El tulipán símbolo de riqueza y de crisis

El tulipán llegó a los Países Bajos en la segunda mitad del siglo XVI y se implantó rápidamente, ya que la calidad de las tierras de este país resultó ser tan buena que empezaron a florecer tulipanes como nunca antes se habían visto, con formas, colores y tonalidades fascinantes. Con el tiempo, estas flores se empezaron a coleccionar entre las clases más nobles y, a los pocos meses, el tulipán se convirtió en un verdadero símbolo de riqueza.

La fiebre del tulipán fue tal que se empezaron a realizar lo que ahora conocemos como “contratos de futuro”: los productores prometían entregar tulipanes y los compradores obtenían un derecho de entrega.

El mercado estaba en pleno apogeo. En ocasiones, la gente vendía incluso algunos de sus bienes más preciados con el único objetivo de invertir en tulipanes. Todo eran beneficios. Se vendían mansiones, granjas y campos de cultivo a cambio de un solo bulbo. Incluso se llegaron a vender 99 tulipanes a 90.000 florines (unos 15.000 euros).

Hasta que, de un día para otro, la burbuja estalló. ¿El motivo? Una mala cosecha y la desconfianza de perder las garantías que se habían obtenido. Ello provocó que la gente se quisiera deshacer de los tulipanes a toda costa y el precio de estos, como no podía ser de otra manera, se desplomó. Ya nadie quería invertir en el mercado del tulipán y, lo peor de todo, miles de inversores y ahorradores perdieron todo lo que habían ganado. El país entero se arruinó.

La crisis de los tulipanes marcó un antes y un después en la historia económica mundial, pues muchos de los conceptos que se aplican y estudian hoy en día surgieron a partir de  ella.

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