¿Esperando a Susana?

Han surgido, al albur de la posibilidad de que Susana Díaz concurra a la secretaría general del PSOE, toda una tropa de expertos en historia contemporánea andaluza y susanología. Se presentan con credenciales del tipo “yo tengo familia andaluza” (afectados colaterales), “veraneo” (testigos presenciales)  o “tengo casa en un pueblo de Cádiz” (son uno más). Parámetros que al parecer acreditan para espetar en las redes sociales barbaridades como que en Andalucía se niega el ingreso en las UCI -por motivos de ahorro- a ancianos con escasa esperanza de vida, o asegurar con rotundidad que la sanidad andaluza “es peor”. Para poner en duda el nivel cultural de los andaluces, insinuar altas tasas de analfabetismo o asegurar que los que no están en paro pertenecen al partido socialista o son “estómagos agradecidos”. Aseveraciones que suelen ir acompañadas con la sentencia de que “el PSOE ha supuesto la destrucción de Andalucía”. Todo ello aderezado, cómo no, con una buena ración de eres y ladrones por doquier ¡con “la Susi” (o la sultanala gusana y hasta la cortijera andaluza) al frente! Y hay hasta quien arguye que si hay barones “con ella”, son los que pretenden exportar tal satrapía a sus respectivos territorios.

Un cuñadismo trufado de exageraciones y reducciones al absurdo que rayan lo ofensivo y que sólo pueden pretender ofuscar una sana carrera hacia el liderazgo mediante el enfrentamiento agresivo y la zancadilla, buscando el cuerpo a cuerpo en un combate a muerte, que no hay sitio para el adversario tras la batalla final de las primarias.

Los ataques a Susana Díaz

Los ataques a Susana Díaz, cuando vienen de las filas 2.0 del belicoso sancherío, perfilan a una líder ambiciosa, cómplice de corrupción, de espaldas a lo público y con inclinaciones golpistas. Lo cierto es que Susana Díaz sigue siendo la misma a la que hasta hace poco aplaudíamos al unísono por haber sabido liderar con acierto al socialismo andaluz en pleno apogeo de su peor crisis orgánica e institucional, derivada del traumático escándalo de los Ere. Que tomó las riendas del partido y de la Junta tras la dimisión de José Antonio Griñán (en el PSOE sí se asumen responsabilidades políticas) y concurrió a unas elecciones en las que el partido socialista mantuvo el mismo número de diputados -47- a pesar de la entrada en el Parlamento Andaluz de Podemos y de Ciudadanos, cuyos grupos parlamentarios se nutrieron de los 24 diputados que cedieron el Partido Popular e Izquierda Unida. Valga este significativo dato para quienes afirman que la pérdida de asientos en el Congreso se debe al obligado reparto con las fuerzas emergentes.

Sigue siendo la misma presidenta que ha impedido que los recortes presupuestarios infligidos por el Gobierno de Rajoy se ceben en los sectores más desfavorecidos de Andalucía, manteniendo todas las prestaciones de ámbito regional, evitando los copagos, congelando y fraccionando las tasas universitarias, asegurando el sistema de becas y la gratuidad de los libros para los alumnos de primaria, racionalizando el gasto con medidas como las subastas de medicamentos, y garantizando el sostenimiento de los servicios públicos. Con especial cuidado para los afectados por la Ley de Dependencia.


Y es cierto que Andalucía adolece de muchos déficits, sobre todo en lo que al empleo y la productividad se refiere, pero ni los ha provocado Susana Díaz ni han ido a peor desde que ella está al frente del gobierno andaluz. Al contrario.

Susana Díaz preside el Gobierno que ha devuelto a los trabajadores públicos los niveles salariales mermados por decisión del Gobierno central y que ha recuperado derechos laborales cercenados por el Partido Popular, entre ellos la jornada de 35 horas semanales.

