Eloise, Embrujada… vivas 25 años después

Músico, pintor, escultor y, en definitiva, artista constante, Tino Casal es uno de los referentes más reconocibles de los años ochenta en España, gracias a sus grandes éxitos musicales, a su talento multidisciplinar, a su apertura de miras y a su arrolladora, impactante y barroca imagen. Siempre diferente, sin corsés.

Natural de la pequeñísima localidad asturiana Tudela Veguín, en los alrededores de Oviedo, José Celestino Casal Álvarez desarrolló una gran actividad creativa desde la adolescencia, cuando se enroló en sus primeros grupos musicales, como Los Archiduques, y comenzó a enamorarse de la pintura.

Ese fue el inicio de una incesante actividad artística que le convirtió en icono de una época, pasando a ser leyenda por culpa del trágico accidente de circulación con el que el 22 de septiembre de 1991 acabó su vida a pocos metros del Puente de los Franceses de Madrid. Hace este jueves 25 años.

CHAMPÚ DE HUEVO (1981)

Tras un tiempo en Londres, regresó a finales de los setenta para probar suerte como solista melódico, llegando a participar en el Festival de Benidorm. Pero por ahí no estaba su camino y volvió a la pintura antes de convertirse en productor de los pioneros del heavy metal patrio Obús.

La discográfica EMI le fichó en 1981, año en el que realmente comenzó su carrera tal y como es recordada, con el disco Neocasal, ya producido por su escudero, el también periodista Julián Ruiz. Así consiguió su primer número 1 con el single Champú de Huevo mientras seguía trabajando con Obús y ejerciendo como mecenas en las primeras películas de Pedro Almodóvar. Tal era su músculo visionario.

EMBRUJADA (1983)

El empuje de su disco de debut y su evidente influencia en sus contemporáneos le llevó a firmar en 1983 el álbum Etiqueta negra, en el que contó ya con el teclista y arreglista Javier Losada, fundamental en sus años de esplendor musical. Ahí estaban singles de éxito como Póker para un perdedor y Embrujada, derrochando melódico y atrayente glam pop, siempre un paso por delante del resto, marcando su propia moda.

PÁNICO EN EL EDÉN (1984)

Solo un año después editó su tercer trabajo, Hielo rojo, fluyendo con naturalidad sobre ese synth pop para ‘new romantics’ que latía fuerte debajo de los teclados. Canciones para el recuerdo de este disco son Bailar hasta morir y Pánico en el Edén, que se convirtió en banda sonora de la Vuelta Ciclista a España de aquel año, multiplicando exponencialmente su popularidad.

ELOISE

Su cuarta entrega, Lágrimas de cocodrilo, contiene quizás su tema más popular, reconocible desde los primeros beats y por su selvática y enigmática interpretación. Eloise, clásico de 1968 cantado por Barry Ryan y compuesto por su hermano gemelo Paul Ryan, trepó hasta el número 1 de las listas y convirtió al álbum en el segundo más vendido en España en 1988, solo superado por el titánico éxito de Mecano y su Descanso dominical.

TAL COMO SOY

Su último disco publicado en vida fue Histeria, integrado principalmente por versiones de clásicos de los setenta, aunque no faltaron composiciones propias como Destino casual. El corte con más resonancia fue Tal como soy, adaptación según los inimitables parámetros de Tino Casal del Killing me softly de Roberta Flack.

Aunque pasó el cambio de década centrado de nuevo en la pintura y en la escultura, disciplinas siempre presentes, el asturiano preparaba su quinto trabajo cuando murió en las cercanías de la M-30 madrileña, según la versión oficial, por no llevar puesto el cinturón de seguridad en su asiento de copiloto. Nos queda su legado, único, como él.