Entre el hastío, el calor, las Olimpiadas, la investidura y la salsa rosa

Hoy cedo el espacio de “Contra la Corriente” a mi gran amigo y editor de Trasversales Luis Miguel Saenz, por dos razones: la primera posiblemente porque el hastío y el calor me hacen difícil ponerme a escribir con la necesaria concentración y la segunda porque mi grado de coincidencia con su reflexión es total y lo bien hecho mejor no enmendarlo.

Sólo me animo a hacer una pequeña divagación que ejemplifica la situación en que estamos. Hace menos de dos años la discusión social y política giraba en torno a temas de un enorme calado: reforma constitucional, proceso constituyente, reforma laboral, recortes, desahucios, bienes y derechos sociales públicos, reforma electoral, lucha contra la corrupción, Cataluña, plurinacionalidad…Este era un país en efervescencia política que empezaba el 2015 como el año del cambio. Hoy al comienzo del verano, después de dos elecciones generales que no han dado Gobierno y unas autonómicas y locales que cambiaron el mapa político del país, el debate ha descendido a los sustratos de la salsa rosa,que si aquel tuit de Pablo Iglesias, que si la desaparición de Pedro Sanchez, que si las vacaciones perpetuas de Rajoy, que Rivera baila la yenka “izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante atrás, un, dos tres…”, y todo eso por un bombardeo incesante mediático para justificar el apoyo al gobierno de Rajoy del cual la izquierda ha mostrado una absoluta incapacidad de salirse.

Pero pasemos la palabra a Luis M. Saenz en su artículo: “Mas allá del hastío: agenda política y giro social”. Trasversales nº 38 Julio 2016. Luismi aborda la situación general con una reflexión sobre el papel de Podemos muy diferente a la que nos llega todos los días.

“ Si las “negociaciones” posteriores al 20D nos hastiaron, las actuales nos hundirían en el más profundo sopor si no fuese porque quienes no vivimos en una fortaleza partidista rodeados de incondicionales sabemos muy bien que todo esto está empezando a agotar las fuerzas sociales acumuladas por el esfuerzo colectivo realizado a partir de la primavera de 2011, facilitando un nuevo periodo de recortes en el que, entre otras cosas, está en gravísimo riesgo el sistema de pensiones, con una posible recesión mundial en el horizonte, de la que sólo podríamos esperar más degradación social. Por ello, debemos resistir la tentación de la somnolencia resignada y persistir en los esfuerzos de construcción cooperativa de un poder social colectivo capaz de mejorar las cosas.

Tras el drama, tras la pérdida de una oportunidad clarísima para echar a Rajoy y mejorar algunas cosas, ha llegado la farsa. Salvo Rajoy, nadie quiere gobernar, y Rajoy, que sí quiere, cree que no tiene que hacer gran cosa para conseguirlo. Si no hay sesión de investidura, podría seguir indefinidamente de presidente en funciones, aplicando su política y sin someterse a control parlamentario; tampoco descarta que finalmente PSOE y Ciudadanos le regalen la presidencia… y, en definitiva, él encantado si hay terceras elecciones, en las que espera aplastar a esa “izquierda” que le tuvo contra las cuerdas pero, que siguiendo sus peores tradiciones, no fue capaz de entenderse para rematarle políticamente cuando estaba grogui. Por eso le ha dicho a Felipe de Borbón algo así como “vale, acepto tu encargo pero ya veré si lo hago”. Aun así, ha tenido la suficiente inteligencia política como para proponer a PSOE y Ciudadanos unos ambiguos contenidos políticos, como si fuese el único interesado en los “problemas del país”.

En lo que se refiere a Sánchez y Rivera, quieren que gobierne Rajoy, pero no saben cómo conseguirlo sin mancharse públicamente demasiado con la corrupción y los desmanes que acompañan al Partido Popular. Así que Sánchez y su equipo no tienen otro discurso que el de instar a Rajoy a negociar con Ciudadanos, con Coalición Canaria, con el PNV y con los independentistas de derechas ex-pujolistas para fraguar una mayoría absoluta, mientras que Rivera insiste en que el PSOE debería abstenerse para que siga gobernando un partido imputado por presunta destrucción de pruebas y desbordado de casos de corrupción en el sentido penal, pero también de lo que mucha gente consideramos corrupción ética legal, como el cobro por el ex-ministro Soria, dimitido tras mentir sobre su relación con los “papeles de Panamá”, de una indemnización de 4664 euros mensuales durante dos años. Por cierto, en 2011 y según su declaración de bienes poseía 598.303,33 euros en cuentas bancarias, una vivienda en Las Palmas y la sexta parte de tres viviendas en El Teide, de unas oficinas en Las Palmas y de tres fincas rústicas por herencia. Y hablamos del partido que ha disminuido las indemnizaciones por despido.