Ha afrontado con éxito la mayor situación de distanciamiento entre los usuarios de los servicios públicos y la administración andaluza a la que ha tenido que dar respuesta, y ha sabido satisfacer las reivindicaciones de las plataformas ciudadanas  en defensa de la sanidad pública, poniendo fin a un malestar ciudadano evidente, cuya mayor expresión ha sido el salto al estrellato del médico Jesús Candel Spiriman. El propio héroe ha agradecido  públicamente el papel jugado por Susana Díaz en la resolución del conflicto, elogiado su “actitud de entrega”, y dado por terminada la guerra ente los profesionales sanitarios, los usuarios y la Junta de Andalucía.

20 de los 85 diputados obtenidos por el PSOE en toda España


La misma Susana cuyo modelo de liderazgo y gestión utilizó como ariete Pedro Sánchez para hacerse con las riendas del PSOE. Fue la fuerza del sur la que le sentó en el despacho principal de Ferraz 70. Y la que el pasado 26 de junio aportó 20 de los 85 diputados obtenidos por el PSOE en toda España, frente a los siete aportados por Madrid o los siete de Cataluña. Uno de cada tres frente a uno de cada cinco.

A pesar de todo ello, abierta y belicosamente, sus sargentos y el propio Pedro Sánchez se han lanzado a una frenética campaña que sitúa a Susana Díaz como el enemigo en casa, subalterna del PP y fuera de la izquierda. Que le reprocha haberse sumado a la mayoría que optó por desbloquear la gobernabilidad y preservar al PSOE de una aún mayor pérdida de poder parlamentario, aunque el precio a pagar fuera privar a Sánchez de una segunda, humillante, infantil y fallida sesión de investidura.

Pedro Sánchez ya llevaba en su mochila un intento, que supuso para el PSOE ser el primer partido cuyo candidato es rechazado por el Congreso de los Diputados. Como peaje por subir el primero de marzo del año pasado a la tribuna de oradores como candidato al presidencia del Gobierno, el mismo Pedro Sánchez que hoy reivindica como sagrados compromisos electorales del PSOE nunca escritos (el no es no no figura en ninguna de las 387 páginas del programa), renunció ante Ciudadanos a derogar la Ley Mordaza calificada por Amnistía Internacional como una amenaza para los Derechos Humanos. Renunció también a derogar la Reforma Laboral que expulsó a los trabajadores de la regulación de las relaciones laborales y convirtió la enfermedad en causa de despido. Pedro Sánchez aceptó el contrato único y el vergonzoso complemento salarial con el que el por fin reconocido liberal Albert Rivera pide destinar dinero público para paliar los daños de la explotación laboral. Pedro Sánchez aceptó limitar la subida del SMI a un miserable 1 % (frente al 8 % logrado por el PSOE en estos 100 primeros días de la XII Legislatura) y aceptó borrar del acuerdo de Gobierno con Ciudadanos el compromiso de reducir la tasa de paro a la mitad, las referencias a suprimir los copagos farmacéuticos o las privatizaciones de la gestión sanitaria. Pedro Sánchez estampó la firma del PSOE en un documento que obviaba las principales apuestas del programa electoral con el concurrió al  20D. Además, se mostró incapaz de defenderlo con éxito en el Congreso, y recibió por ello el castigo de los electores en forma de cinco diputados socialistas menos. 

[No deja de tener su aquel que desde la Oposición, el PSOE está cumpliendo bastantes de los compromisos electorales a los que renunció para llevar a Sánchez a La Moncloa y ha sacado adelante iniciativas parlamentarias que benefician a millones de personas.]

No sé a ciencia cierta si Susana Díaz presentará finalmente su candidatura, o si surgirán más aspirantes. Entre la propuesta beligerante de quien ha fracasado y debilitado al partido, y el discurso  de quien ha sabido mantener la fortaleza del PSOE y ponerla frente al Partido Popular, no es necesario preguntar dónde me situaría.