Sexo y alcohol, las dos caras de la moneda

“Qué nervios, tengo una nueva cita esta tarde, pero bueno en cuanto me haya tomado dos cañitas estaré mucho más tranquila y desinhibida”. Si miramos al frente, vemos como todos hemos usado el alcohol para desinhibirnos, ¿por qué necesitaremos dos cañas para sacar nuestro lado divertido, sexual, loco o poderoso? Si lo tenemos dentro, solo es cuestión de trabajarlo, pero no que sea una sustancia la que nos haga el trabajo, y menos algo que nos perjudique a la salud.

Desde luego un tema escabroso, porque encontraremos personas, o incluso experiencias en nosotros mismos, que nos hagan pensar, que mantener relaciones “colocado” haya sido una de las mayores experiencias que podamos haber vivido. La alarma suena, como alguno se quede pillado, en que el sexo y alcohol, o cualquier droga, van unidos para tener los mejores orgasmos de nuestra vida, va equivocado. Lo que sí va a conseguir es una buena disfunción posiblemente.

La sociedad de ahora se encuentra presa. Parece que no tenemos criterio, y si un colega nos dice que “echó el mejor polvo de su vida” porque iba borracho o porque fumó marihuana, nos van a faltar minutos para hacer lo mismo. ¡¡Fatal! Muchísimo cuidado con entrar en bucle, y sobre todo con ciertas drogas que son muy adictivas. El sexo y las drogas son absolutamente incompatibles. Una buena experiencia, nos puede jugar la vida y la salud, porque vamos a querer repetir.

En este post, me centro sobre todo en el alcohol, lo más fácil de conseguir para todos, y, no somos capaces de saber el daño que puede provocar. Se cree que puede incrementar el funcionamiento sexual. Claro, es un desinhibidor. Nuestro sistema nervioso central cuando estamos borrachos, está colocado también. Nuestro cerebro se adormece y deja trabajar a otras partes más antiguas, en las que encontramos esas respuestas emocionales; desinhibición, excitación, chulería… ¿Curioso eh? Nadie tomándose dos copas pensaría esto, solo notaría “lo cachondo” que está o se está poniendo.

Esa excitación, lleva a que los comportamientos cambien y se pierden conductas, tales como el saber comportarse. Alguno, tira de sus zonas más primitivas y ya no tiene ni vergüenza. Se va “a saco” a por todo, y por encima de todo. Una pérdida absoluta de la dignidad, aparte de estropear el hígado.

En ambos sexos, la intensidad del orgasmo se ve rebajada a más de la mitad, si es que lo consiguen. La sensibilidad, sobre todo en la chica, se ve claramente afectada. Si la relación acaba catastróficamente, ósea, con “gatillazo” en el hombre, se puede sentir herido psicológicamente, y esto es lo que acarrea una disfunción eréctil, y con ella el correspondiente trastorno sexual. Aunque nos parezca “lo más” ir pedo, son muchas las consecuencias que obviamos.

Shakespeare resumía con sabiduría sus efectos: “Provoca el deseo pero frustra la ejecución”.

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