En ese ambiente, ¿hay alguna posibilidad de desahuciar al PP del gobierno por fin de contrato? Quizá, pero muy, muy pequeña. Muy pequeña, porque Sánchez se ha dedicado a cerrarse el paso a sí mismo. Se lo cerró optando en la legislatura anterior por un pacto con Ciudadanos que tenía dos características: a) implicaba la renuncia del PSOE a las propuestas más progresistas de su programa, aceptando un programa volcado hacia Ciudadanos y marcado por el carácter neomachista, neoliberal y neocentralista de ese partido; b) no sólo era el acuerdo que más lejos quedaba de “sumar”, sino que cerraba totalmente las puertas a cualquier otro apoyo (salvo un escaño de Coaliación Canaria). Y ha vuelto a cerrárselo ahora: ¿cómo es posible que los dirigentes del PSOE hayan podido decir que no aceptarían nada de los “independentistas” que no fuese el voto en contra, ni siquiera que se ausentarán de la votación, y a la vez incitar al PP a que negocie la investidura con los ex pujolistas? Y lo cierto es que ahora ya no bastaría convencer al PNV y que los demás nacionalistas vascos y catalanes se abstengan o ausenten, sino que, para superar la suma de escaños de PP y Ciudadanos, Sánchez necesitaría al menos 14 votos favorables (y ninguno en contra) entre los 25 escaños que suman ERC (9), ex-Convergencia (8), PNV (5), Bildu (2) y Coalición Canaria (1). Complicado, más tras abstenerse PSOE y Unid@s Podemos en la votación sobre la concesión de grupo parlamentario a ex-Convergencia.

 

Lo que me parece el principal error actual de Podemos es, precisamente, que no haya volcado ya el 90% de su actuación y de sus intervenciones a esa agenda, la que corresponde a los problemas reales. En ausencia de ese giro, que cada vez urge más -cada día que pasa aumenta el número de personas decepcionadas-, Podemos se ha quedado atrapada en el esperpento de la investidura, pero sin nada que decir al respecto, salvo que no es “nuestro problema”. Eso es suicida, como lo fue la gestión de los resultados del 20D. Y andar con circulares sobre “círculos activos” en vez de “círculos validados” sólo servirá para seguir mareando a unos círculos sumidos en la confusión y que necesitan urgentemente un cambio de eje para empezar un trabajo sistemático, continuado, de largo alcance, en torno a las pensiones y temas similares. Si se hace pronto y bien, podrían ponerse en marcha esos grandes recursos de que se dispone, 71 escaños en el Congreso y 21 en el Senado (incluyendo IU, Compromís y las confluencias), decenas en las asambleas de las comunidades autónomas, centenares en plenos municipales, cinco millones de votantes, cientos de círculos (muy mermados respecto a lo que fueron, sí, pero están)… y, ante todo, nuestras gentes, hayan votado lo que hayan votado, las gentes que han protagonizado importantes luchas o que han padecido los recortes, que necesitan que la quiebra de la ilusión electoral no se convierta en derrota de largo alcance sino en acicate para retomar los procesos de construcción social desde el apoyo mutuo y la cooperación.

 

Esto es lo principal. Y no puede dejarse para después de asimilada la pérdida de cientos de miles de votos en seis meses ni para después de una reorganización en torno a nuevos pactos internos. El problema no es cómo el equipo dirigente de Podemos se hace con el control de unos círculos golpeados por el estupor ante unos resultados que, por otro lado, eran esperables, y por la incertidumbre que crea la evidencia, no explicitada, de que en el corazón mismo del núcleo duro elegido en Vistalegre hay divergencias significativas aunque no explícitas, ya no atribuibles a unos cuantos anticapitalistas o a unos cuantos activistas anticuados que no tendríamos “voluntad de ganar” por preferir una “resistencia testimonial”. El problema, ya claramente visible a finales de enero, es que hemos perdido vínculos con las gentes y la prioridad es restablecerlos, no desde nuestros “relatos” prefabricados, sino desde sus problemas, que son y deben ser nuestros problemas. En ese sentido, creo que se puede aprender mucho de cómo lo están haciendo Podemos en el País vasco y En Comú Podem en Cataluña, cuyos logros no se deben sólo a la acertada postura de Podemos ante la “cuestión nacional”.

