos inexorablemente a cada capricho del jefe y decidiendo a su libre albedrío quien va a la radio y quién no, por ejemplo. Para poder hacer eso, Iglesias, como los personajes más siniestros del estalinismo, crea una nebulosa de apariencia democrática.

Honecker decía que tenía un parlamento democrático allí en su Alemania particular, conquistada por el ejército soviético. Cuando estuve en la RDA a principios de los 80 me querían convencer de que en él había un grupo liberal. Pero difícilmente colaba, como lo de Iglesias y la pluralidad.

 

 

Se presentó Irene Montero con todo su poder a exigir el puesto de obligada vacante que había dejado Errejón en una tertulia de la SER

 

 

Irene Montero, que tiene los resabios y las formas de Caridad Mercader, madre dominante de Ramón, a la que describe con extremada claridad Leonardo Padura en su antológica obra sobre el crimen de Trotsky, se presentó con todo su poder a exigir el puesto de obligada vacante que había dejado Errejón en una tertulia de la SER, y no hubo manera de convencerla de que entre las atribuciones del presunto Consejo Ciudadano de Podemos no está, aún, la de configurar los participantes de los programas de los medios que no pertenecen ni a la Tuerka ni al Fort Apache, paradigma democrático de reconocida pluralidad.

Irene Montero, de la que no se puede decir nada sobre sus relaciones personales igual que todos callamos sobre las de Ana Botella, y Pablo Iglesias culminaron así el apagón informativo, el media blackout, de Errejón, porque ya no es portavoz, ni piensa como ellos y por tanto no tiene pensamiento alguno que retransmitir por las ondas sobre nada de lo que pasa. Es la disciplina. Para justificarlo, acorralados en el ridículo, argumentaron que ella era mujer. El acabose. Y luego más: Cebrián veta a Montero. El superacacbose.

Una subalterna de Pedro Sánchez llamaba habitualmente a los programas informativos para exigir que no recogieran declaraciones ni invitaran a las tertulias a Antonio Miguel Carmona, otro que resultó tener vida propia más allá de los pedrazos que le mandaban desde Ferraz, después de desconectar a Tomás Gómez del puesto para el que fue elegido, por motorista, telegrama y cerrajero. Está usted cesado y estas son las nuevas llaves, matarile, rile, rile, que me quedo yo, matarile rilelerón, chimpón.

 

Y ahora sueñan con echar otra carrera, ver quien llega primero y repartirse el negociado al modo Iglesias

 

 

Sánchez e Iglesias ahora hablan bien el uno del otro y sus bases tienden a ver atractivos a ambos. No fueron capaces de quitarnos la lacra del PP de encima porque les podían las ambiciones y los egos, a cada cual lo suyo, y ahora sueñan con echar otra carrera, ver quien llega primero y repartirse el negociado al modo Iglesias. Pero la historia, me temo, será otra.

Por mucho que desconecten a Errejón del aparato, la radio y su propio deseo de ser, o proclame el otro que es más rojo que nadie en el mundo mundial, son tal para cual, solo personajes del pasado que se han desenchufado ellos mismos de la realidad, aunque no lo sepan y sigan latiendo como si estuvieran vivos.

Pero la batería se acaba