Rajoy humilla a Rivera y espera la ‘rendición’ de Sánchez

Rajoy no ignora la realidad ni se atrinchera en la parsimonia. No. La leyenda, el mito gracioso, ha tocado techo. Rajoy coloca sus instrumentos y maneja las herramientas con la habilidad que le faculta una larga lista de complicidades. También por eso actúa con aparente veleidad aunque la verdad sea que cada gesto o paso que da – o no da – es fruto de un cálculo preciso.

No es que sea de una inteligencia especial, es que cuenta con los medios para manejar la situación a su antojo. Desde que se celebraron las elecciones ha contado con apoyo suficiente más allá del Congreso para formar gobierno sin ningún tipo de atadura: y mucho menos la de los diputados, que él ya lo tiene arreglado fuera.

Medios de comunicación, políticos lenguaraces – y oportunistas – o personajes cuya influencia es manifiesta, intervienen para dulcificar el dolor inconmensurable de dar apoyo al partido de la corrupción industrializada o de la política económica más cruel – para no andar con eufemismos ni medias tintas -. Sí o sí, debe gobernar el PP fruto del resultado en las urnas.

 

 

 

Rajoy se maneja con comodidad porque nadie le exige nada: todas las miradas apuntan a los demás, para que le hagan el trabajo y sin que él manifieste ninguna voluntad de cambiar su nefasta gestión o de reconducir la corrupción efervescente que intoxica España desde los despachos del PP

 

 

 

De nada sirve que la exigencia para formar gobierno provenga, constitucionalmente hablando, de la mayoría parlamentaria y no de la electoral, asunto de evidencia menor según todos los observadores de este momento crítico.

De nada sirve que el daño evidente a las instituciones hecho por el PP ponga en riesgo la vigencia misma del modelo democrático con el mínimo suficiente de calidad para que sea viable. Lo importante es que haya gobierno. Y Rajoy lo sabe. Y lo espeta, lo repasa y lo exhibe sin contemplaciones.

Ha demorado más de una semana la respuesta a Rivera – el elogiado por González – y cuando se la ha dado lo ha puesto en su sitio: el PP no está para que le vengan con condiciones. ¿Qué condiciones?, si ya está decidido que gobierne el PP, que se asegure la gobernabilidad y que no haya una oposición sólida y firme. Lo que sabe Rajoy es que el paquete va completo: investidura, presupuesto y gobernabilidad.

A ninguno de los voceros se le ha ocurrido obligar, al menos moralmente, a Rajoy a negociar un mínimo razonable para contemplar un mínimo no menos razonable de apoyo parlamentario. No. Entrega pura y dura. Como si la fatalidad solo fuera un trance del destino, una angustiosa disquisición shakesperiana. Y toda la presión sobre Sánchez.

Los golpes modernos contra la pluralidad democrática se dan con sutiles recomendaciones pero de obligado cumplimiento. Y si tienen alguna duda no se pierdan la rueda de prensa de Rajoy: reveladora.

Mal asunto este.