Soliloquios

Había pasado la canícula, las cosechas de cereal estaban a buen recaudo,las huertas daban sus últimos frutos a fuerza de riego y paciencia, el mes de septiembre comienza anunciando la fiesta grande, los encierros y las verbenas se vislumbran como homenaje a ” La Morenota”, la santa patrona de Portillo, se recuperan devociones y amores que duran lo que la novena y terminan con la procesión del día ocho.

Enfilo mi paseo cotidiano por un camino distinto al habitual, no quiero encontrarme con el “tío Braulio”, necesito la soledad del camino, quiero rumiar mi cabreo sin debates, quiero regodearme en la más profunda frustración sólo, sin testigos ni cómplices, sin apoyos ni rivales.

Mi vocación pedagógica se frustró, y mucho, cuando los coletazos de la dictadura me apartaron de la docencia, cuando me apartaron de la escuela donde ejercía mi magisterio, cuando la intolerancia de los de siempre se encargó de impedir que transmitiera inquietudes a almas jóvenes.

Nunca volví a ejercer, la vida me llevó por otros caminos, intenté transmitir mi idea de vivir en otros medios, la militancia y la responsabilidad en la vida política y sindical me permitieron ejercer esa pedagogía vocacional que me impidió el sistema. Contribuí, cuanto pude, a un periodo de transformación que supuso un radical cambio en España, la democracia, imperfecta pero democracia, se instaló, la sanidad y la educación se universalizaron, se convirtieron en derecho de todos, las pensiones llegaron a todos los hogares, España comenzó a ser pionera en las estadísticas de ONU en calidad de vida, en libertades, en tolerancia; comenzamos a ser un país ejemplar en la práctica de la democracia.

Y fueron felices y comieron perdices podría haber sido el final del cuento, pero no es así, la plutocracia que controla el dinero no podía permitir que la sociedad tuviera un minuto de descanso y, mucho menos, un segundo de felicidad.

Cuando parecía que habíamos conseguido un bonito nivel de desarrollo, de crecimiento tolerable, de felicidad social envidiable, comenzaron a crearnos necesidades mentirosas, a empeñarnos en deudas tolerables pero que te generaban dependencia, a facilitarnos dinero barato que nos permitía salvar la “envidia” al vecino con un crédito que nos permitía tener un auto más nuevo, unos muebles más macizos o un peinado más moderno. La plutocracia supo (siempre lo ha sabido) donde estaba nuestra debilidad para hacerla rentable.

Los especuladores construyeron sin control, corrompieron todo lo que se dejó corromper para generar una oferta muy superior a la demanda, cuando esta realidad los superó (nos superó), el mundo se sumió en una crisis que seguimos pagando.

Los plutócratas generadores de la crisis reclamaron a sus esbirros que les cubrieran las pérdidas y así lo hicieron, los gobernantes al servicio del dinero inyectaron recursos de todos los ciudadanos a aquellos sinvergüenzas que lo habían dilapidado, sumergieron al país en el pago de una nueva hipoteca que se sumaba a las que ya tenían los ciudadanos, ahora tenias que pagar al banco lo que te había prestado y al Estado lo que el banco te había robado.Te han multiplicado la deuda sin pedirte permiso ni preguntarte tu opinión y, pásmate, cuando te la preguntan en unas elecciones la mayoría dice que le parece bien, que está de acuerdo en haber perdido poder adquisitivo con su pensión, que le parece bien ganar un salario menor, que está de acuerdo en perder los derechos conseguidos en Sanidad y Educación, que está encantado en que solo estudien los ricos, que no les molesta que haya niños que no puedan comer si el Estado le cierra la escuela, vamos que les encanta que les roben sus derechos, sus libertades, sus ahorros.

No hablo sólo de España, aunque es lo más cercano, lo que más duele. La plutocracia y sus siervos provocan guerras rentables para ellos y que seguimos sufriendo todos (Oriente Medio), dan golpes de estado, ahora sin militares, que devuelven el poder a quién siempre lo tuvo (en Brasil los acusados de corrupción echan a la presidenta bajo la acusación de corrupción, que ironía!) a la derecha más cavernicola, más reaccionaria. Los medios de comunicación dejan de serlo para convertirse en voceros de los plutócratas dueños de los mismos. La extrema derecha crece ante la estupidez humana que busca un culpable en lo extranjero, en lo distinto, sin querer darse cuenta que el culpable vive a su lado, que no tienen la culpa los explotados sino los explotadores, que el “distinto”, aunque hable otro idioma o le rece a otro dios, es tan pobre y tan explotado como el (sino más) y que su hermano es ese y no el que vive de la sangre de ambos.

Por esto quería pasear solo, por esto quería comerme mi frustración sin oyentes, no intento convencer a nadie, ya no intento hacer pensar al que se niega, solo pretendo entender, y no lo consigo,por qué este mundo está cada vez más estúpido, por qué me parece cada vez más masoquista.

Después de este monólogo en silencio, doy media vuelta y enfilo, desde los pinos, a mi micromundo, donde me siento seguro y feliz, a soñar con mi nieta, a presumir de mis hijos, a compartir la vida (la que quede) con mi compañera, a casa.

Sigo teniendo una tremenda pena, sigo convencido que, a pesar del cansancio, tenemos que seguir luchando.