Carta abierta de una militante socialista a Felipe González y Zapatero

Quien espere exabruptos e insultos a los ex presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero que deje de leer este artículo porque se va a llevar una decepción.

Si algo hemos aprendido -o debiéramos haber aprendido al menos- de Podemos es que no podemos comportarnos igual que ellos, no podemos denostar hasta el insulto a aquel que piensa distinto y mucho menos lincharlos.

No estoy de acuerdo con sus posturas. Tampoco estoy de acuerdo con el momento de hacerlas públicas y aún menos en el cómo lo hacen. Y como yo, seguro que somos legión los militantes que no compartimos sus opiniones y que consideramos de torpeza a niveles de oro olímpico manifestaciones en cualquier sentido distinto al que mantiene el PSOE siguiendo el mandato del Comité Federal que es su máximo órgano de decisión. El mismo Comité Federal que arropó a Zapatero en sus éxitos y en algunas decisiones son sumieron en esta travesía del desierto por la que seguimos caminando.

De hecho, el famoso artículo 135 de la Constitución y algunas cosas más que se hicieron “por el bien del Estado” se han vuelto contra la ciudadanía como un sopapo de quienes tienen su patria en Suiza o Panamá demostrando que es imposible demostrar honestidad con un PP que se ha demostrado carente de ella.

No es no. Pero no es un no pueril, no es un no de llevarse el Scarttegories, no es un no táctico y ni siquiera es un no visceral. Es un no de coherencia y congruencia, de devolver a la política el valor de la promesa, de la palabra dada, de no frustrar expectativas y, sobre todo, de principios.

En la España del Sálvame lo de la defensa de los principios parece la lucha por una especie en extinción -en el peor de los casos a alguien le parecerá el nombre de una marca pañuelitos de papel por el uso que hacen de ellos- y, sin embargo, es la travesía necesaria para recuperar la confianza en la política y, sobre todo en los políticos.

Pedro Sánchez dice que es un político que dice lo que hace y, en un país acostumbrado al trilerismo del PP y a una nueva política que es la ilusión mágica de un truco tope de mago nobel y engreído, cuesta comprender que haya quien mantenga su palabra. Yo me alegro.

El PSOE prometió que no se pactaría con el PP ni por acción ni por omisión y eso está haciendo. Y lo hace en un tiempo en el que la palabra dada a los votantes, simpatizantes y a los militantes -sobre todo a esos militantes de base que se parten la cara por este partido, debiera ser mucho más firme que cualquier contrato.

Pero, además, quien fue el partido más votado el pasado 26 de junio fue el PP -lo de ganar las elecciones, a la vista de la imposibilidad de Rajoy de pactar con algo más que no sea la cita con su peluquero, le quedó muy lejos- y, hoy se encuentra de frente el boomerang que lanzo aquel 20 de diciembre en el que denostó y menospreció el pacto entre PSOE y Ciudadanos y hoy muere de amor por él.

Rajoy está acostumbrado a que el tiempo no se convierta en su enemigo porque su mayor amiga es la “pachorra”, es decir, la capacidad de no hacer nada mientras la vida y sus acontecimientos siguen girando. Está acostumbrado a tirar piedras, esconder la mano y parecer tonto porque lo inteligente hubiera sido saber que era el cabecilla de una organización que hizo del latrocinio su particular moda de ascender de clase social.

Dice Felipe González que hay que dejar gobernar a Rajoy aunque no se lo merezca por el bien de España y en el mismo sentido José Luis Rodríguez Zapatero pide una reflexión interna del partido.

Este país ha asistido con pavor a la dinamitación del Estado de Bienestar, ha visto cómo la brecha social de la desigualdad nos dejaba en el vagón de cola europeo, una reforma laboral que ha destrozado los derechos de los trabajadores como si un ciclón se tratara, no devuelve a los años 70 en materia educativa con la LOMCE y nos ponía una Ley Mordaza para acallar toda crítica a unas políticas del PP que se aplicaron con el rodillo de la mayoría absoluta parlamentaria pero en la más absoluta soledad social.

Llevamos años viendo a diario casos y más casos de corrupción de un PP que muy probablemente ya estaría ilegalizado en un país serio pero que, en España, cuenta con una defensa numantina que es la peor forma de hacerse cómplices. Llevamos años diciendo que el PP tiene que pasar a la oposición para regenerarse -veo yo mucho más sencillo que la Tierra gire a ritmo de Tango-, de hecho, llevamos años explicando que el PSOE no es lo mismo que el PP, ¿y algunos de nuestros representantes se empeñan en difuminar una línea que la militancia quiere que sea bien nítida?

Algunos tienen un problema serio para distinguir lo que es la pluralidad de la verborrea fácil a los medios de comunicación que juegan con sus palabras como los malabaristas con las pelotas. Da igual la seriedad de la situación si entre unos y otros se empeñan en hacer con sus declaraciones un circo de mal gusto. De hecho, estoy convencida de que a muchos de ellos es Comité Federal les queda enormemente grande porque no respetan ni los principios básicos ni el respeto a los compañeros a quienes deben su elección.

Si el PSOE quiere volver a ser un partido de Gobierno debe, al menos, estar unido y dejar esta lucha de poder cobarde que llevan a cabo quienes no tienen los arrestos suficientes para dar un paso al frente con sus principios por bandera y se dedican al innoble arte del desgaste, aunque para ello deban acabar con la estructura de esta casa socialista que nos debiera cobijar a todos. Habrá Congreso Federal como llegan los lunes después de los domingos y será el tiempo de ver a los valientes y a los que no lo son.

Es agotador ver este espectáculo que cumple con la máxima de que lo poco gusta y lo mucho cansa porque el empacho de palabrería es más que sobresaliente.

¡Callad un poco ya!

De Corcuera, Leguina y demás ni hablo. ¡Para qué!