 

Y dicho esto, retrocedo unos párrafos para decir que también sería bueno actuar con acierto sobre lo secundario. Podemos no puede seguir de “figurante” en el asunto de la investidura, debe articular una propuesta positiva, poco probable pero no imposible. Hay que intentarlo, porque aunque no cuajase -altamente probable- contribuiría a modificar un clima enrarecido y crear puentes entre quienes, desde opciones de voto diferentes, aspirábamos a echar a Rajoy.

Para poder hacer una propuesta positiva, no atentista, sin esperar a ver si Sánchez quiere llamar por teléfono a Iglesias, creo que hay que partir de que la hipótesis de un gobierno PSOE-Podemos ha perdido toda viabilidad, si es que la tuvo alguna vez. No es improbable, sino imposible. A lo que añado que poco conveniente: al igual que pienso que las coincidencias o cercanías en los compromisos electorales del PSOE y Podemos o Unid@s Podemos eran y son lo suficientemente importantes para algún tipo de acuerdo de investidura, manteniéndose Podemos en la oposición, también pienso que las diferencias estratégicas entre ambos proyectos son de mucho calado y llevarían a un pronto estallido de un cogobierno.

 

Por ello, y reiterando lo dicho en otras ocasiones, creo que Podemos debería lanzar con urgencia una propuesta, una propuesta a Sánchez pero a la vez una propuesta pública: Podemos se comprometería a votar a favor de la investidura de Sánchez, si llega a darse el caso, si éste se compromete a llevar a cabo, con calendario y en plazo dado (un par de años, por ejemplo), un conjunto de medidas de su propio programa, o al menos a intentarlo, dado que hoy por hoy nadie tiene aseguradas mayorías en el Congreso para sus propuestas; en caso de éxito, Podemos quedaría en la oposición, aunque con ánimo de alcanzar acuerdos en torno a proyectos legislativos en los que haya coincidencia. Claro está que, como ya he reconocido, ese acuerdo no es suficiente para lograr una mayoría, y que el PSOE sea capaz de motivar el voto favorable de ERC, ex Convergencia, PNV o Bildu es algo que parece muy difícil dadas las limitaciones que el PSOE se puso a sí mismo aunque ahora pide que el PP se las salte y pacte con los independentistas de derechas.

Por un lado, amigos partidarios de la propuesta de ir a un gobierno de coalición entre PSOE, Unid@s Podemos y Ciudadanos sobre un programa mínimo conjunto me han dicho que eso sería más fácil de conseguir que la abstención de Ciudadanos en la investidura de un Sánchez votado por PSOE y Unid@s Podemos. A eso respondo:

– Creo totalmente imposible que Ciudadanos acepte una coalición de gobierno con Podemos.

– Creo que Podemos no debe aceptar una coalición de gobierno con Ciudadanos. Mi impresión es que desde “la izquierda” no se ha hecho una caracterización adecuada de Ciudadanos, pues está formación no pude catalogarse como de un centro-derecha moderado y más o menos democrático, ya que tiene posiciones reaccionarias extremistas en tres ámbitos vitales para nuestra sociedad: como partido neomachista, neoliberal y neocentralizador que es, ninguna coalición con él permitiría avanzar en cuanto a la cuestión de la igualdad, la cuestión social y la cuestión territorial, que son precisamente, junto a la cuestión europea, los asuntos prioritarios.

– La visión de un programa mínimo no puede ser la de “aquello en que unos partidos pueden ponerse acuerdo”, sino la de “aquellas cosas más urgentes que representen un paso adelante aunque sea limitado”. Por ejemplo, el pacto PSOE-Ciudadanos de la legislatura anterior excluía las propuestas del PSOE contra la violencia de género, lo que no es admisible.

