Carta abierta de una militante socialista atónita, compañeros.

Es España. Es lo que pensé ayer cuando se acabó la función de elección de la Presidenta del Congreso de los Diputados. Esa que se negó a someterse al control de la Cámara porque estaba en funciones.

Y es que la política en España se ha convertido en la función de teatro más longeva que se recuerda. No hay día en que no se escenifique un nuevo Burlesque en un momento en que la aritmética parlamentaria y la falta de ética y deontología periodística en la mayoría de medios de este país ha decidido que las luces de neones deben centrarse en el PSOE y no es la dramática situación en la que vivían los españoles allá por el 20 de diciembre.

En aquellos momentos, España era el segundo país con mayores tasas de desigualdad de la UE y casi una tercera parte de los niños y niñas estaban en el umbral de la pobreza sin poder llevar a cabo una alimentación adecuada ya que sus familias no tienen capacidad económica para adquirir productos frescos, carne o pescado. El 20 de diciembre, cuando las urnas se abrieron a la voluntad popular, había trabajadores pobres, un exilio juvenil demoledor y un silencio gubernamental ante la violencia machista que asquearía a un vertedero moral. Incluso Venezuela estaba mal.

Pero fue empezar con el “Scrabble de pactos” y que los medios cambiaran todo por poner el foco en el PSOE y hacerle culpable hasta de la muerte de Manolete. Rajoy, sus recortes, su corrupción, su ignonimia, en definitiva, el PP de Rajoy, dejó de ser importante para centrarse en el bochornoso espectáculo en que se convirtió una política llena de “nuevos políticos” con formas más viejas que el mundo.

Y aquí estamos, con la nueva política haciendo fuerte a Rajoy, Anguita mediante. Pablo Iglesias ha servido que no sirve ni para caudillo de los suyos y la amalgama de partidos en que se ha convertido el otrora Podemos sólo ha servido para acabar con IU por la aquiescencia de un Garzón que se ha contagiado de la arrogancia y de las ínfulas de un Iglesias que ha confundido demasiadas veces los manuales de política con las pueriles historias de los hermanos Grimm.

Pero no, no sólo es culpa de los demás. También del PSOE. De un PSOE que lleva tantos años ocupado de sí mismo y de los egos de sus líderes regionales -afortunadamente no de todos- que se olvidó de que sólo desde el Gobierno se cambian las cosas para centrarse en este juego de sillas provocado por aquellos que se dicen socialistas y que están henchidos de ego, pero anoréxicos de principios y de responsabilidad colectiva para con algo más que no sea su propio rancho de poder.

Ayer, cuando vi el resultado de la votación para elegir a la nueva Presidenta del Congreso me acordé mucho del Comité Federal que decidió las políticas de pactos tras el 20 D y ese virus de verborrea fácil que padecieron nuestros lenguaraces barones, que les acercó en torpeza a un pingüino jugando al golf.
No parecía muy inteligente atar de manos y pies a Pedro Sánchez y anunciar a toda alcachofa que no se pactaría ni con PP ni con Podemos ni con los nacionalistas ni con los independentistas porque lo único que se lograba era debilitar la posición del PSOE. Estoy segura que si lo vimos las bases también lo vieron aquellos elegidos para darles voz pero usaron su confianza para seguir con su particular “Juego de Tronos” que pasa, inevitablemente, por poner palos en las ruedas al partido que dicen defender.

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