Vistalegre II: El espíritu del 12 de febrero y el bunker

Disputarle el poder a Pablo Iglesias era una quimera. Más aún desde la voluntad de apuntalar su liderazgo pero torciéndole el rumbo que él mismo se había trazado. Tenía razón Errejón cuando enmarcaba la política de Iglesias en una deriva que se alejaba de la razón fundacional de Podemos. Todos somos testigos de la elocuencia de Iglesias: primero transversalidad, el fin de la dialéctica izquierda-derecha, el fin de las ideologías – a lo Fernández de la Mora -, la nueva política, arriba y abajo y un largo etcétera que cultivó a una opinión pública diezmada por la crisis y los escándalos. Esa misma elocuencia nos enseñó luego otros discursos: la cal viva, el sorpasso como objetivo, la sonrisa del destino frente a la opción de acabar con el gobierno Rajoy, la izquierda, el puño en alto – como Pedro Sánchez – frente a la mano abierta de un tiempo distinto. Y sobre todo, IU: el engullimiento pactado de IU con Alberto Garzón.

La psicología de diván diría que Iglesias estaba haciendo terapia y cuentas con su pasado: había pasado inadvertido por Izquierda Unida y consideraba un Grande España a Julio Anguita, autor de los pactos con Aznar y Pedro J. Ramírez, Garzón – el otro – Cascos y Amedo: la, ya se vio, higiénica regeneración democrática del 96. Y diría bien. El tono del discurso, el lenguaje y los gestos delatan el talante de quién se ve fuerte después de haber sido humillado. Tanto es así, que podría decirse que en realidad es él el que ha engullido a Izquierda Unida al mismo tiempo que a Podemos, engordando su ego como Úrsula, en La Sirenita..

 

La sucia campaña contra Errejón y sus tesis, vistiendo de pro socialismo lo que no era más que defender el proyecto original, anuncia ya la senda elegida para el futuro inmediato y las estrategias políticas para el futuro a largo plazo

 

Íñigo Errejón, fiel a los fundamentos fundacionales de la formación morada, ha asistido impotente a la siega de cuadros, cabezas y puestos por la maquinaria de Iglesias. El retorcido entorno del amo/líder: otro grupo surgido de las entrañas de un Partido Comunista que ha dado la espalda al Partido Comunista y se ha entregado a la fascinación del poder a través de la presencia omnipotente de dos aventajados comisarios: Mayoral y Montero. Errejón, desde esa impotencia solo ha podido reaccionar en un imposible equilibrio frente a un adversario agigantado tanto por su envanecimiento personal – el culto estalinista al líder – como por los intereses de su entorno – camarilla en el lenguaje de los críticos -.

La víctima es Errejón, si se hace una secuencia rigurosa – eso que ahora machaconamente llaman relato -, pero no por su derrota actual sino por la transformación progresiva de su amigo en un mercenario de su propia ambición, rodeado de aduladores e implantando un régimen interno sujeto a la ética y a la estética del peor estalinismo destructivo.

 

Vistalegre se cierra, en fin, después de la parodia de la ‘asamblea ciudadana’, una suerte de discursos y aclamaciones

 

La sucia campaña contra Errejón y sus tesis, vistiendo de pro socialismo lo que no era más que defender el proyecto original, anuncia ya la senda elegida para el futuro inmediato y las estrategias políticas para el futuro a largo plazo, ese en el que sin ninguna duda mientras la alternativa no pase por la presidencia de Pablo Iglesias, Rajoy, ¡sí se puede!, seguirá siendo el presidente, él o su heredero, si el PSOE no recupera su vocación de mayoría, su proyecto de amplias capas de la sociedad y fulmina la era Sánchez, sangrienta pérdida de tiempo.

Vistalegre se cierra, en fin, después de la ‘asamblea ciudadana’, una suerte de discursos y aclamaciones de las ya famosas bases, ascendidas en su función a la categoría de aplaudidores  y un sistema de votación opaco donde los haya, sin interventores, sin control público, sin garantías de revisión de votos, sin impugnaciones, sin ná de ná, sin ninguna de las reglas elementales y básicas de un sistema democrático. Con ese escenario y con esa tropa al mando, lo de Errejón era eso, una quimera.

La gracia de todo, al final siempre hay que ver el lado gracioso de las cosas, está en que precisamente esto sucede el 12 de febrero, y esta nueva etapa de Podemos, como en aquella del Gobierno Arias, será en la que el bunker de Iglesias acabe con cualquier aperturismo, empezando por el de Errejón.