Sentir el corazón roto, si es posible

Malos tiempos para las parejas, o eso parece por lo que veo a mi alrededor. Suele haber épocas en las que las discusiones se acentúan, estamos más estresados, todo nos molesta un poco más, y pueden llegar a provocar lo peor que podría pasar, la ruptura.

Para animaros, pueden pasar dos cosas, quien es vuestra mitad, lo es para siempre, asique volverá. Si por el contrario no lo es, tranquilo, que el dolor se pasa, no vamos a tener la “sensación” de corazón roto “toda la vida.

Después de la ruptura eres una víctima de los efectos físicos y químicos de tu pobre corazón partido, eso está claro y no es una exageración. Y la culpa la tiene tu cerebro

En algunos casos extremos, el estrés que se provoca puede crear una condición cardíaca llamada “cardiomiopatía Takotsubo”, mejor conocida como el “síndrome del corazón roto”, que a veces puede conducir a la muerte. Pero vamos a relajarnos, nada de esto nos va a ocurrir.

Por suerte el cerebro está diseñado para superar situaciones adversas, aunque nos parezca imposible en esos momentos y es el que a base de tiempo hace que nos recuperemos de esa “rotura de corazón”. A parte del dolor físico que sentimos cuando el amor de nuestra vida nos deja, también nos vamos a volver un poco locos, y es que en ese momento hay diferentes sistemas neuronales en conflicto dentro de nuestro cerebro.

Según la ciencia, el amor, es un cóctel de hormonas: la adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina y vasopresina ponen en funcionamiento regiones de tu cerebro dependiendo de las etapas de tu relación.

Cuando nos enamoramos, los niveles de dopamina (hormona relacionada con el enamoramiento, placer y la satisfacción) se elevan. Nuestra vida se transformó en la mejor de todas y lo veíamos todo de color de rosa.

Pero al llegar la ruptura, tú ex, tu fuente de dopamina, se ha ido para siempre y ahora sufrimos un síndrome de abstinencia, similar al que sentiríamos si hubiéramos consumido cocaína y la abandonáramos de golpe.

Ojo con esto, una ruptura amorosa devuelve a tu cerebro a la etapa inicial de tu relación, esa en la que parece más bien una obsesión. Todo te recuerda a esa persona, una foto, lugares donde se solía ir juntos, pensamientos aleatorios; todo eso desencadena la actividad de un tipo específico de neuronas dentro del núcleo caudado y el área tegmental ventral del cerebro.

Estas son las mismas partes del cerebro que se iluminan cuando los científicos someten a una resonancia magnética a personas que se encuentran en esa adorable etapa que solo puedo llamar la etapa de “no puedo pensar en nada más que en ti”, y los hacen ver fotos de sus seres queridos. De hecho, estas mismas partes del cerebro también son las que responden a los efectos de la cocaína y la nicotina. De ahí que cuando estamos enamorados estamos como drogados.

La buena noticia es que en ese proceso, la química de tu cerebro lucha para conducir tu comportamiento, equilibrarte y ponerte en marcha nuevamente.

Como en todo proceso de rehabilitación, debes tener paciencia. Con el tiempo y la distancia, el dolor se irá. Si no confías en tu corazón, confía en la ciencia.

¡¡Animo!!