Zentrados, por favor

¿Dónde vas tan deprisa? Que el mundo se ha vuelto loco y que habitamos en una absurda espiral de aceleración del tiempo, ya a nadie se le escapa, pero lo que se nos escapa a todos es que ese tiempo y ese mundo lo hemos ido construyendo nosotros con nuestras propias manitas.

De cada uno de nosotros depende que la vida discurra por los cauces del tiempo en el aquí y ahora o que estemos en la continua danza del ayer que ya no es o del mañana que igual ni llega.

Mindfulness

Pues entre toda esa histeria ha llegado eso que se llama “mindfulness” o atención plena y que, como en su momento el yoga, se anda convirtiendo en una especie de moda de nuevo rico deseoso de aventurillas para crecimiento de egos.

Pero la práctica de la atención plena o mindfulness va más allá de ser un nuevo objeto de consumo, porque de su ejercicio bien encaminado puedes llegar a ejercer la sana costumbre de hacer buen uso de la conciencia del YO para no levantar el dedo en un semáforo si el de atrás te bufa con su claxon, dejar de practicar la incívica moda de gritar con la voz o con el teclado, olvidar que sólo con el puño se solucionan los conflictos o andar por la vida pensando que te vas a quedar para siempre.

Al fin y al cabo, mindfulness es la capacidad que tiene el ser humano para hacer uso de la herramienta de la conciencia, con el fin de poder instalarse en el aquí y ahora y desarrollarse desde el instante presente en todas sus capacidades para disfrutar de la magia y el milagro de vivir.

¿Y si le ponemos una mirada mindfulness o de atención plena a nuestros espacios cotidianos? Practiquemos la sana utopía de observar la vida un poco más zentrados.

Empieza por preguntarte ¿dónde vas tan deprisa? Y a partir de ahí arrancamos.