El amigo americano revista sus tropas

Llegó el amigo americano. El aliado, el socio. Viene de paso, las horas justas para hacer una escala entre la OTAN y Dallas. Del despliegue de tropas en Lituania, Estonia, Letonia y Polonia al despliegue policial en Dallas, pasando por Madrid y Rota. Los asuntos americanos tienen mucho que ver con el gatillo, con las armas, con las guerras. Hay guerras de muchos tipos: guerras civiles, guerras de religión, guerras entre países. Las guerras son, además, cosa de los negocios. Estados Unidos se levantó, además de por el New Deal, gracias a una guerra después de la crisis del 29. Europa se vino abajo por el odio de una guerra que empezó, precisamente, en Polonia, aunque el primer campo de batalla estuviera en España, a donde ha llegado Obama, el presidente de los Estados Unidos, para pasar unas horas y visitar a sus tropas en las bases.

El amigo americano de la ficción pasaba de largo. El amigo americano de la realidad se queda corto. Se va en un pispás. Lo justo para cumplir con sus obligaciones. No se confundan, estas no son cuidar de su alianza con España, sino compartir un encuentro con sus soldados. De paso, saludos protocolarios, pero en la base de Torrejón, a majestades, presidentes interinos y vicepresidenta, ya acostumbrada a destacar y llamar la atención en las escalerillas de las aeronaves cuando viene alguien importante, como los periodistas repatriados de un secuestro en Siria. En esa ocasión, lució un imponente descaro pret a porter adelantándose a las familias en los abrazos, bajo la lluvia. Esta fiesta la pago yo, debió de pensar. Ahora se luce con un abanico histriónico y un tanto hortera. Las cosas sacadas de su sitio pueden producir espanto.

El amigo americano se irá en horas. Lo siento por Pablo Iglesias, tan ilusionado como el primer día por conseguir una escena del sofá, esta vez con el primer presidente negro. Pero será una breve salutación. Le dará tiempo a hablar de series, tal y como nos tiene acostumbrados este político de altura. Y le regalará algo. Mientras, su amigo Garzón hará el tradicional paripé antigringo, lo digo con mofa no porque denunciar a los Estados Unidos esté mal, sino porque desdoblarse está feo. Ya lo vimos en las elecciones. A la gente normal, no le mola. Pero la gente normal está o en la playa o pensando en ella. Los que no somos normales estamos trabajando, peleando por conseguir un trabajo o subsistiendo con dignidad. Eso de lo que se hablaba antes de que Pablo comenzara a hablar de series y de sí mismo.

Cuando se vaya el amigo americano todo seguirá igual. Habrá que seguir buscando componendas para evitar elecciones, el mal cardiaco que atenaza a algunos. Me extraña que Podemos no pida un referendo para decidir si debe o no haber elecciones. Y que Sánchez aún sobreviva a los infiernos que nacen de las calderas de Ferraz. Del joven Suarez, poco hay que esperar, salvo seguir asistiendo, con palomitas, a su declive de contradicciones. Acabará en Podemos, Rivera. Son de su misma generación, eso es lo importante. No como Obama, ya ven, que se ha hecho viejo en el cargo, volando para visitar a sus tropas y desplegando a nuevos marines fronterizos. Si Rusia no existiera, habría que crearla, pensará algún secretario de su gobierno. Y más o menos es lo que hicieron, entre copa y copa con Yeltsin, después de permitir el golpe contra Gorby.

Aquí ya no hay golpes, salvo los de pecho. Ni siquiera hay presidente del gobierno al que darle un golpe. Aquí tenemos a Mariano, un jefe provincial del Movimiento afincado en el Pardo de la Moncloa, sin más aspiraciones que conseguir que la Vuelta Ciclista pase por su pueblo. Hará como Iglesias, le hablará de lo suyo a Obama: ¿Cuántas medallas conseguirá Estados Unidos en Río? Le dirá el del puro. Por más que hace sus números no le cuadran las cuentas. Los demás, mientras tanto, suman y restan escaños. Es lo que hay.

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