De víctimas de una guerra a víctimas de explotación laboral

Podríamos hablar de la disputa por Twitter entre Errejón e Iglesias, o de que hoy acaba el verano, pero no, tristemente la noticia es que, de nuevo, no hay paz en Siria y aunque John Kerry asegure que “el alto el fuego no está muerto” ya hay nuevas víctimas al menos tres niños han fallecido tras estallar en una escuela una mina antipersona colocada por el Daesh.

Estos niños han muerto. Otros, con suerte, consiguen huir. Unos 1.000 refugiados sirios viven en Turquía, lugar en el que muchos niños han pasado de ser víctimas de una guerra, a ser víctimas de explotación laboral.

Niños que trabajan para las fábricas unas 14 horas al día por 6 dólares, según revela el centro ACT, una organización siria de Apoyo Psicológico y Protección Infantil sin ánimo de lucro situada en Reyhanli. Esta ONG con la ayuda de las autoridades turcas tratan de rescatar del actual mercado laboral al mayor número posible de niños sirios. Las empresas prefieren a los niños, sencillamente porque trabajan más horas por menos dinero.

Niños que viven con miedo a morir y que cuando cruzan la frontera se convierten en las víctimas perfectas de explotación.