La metáfora del corazón y Carme Chacón

Tuvo que fallar el corazón de una socialista cuyo prestigio ha quedado patente definitivamente desde ayer, para que cesase el fuego amigo en el interior del PSOE. La muerte de Carme Chacón, trágica y sorpresiva, ha dibujado un escenario de tregua en el conflicto que sacude a los socialistas. No es de extrañar. Chacón será siempre recordada como una socialista ejemplar que contribuyó a los mejores momentos en la última etapa de la historia del partido fundado por Pablo Iglesias, la que va desde la elección de José Luis Rodriguez Zapatero como secretario general, tras el desierto de Joaquín Almunia, hasta las elecciones de 2011, cuando el declive electoral marcó la agenda de confusión en la que está ahora instalado el centenario partido.

Carmen Chacón recorrió sus responsabilidades por la política con un continuo ejercicio de empatía hacia la militancia y con una facilidad para ganar el afecto del electorado mediante el ejercicio de su capacidad política y su sencillez personal.

Una mujer preparada que puso el papel de su género en la pista de salida para comenzar a romper los techos de cristal que frenan el empuje de las mujeres. Desde la ejecutiva socialista o desde el gobierno, asumiendo responsabilidades de todo tipo y siempre con conocimiento de causa, hizo, con su ejemplo, más por el cambio real en la sociedad que muchos discursos huecos que presumen de ser más puros que nadie.

Primera ministra de Defensa en la historia de España, su trayectoria política comenzó en la responsabilidad local, el verdadero asiento sobre el que se construye el proyecto socialista, y desde ahí hasta el gobierno fue destrozando alambradas con una mezcla de encanto y rigor que dejarían patente su fortaleza para el liderazgo.

 

La muerte de Chacón sirve de recordatorio sobre la imprescindible necesidad de decencia, honestidad, rigor y generosidad que son precisas para liderar un proyecto de izquierda

 

El momento para ejercerlo en toda su plenitud fue en el ya tristemente famoso Congreso de Sevilla, donde el PSOE, roto en dos mitades, hubo de optar entre ella y Rubalcaba, y del que, siendo ganador el exvicepresidente del gobierno, ella salió con un fuerte respaldo. Antes se había cerrado la posibilidad de primarias – ya entonces se hablaba de lo que alguno cree haber descubierto, – y ella había antepuesto  la responsabilidad a su aspiración. Algo que, como es evidente, ya no pasa.

De aquél Congreso salió el PSOE que ahora se descompone en un fuerte conflicto. Y en él ya entraron en escena personajes que ahora resultan ser parte indisociable de la idea de conflicto y de ruptura. Chacón, por el contrario, dio un discreto paso atrás que solo se corrigió para apoyar la candidatura de un Pedro Sánchez que, en cuanto pudo, la empujó a los márgenes de su proyecto personalista.

Ahora, llevados al extremo de la confrontación por aquellos mismos, había decidido apoyar a su amiga Susana Díaz. La muerte de Chacón sirve de recordatorio sobre la imprescindible necesidad de decencia, honestidad, rigor y generosidad que son precisas para liderar un proyecto de izquierda.

El corazón roto de Carme es la metáfora del PSOE. Sin corazón es imposible la vida. Sin corazón es imposible el socialismo. Y Carme era todo corazón.