Los Trumpitos

No se trata de llevar una vida contemplativa en modo Cartujo, ni acercarse a la santidad o dejarse llevar por una espiritualidad militante que te aparte del mundanal ruido, pero hágase la luz en cada vida que nos acerque a la serenidad, el diálogo, la conciencia en participar en crear una vida mejor y en poner nuestro granito de arena para hablar de todo sin aumentar decibelios.

Para ello, ahora disponemos de nuevos altavoces que pueden facilitar ese diálogo y poner luz ante tanta oscuridad, pero con la mala libertad con la que se toca el teclado, a la gente le ha dado por gritar con el fin de decir que son ellos y ellas quienes disponen de la bolsa de argumentos de razón más verdadera.

Abro facebook y me doy un paseo por conversaciones de personas que conozco, de gente que me encuentro a mediodía en el bar de la esquina con la caña en la mano, de madres y padres que pasean alegres llevando de la mano a sus hijos, de vecinos y vecinas que saludan amablemente, del tendero de la frutería y de ese maestro de escuela que, cada mañana, se levanta un poco su sombrero para saludar a la hermana de las Carmelitas descalzas y lo que veo son voceros en ataques furibundos contra quienes no piensen como ellos.

Griteríos que dichos cara a cara terminarían como “El Rosario de la Aurora” o en un “Cruz de navajas por una mujer/brillos mortales despuntan al alba/sangres que tiñen de malva/el amanecer”

Ahora está de moda llevar la razón porque sí. No me hace falta el diálogo porque para eso dispongo de un teclado y 140 caracteres para dictar sentencia.

Eso sí, el de la caña en el bar del mediodía, los padres alegres de los niños del parque, los vecinos que saludan amablemente, el tendero y el maestro del sombrero se llevan las manos a la cabeza cuando Trump abre la boca.

Hagan que su teclado sea una fuente de diálogo, de libertad, de conocimiento y humildad, de serenidad y conciencia en el instante presente y no jueguen a seguir siendo los trumpitos de turno.

Y es que, muchas veces, las redes sociales las carga el diablo. Avisados quedan.