– Estando de acuerdo en que Ciudadanos ve al PP como su aliado natural no deberíamos menospreciar algunos hechos: sus relaciones con el PP son problemáticas, ya que éste le ha dado un zarpazo el 26J y podría continuar ese proceso de recuperación del voto que el 20D pasó de PP a Ciudadanos; Ciudadanos, entre las cuatro grandes candidaturas, ha sido la más perjudicada por el sistema electoral el 26J. Pero Ciudadanos no se va mover si desde PSOE o Podemos no se toma alguna iniciativa sensata y entendible por la población.

Por otro lado, otros amigos me dicen que aunque el PSOE se comprometa a aplicar algunas medidas no habría ninguna garantía de que las cumpla si Podemos no participa del gobierno. En que no hay garantía absoluta tienen razón; en realidad, las “garantías” de cumplimiento de un programa por un gobierno son proporcionales a la capacidad de presión social para obligarle. Al primer empellón de la oligarquía o de los obispos, los dirigentes del PSOE vacilarán, sin duda. Ahora bien, lo que no comparto es que las garantías aumenten si Iglesias es vicepresidente. Eso no es así, unos pocos ministerios, desde un papel subordinado, no dan un poder milagroso. Siendo tan grandes como son las diferencias estratégicas entre Podemos y PSOE, desde muy pronto surgirán diferencias sustanciales, por lo que Podemos se vería ante la disyuntiva de tragar sapos y culebras, lo que disminuiría su influencia social e impediría que contribuya con sus fuerzas a levantar la protesta social (por ejemplo, ante el TTIP), o irse del gobierno al poco tiempo de entrar en él, lo que sólo aumentaría la decepción. De lo que no tengo ninguna duda es que las condiciones para obligar a que se aprueben ciertas medidas de emergencia social o de lucha contra la violencia de género serían mejores bajo un gobierno de Sánchez comprometido públicamente a aplicarlas en plazos dados que bajo un gobierno del PP que no se ha comprometido con ellas y del que gran parte de su electorado tampoco quiere que se apliquen.

Más que de garantías deberíamos hablar de las condiciones que incrementan la capacidad social para exigir el cumplimiento de los compromisos, y creo que un Podemos que hubiera demostrado su capacidad y su voluntad para contribuir sin sectarismo a echar a Rajoy pero que conserve sus manos libres para implicarse en el protesta social mejoraría esas condiciones.

 

Termino con algo ya dicho: creo que este sería el enfoque más adecuado de cara a la cuestión “investidura”, aunque veo muy difícil que cuaje cualquier opción que no lleve a Rajoy a la presidencia. Mantener esa posición mejoraría el estado de ánimo social y la situación de Podemos. Pero, en todo caso, esto ya no es lo principal. Urge el giro de Podemos hacia una agenda política centrada en lo social, en la igualdad, en los vínculos entre los territorios que hoy componen el Estado llamado España y en el proyecto europeo.

Un giro social, no centrado en lo espectacular ni en “significantes vacíos” (no suelen estarlo) sino en el hacer cotidiano con nuestras gentes y movilizando para ello todo lo que Podemos ha conseguido en tan poco tiempo, puesto a disposición de los esfuerzos populares para una vida mejor y más libre.

Desde el 21D la dirección de Podemos está jugando al poker. Toca pasarse al ajedrez, en el que todas las piezas y movimientos están a la vista de todos y en el que las piezas principales son los peones (aunque no lo parezca) y las damas. Un “juego” cuyo objetivo radical es echar abajo a un rey. Cierto que en él siempre queda otro rey en pie, o ambos en tablas. Nada es perfecto, los peones siempre son carne de cañón en las guerras entre reyes, hasta que las convierten en guerras contra sus propios reyes, amos o tribunos. Pero es mucho mejor y mucho más inteligente y democrático que el poker, sobre todo si entendemos que hablo de un ajedrez vivo en el que los movimientos lo decide cada pieza en cooperación con otras. Por descontado, esto es una metáfora política, no una caracterización de los juegos en sí mismos y menos aún de las personas que gustan de uno u otro juego, que pueden ser tan inteligentes y tan demócratas, o tan burdas e intolerantes, unas como otras. “

Dicho esto sólo me queda desearon un buen descanso y recuperar las energías que entre unos y otros nos han gastado, para en otoño, recuperar el protagonismo social del cambio.