Y además, es negra

Sí, y además es negra; lo dice ella, y ella sabrá lo que dice porque para eso sale en la tele, ¿No? Sometida a una infancia sin infancia, a una adolescencia infame, la que se vive entre la pobreza y la marginalidad, entre un color de piel y otro, entre española y guineana que no es, que es española, así es y ha sido el trance de María José, mujer, joven, guineana de origen – pero española de nacionalidad- y, además, negra, que nos lo recordó Inés Ballester, y no debe ser un decir sino un horror, por lo visto.

Porque, además, María José es negra, sí. De infancia y adolescencias imposibles, de blanco virginal imposible también, pues ella, negra, fue embarazada en un centro de protección de menores, donde había sido internada por ‘desamparo’. Protegida del frío de la calle, y de su madre, nos dicen, y al calor del abuso táctico, sutil, programado en ambiente protector. Negra y preñada, señora Ballester, sí. Y además, negra, sí. Incapaz de ordenar su futuro en un tiempo turbulento y turbio, huyendo a Guinea – allí la mayoría es negra, señora Ballester, donde usted sería, además, blanca, señora Ballester si se empleara en un trabajo que no fuera subvencionado, la sopa boba que alimenta su repugnante desdén- para volver con la esperanza intacta.

María José huyó pero volvió. ¿Qué motivó su vuelta? Quizá esa trágica sensación de que más allá del mar, en Europa, hay más esperanza. Pero se equivocó. Le quitaron el niño. Los servicios sociales. Y se lo dieron a una familia -la que ahora paga el dislate de esta historia ruín, señora Ballester y que usted acompaña con lágrimas de doble rasero muy lejos de Asturias, donde nació el pequeño -. Ella estaba inhabilitada por minoría de edad y era además, negra. Ahora lo recupera. Un atisbo de justicia se deja ver entre las brumas asturianas, frente al destino marcado por los altos picachos, allí, en la suave tierra donde los tribunales han fallado. Los altos picachos, claro está, de los que hablaba, en solemne discurso político, el ovetense Fernández Miranda, en las postrimerías del franquismo, símbolo tan actual de aquella vieja guardia vigilante desde las alturas, tan presente ahora en nuestros actos.

 

La frase de Inés Ballester y además, negra, nos recuerda que también hay racismo

 

¿Siguen los altos picachos dominando el valle? la misma ideología perversa del racismo y del machismo, a partes iguales, sí y en un caso execrable. Negra y alcohólica, maltratada, dicen. Una fina pátina de palabras adecuadas para dejar sensibilizado el corazón contra el derecho de la madre real a criar a su hijo. Nada, todo falso. Ni siquiera drogadicta, que vende más. Una chica de catorce años, entonces, y con diecinueve recién cumplidos ahora, que quiere a su hijo como quiere a su familia. Porque la tiene. Aunque quizá sean negros, también, señora Ballester.

Asombrados por el peor machismo que supura este caso, descubrimos que, además, la frase de Inés Ballester y además, negra, nos recuerda que también hay racismo. Del peor. Del que sale con espontánea naturalidad en un comentario que secunda un trágico razonamiento sobre la fatalidad de la chica y el destino incierto del pequeño: y además, negra, dice la presunta periodista frunciendo el ceño. Así, tal cual.