¿Condición o Educación?

Estábamos sentados en las frías piedras de la escalera que baja de la carretera a la ermita del Santo Cristo, algunos fieles (pocos) se acercaban a la cerrada puerta y, por la enrejada mirilla, susurraban una oración y se marchaban. Podía poner el cura un buzón de sugerencias y otro de peticiones, comenté. El “tío Braulio” me miró con sorna y dijo: “menos cachondeo con las creencias ajenas”, me fulminó, el tenía razón, debería aprender a ser más respetuoso, al menos tanto como lo sean los demás con las mias.
Pensando sobre ello le pregunté su opinión sobre la actualidad política y social española, quería su opinión de hombre bregado en mil vivencias, de persona que no debe nada a nadie más que a su esfuerzo y que, por lo tanto, tendría una opinión sin matices, sombras ni hipotecas.

-Amplia y genérica la preguntita, me dijo, pero te diré mi opinión: A los españoles nos marcan los genes, la mala educación y la envidia, nos han marcado siempre.
Hoy ponemos a caldo a todos los políticos y los acusamos de ladrones, sin excepciones, cuando en realidad admiramos a personajes como José Maria “el Tempranillo”, Luis Candelas o “el Pernales”, todos conocemos a Messi o Cristiano Ronaldo y muy pocos han oido hablar de Severo Ochoa, Juan Ramón Jimenez, o Ramón y Cajal, nuestros premios nobel, no cito a Cela porque lo reciente de su desaparición y su presencia en los medios de comunicación en programas “rosas” lo han hecho más conocido, que no más leido. no digamos ya de Maimónides ,Averroes o Séneca, ilustres filósofos natales de esta pobre piel de toro, o de Trajano, Adriano y Teodosio, tres emperadores que España dió a Roma.
Condenamos, sin paliativos la corrupción de los políticos mientras admiramos al autónomo que vive al lado cobrando su pensión y trabajando “en negro”, es decir, robándonos a todos con su economía sumergida mientras le pagamos un sueldo.No olvides que le paga el Estado y le roba al Estado al no cotizar por su trabajo y no pagar impuestos por no facturar.

Descendemos directamente de los “Rinconete y Cortadillo” que tan bien retrata Cervantes, o de los pícaros personajes que malean a “La Ilustre Fregona”, también de Cervantes y ciudadana de Valdestillas, no por más cercana más conocida.
Cantamos las proezas del bandolero, del matón del loco mientras ignoramos los logros del estudioso, del comprometido. Llamamos tonto al que, pudiendo, no roba y pazguato al que devuelve una cartera, pero eso sin dejar de insultar al que hace lo que nosotros haríamos, robar si puedes y quedarte con la cartera.
Esto es producto, a mi humilde entender, de la envidia ante el triunfo fácil y de la falta de educación en su más amplio sentido.
El triunfo fácil hace famosos a tipos extraños, Belén Esteban es un claro ejemplo de la envidia ante un fenómeno muy Hispano, el triunfo sin esfuerzo, sobre todo sin esfuerzo intelectual. Antes, al menos se admiraba al torero o al boxeador que triunfaba por salir de pobre, pero estos, al menos, se jugaban la vida para conseguirlo, mientras Gaudí moría de pobre en un hospital para menesterosos de Barcelona o muy pocos poetas, escritores, pintores u otros primeros espadas del mundo de la cultura podían vivir de sus obras.
Pero lo envidiamos, el español se ríe del que se esfuerza y nunca consideró trabajo aquello que no sea esfuerzo físico, fíjate en el bar cuando, sobre todo jubilados, presumen de lo que trabajan o han trabajado y se refieren a cómo se sacaron el lomo paro hacer rico a otro. Presumimos de lo que nos explotan, estamos orgullosos de nuestra ignorancia y despreciamos al intelectual, al pensador, al investigador, y lo despreciamos porque ignoramos su trabajo, porque creemos que las cosas vienen solas, que nadie las inventó para nosotros.
Somos, en definitiva, un país donde insultamos al que envidiamos y despreciamos lo que ignoramos y, me temo, que lo seguiremos siendo, esto de reformar la educación tantas veces no es sino una muestra de que no sabemos que hacer con ella, si, además, en vez de imitar a los finlandeses, que tienen la mejor escuela del mundo, nos empeñamos en imitar a los estadounidenses, que han “fabricado”, el pueblo más inculto, por más especialistas que tenga, pues así nos luce el pelo.-
Todavía alucinado, no sé si por la perorata o por el desgrane de sabiduría, me levanté de la escalera (ya me dolían las posaderas) y, saliendo de la sombra de la vieja acacia, no pude decir nada más que: – gracias, “tío Braulio” (no pasa un día sin que la experiencia de este hombre me enseñe algo nuevo), no puedo estar más de acuerdo, se que pasarán generaciones hasta que seamos “un país de hombres libres, iguales e inteligentes”, como defendían los clásicos del socialismo, pero no daremos un solo paso mientras no seamos capaces de consensuar, entre todos, un buen sistema educativo, ahí está el reto.
Comenzamos a caminar en silencio y en la plazuela, frente a la antigua báscula, nos despedimos hasta el día siguiente.

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