Este es un país muy extraño

Sí, este es un país muy extraño

Según se trate, por unos tuits inoportunos o de mal gusto, el Supremo puede meterte un puro de hasta un año de cárcel, caso de César Strawberry, cantante de Def Con Dos; o un fiscal puede pedirte más de dos por un chiste muy desagradable en la misma red social, sobre el asesinato de Carrero Blanco, el penúltimo presidente de gobierno franquista, como le ha sucedido a Cassandra, una joven estudiante murciana de 21 años. No es la primera vez que ocurre algo así de un tiempo para acá. Por cosas similares se han seguido procesos contra el edil madrileño Guillermo Zapata o contra los titiriteros granadinos. Ambos han sido archivados; por cierto, con bastante menos repercusión de la que en su día tuvo la apertura de las correspondientes causas.
Seguro que a los ojos de la justicia, no merecerá el mismo reproche el bochornoso tuit del periodista Antonio Burgos a propósito del que el cantante Miguel Bosé dedicó a la memoria de su sobrina Bimba, tristemente fallecida ayer. No digo que deba tenerlo, que conste. Para nada. En el pecado lleva la penitencia, nunca mejor dicho.
Mucho más preocupante me parece que declaraciones homófobas, alguna xenófoba, y desde luego, muchas otras machistas o equidistantes con la violencia de género, de distintos jerarcas eclesiásticos, jamás hayan merecido la menor atención de la Fiscalía. Cuando hablan desde sus púlpitos, ellos no están soltando un chiste ni representando una obra teatral. Están hablando muy en serio. Ejercen su ministerio. No están bromeando. El humor negro, por muy negro que pueda llegar a ser, no deja de ser humor. A raíz del atentado de Carrero, Tip y Coll dijeron que el almirante había tenido el ascenso más rápido de su carrera. Podrá hacer más o menos gracia, pero no es un delito. De hecho, de aquello hace más de cuarenta años y a nadie se le ocurrió montar un circo. Es lo que tiene la involución.
Hoy hemos asistido al esperpento de que a un señor que regenta un bar de carretera donde se hace descarada apología del franquismo, es decir, de un régimen totalitario y fascista, le han puesto una calle en su pueblo. En Italia, en Portugal, en Alemania, el ensalzamiento del fascismo, del nazismo, está prohibido cuando no penado. Aquí (según qué sitios, eso sí), puede ser incluso premiado.
Fijaos en que la responsabilidad penal por los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha prescribe hoy, cuando se cumplen cuarenta años de esos miserables y cobardes crímenes, a los que sus compañeros de CC.OO y el PCE, representantes de otras fuerzas políticas y la mayor parte de la ciudadanía reaccionó con una admirable entereza pacífica, dando una ejemplar lección de civismo. Puede darse la paradoja de que, si algunos quedan vivos, esos asesinos puedan pasearse hoy tranquilamente por la calle, mientras que a una chica de 21 años pueden mandarla al trullo por un tuit chusco sobre otro asesinato del que hace aún más tiempo, cuarenta y tres años.
Lo dicho, cosas de la involución.
Sí, este es un país muy extraño.